Hace casi 15 años que Hijos de la Ruinael ahora supergrupo conformado por Natos y Waor y Reciclado Jofrecieron su primer concierto bajo ese nombre en siliconala sala de Moratalaz donde este diario se encuentra con ellos una gélida mañana de enero. Entonces eran apenas tres colegas que hacían rap y que se habían conocido participando en batallas de gallos, esa especie de competiciones musicales callejeras en las que chavales se retan a base de improvisar ‘barras’ (versos) y sacar su mejor. fluir. Su circuito hasta entonces había sido el compuesto por centros sociales, casas okupas y “alguna salilla pocha. Pero esta fue la primera vez que dijimos: ‘Vamos a presentar esto que hemos hecho’, contamos”. ‘Esto’ era el primer volumen de Hijos de la Ruinala entrega correspondiente a 2012 de un proyecto, el de sacar un disco juntos cada cuatro añoscomo las olimpiadas, los mundiales o las elecciones, que estos días está alumbrando su cuarta entrega.
La historia de aquella noche casi fundacional continúa así: sin representante todavía, tres tipos muy jóvenes autoorganizan su primer concierto, no sacan entradas anticipadas y se topan con que se presentan mil personas en una sala donde solo caben 200. El bolo es puro éxtasis tanto para los de dentro como para los que se han quedado fuera coreando las canciones, pero el jaleo que se monta es tal que acaba interviniendo a la policía. Aquel será solo el primer capítulo de la leyenda de un trío que, unido o en sus dos piezas por separado, no ha dejado de escribir otras.
¿Los más recientes? Natos y Waor han sido el primer grupo de rap en llenar un Metropolitano, con 68.000 personas viéndoles en directo el pasado 7 de junio. Reciclado J hacía lo propio un mes antes en el Movistar Arena. Otro: el fin de semana de su lanzamiento, el del 16 de enero, este nuevo álbum de los tres se colocó en el número 6 de los lanzamientos de todo el mundo en Spotify. Las cifras dan vértigo, pero no a ellos. “Es verdad que estamos en un momento dulce, pero siempre hemos tenido los pies en la tierra. Sinceramente, no es que al día siguiente de haber hecho el Metropolitano fuera mucho más feliz que el día anterior”, dice un desmitificador Gonzalo Cidremás conocido como OTAN. El único nacido fuera de los tres (en Buenos Aires) pero hoy por hoy tan madrileño como el resto.
Volviendo a los inicios, a aquellas batallas de gallos en las que se conocieron, Fernando Hisado (Waor) recuerda un Jorge Escorial (Reciclado J) como “el buen chico que cantaba muy bien”. Dice Hisado de Escorial que “sabía hacer cosas cantando que los demás no sabíamos hacer… ¡además de rapear!”. A Gonzalo, con el que coincidió por la misma época, su compañero en Natos y Waor lo veía “como el tío talentoso que consigue mucho con muy poco esfuerzo”. Escorial, por su parte, se acuerda de Waor porque, en un ambiente muy rapero, este iba vestido con una cazadora. bombardeocon cresta y unas pintas evidentes de punky. Además, compartían pasión por el graffiti. Tanto tiempo después, los tres se consideran una familia fuera y dentro de la música. “Es muy bonito habernos conocido hace tantos años, siendo niños o adolescentes, y habernos convertido en hombres adultos, haber recorrido todo este camino, de la mano”, apunta Cidre. El cariño también les permite rebajar los egos para que en este proyecto conjunto se disuelvan los nombres propios. “El ego entre los tres yo diría que no ha existido nunca (…) Lo que queremos todos es lo mejor para el equipo”, dice Fernando, y los tres asienten.
A seis manos
La sintonía personal traspasa al lado profesional: cuando los tres trabajan en sus discos comunes no tienen roles asignados, pero cuentan que son hiperactivos y la máquina no para. un este Hijos de la Ruina vol. 4Jorge llegaba de correr una verdadera maratón de gira y promocional con su última discoteca, san jorgey también después de atravesar un difícil momento personal. “El día que enterramos a mi padre teníamos el primer acampar. Ese día no fui, pero el siguiente sí. En lo que menos pensábamos era en hacer música, pero para mí aquel era un entorno seguro. Allí lloramos juntos”, cuenta. “(Hacer este disco) ha sido muy terapéutico (…) Nos hemos enfrentado a cosas a las que no nos habíamos enfrentado antes. Y no me refiero al sonido, sino a las cosas de las que hablamos”.
