«Yo sé hacer cosas que no sé hacer», repite Oriol Pla, retorcido sobre sí mismo, mientras pide perdón al comienzo de ‘Gula‘ a los alumnos de la Resad, a los acróbatas, a los cantantes, a los bailarines de danza contemporánea, a los … animales, a los mimos…, porque va a usurpar el escenario haciendo cosas que no sabe hacer. Pero no es verdad. Oriol Pla lo sabe hacer todo y todo bien, y ‘Gula’ demuestra que es un actor y un payaso descomunaldotado de una técnica, de una visceralidad, de una profundidad y una inteligencia excepcionales.
‘Gula’ es, en primer lugar, un ejercicio de interpretación de una extraordinaria complejidad. El trabajo físico, vocal, gestual, comunicativo, de reacción, de humor, de contención, de concentración…, es verdaderamente impresionante durante las dos horas que dura el espectáculo: un deslumbrante despliegue de recursos que ratifican la categoría del primer actor español que ha logrado un Emmy Internacional (los Oscar de la televisión) a mejor actor por su trabajo en la serie.Yo, adicto‘.
El payaso Oriol Pla es digno descendiente de Quimet Pla y Nuria Solinasus padres, dos reputados payasos con los que aparece en el conmovedor espectáculo ‘Travy‘, creado como ‘Gula’ junto a Pau Matas. Aparece en escena: la frente pintada de rojo y la mirada marcada por un señalado delineado de sus ojos. Se mueve nervioso, con movimientos a veces infantiles, a veces animales; es un niño juguetón o un caballo tirando de un carro que recuerda a los de las películas del Oeste -en el que está Marc Sastrediscreto pero imprescindible acompañante-. Junto a él, una máquina expendedora de alimentos y bebidas. Decide que quiere sacar un donut pero el bollo se ataca (real como la vida misma); golpes en la máquina y aviso al servicio técnico. La conversación -el público no escucha las respuestas de Jesús, el técnico que le atiende- es uno de los momentos más hilarantes e ingeniosos de la función, y desemboca en una feroz caricatura de esa gula, de ese afán devorador de la sociedad que engulle sin parar, sin saborear, y que fija en un donut su principal objetivo de vida cuando, lo repite el payaso, «hay muchas posibilidades».
si que ‘Gula’ es un icebergdonde debajo de un espectáculo divertidísimo se esconde un trabajo de una acidez perturbadora, de una notable inteligencia y profundo compromiso, especialmente en su crítica contra la compulsiva voracidad de la sociedad actual. Hay en él, y se nota en cada segundo, un esforzado afán por moldear una función demoledora y redonda al tiempo a la que es difícil encontrar resquicios por los que encontrar defectos. El público de Madrid se ha rendido ya ante él y ha agotado todas las entradas -estará hasta el 15 de febrero- de esta temporada limitada, que esperemos que no sea la última.