Aunque muchos temas de los que asoman en el álbum son los de siempre (la identidad de barrio, los excesos de una vida como las suyas o las cicatrices que deja el amor, por ejemplo), se nota, en efecto, más ganas de hacer balance y de mirar al pasado, con un punto de nostalgia. Los 30 ya se han dejado atrás y la vida empieza a tener perspectiva. es Nada ha cambiado se escucha: “Teníamos metas, hoy contratos por escrito / (…) / Cuando salir del tiesto no era tan bonito (¿te acuerdas?)…”. Y es hijos de la capital: “Venimos de otra época, todo era muy distinto (…) / Empezamos de abajo (…) / No nos dieron el pastel y devoramos a mordiscos…”. Otra vezla que abre el disco, es casi una declaración de “aquí seguimos”: “No estamos de vuelta, estamos de vuelta y media / (…) / Yo ya era rapero cuando ser rapero te cerraba puertas…”. Pero no hay una línea discursiva única. “Es como si te llevamos de viaje por diferentes mundos que son nuestro estado mental en el momento de crear las diferentes canciones. Y eso hace que no sea un disco aburrido”, dice Gonzalo.
Sobre su forma de trabajar, explica Fernando que normalmente cada uno escribe la parte de la letra que le toca cantar, “pero nos echamos cables unos a otros cuando nos la estamos cantando”. Hay veces que empiezan por la instrumental, cuando se encierran durante varios días con productores y músicos para sacar canciones “y pasarlo bien”. La gran mayoría de ideas las comienza Gonzalo, cuentan, y Jorge se encarga más de la producción y de la estructura de las canciones. “Luego, cuando nos dejamos llevar por la locura, Fer es el más sensato y el encargado de encarrilar todo“. Desde siempre, Hijos de la Ruina ha tenido un sonido particular, con más guitarras de lo habitual en su género y abriéndose a diferentes estilos: además del rap de base, en este trabajo hay momentos reguetonerosalgún arrebato punk, electrónica suave y un trallazo ravera y bastante macarra, Pierdo el controlalgo que no habían hecho nunca.
Como todos los anteriores, Hijos de la Ruina vol. 4 Vuelve a ser un disco autoeditado. No son muy amigos de las discográficas ni de la intervención ajena en su trabajo. De “todo ese mundo de los A&Rs, de los jefes de producto, de alguien que me vaya a decir la portada que necesito… Son las multinacionales las que van a mi equipo a pedirle portadas para sus artistas”, dice Jorge orgulloso. “Yo entiendo que es más cómodo que te lo den todo mascado (…) Pero nosotros siempre hemos sido de guisárnoslo y comérnoslo nosotros”, explica Gonzalo. “Nos cuesta delegar y nos gusta estar encima de todas las partes del proceso creativo. Queremos tener un control absoluto y tomar las decisiones de todo.“.
Natos, durante la entrevista. / José Luis Roca
Realismo de barrio
Después de este “año dulce” que mencionaban, no se les ve subidos en una nube. En los tres se percibe una conexión bastante sincera con lo que siempre han sido: tres chavales de barrio, educados por unas familias de clase trabajadora que, como sus amigos de siempre, siguen siendo lo más importante para ellos. “Sabemos que somos una puta excepción” dicen sobre su vida privilegiada frente a la precariedad que todavía sufren muchos de sus amigos. Esa precariedad, que vivieron en sus inicios, ha sido un tema muy presente en su música, pero nunca han querido hablar explícitamente de política. “Sabemos de lo que estamos en contra: del racismo, de las desigualdades… Pero no convertimos nuestras letras en un panfleto político.. Aunque creo que cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe leer entre líneas”, apunta Fer.

Reciclado J. / José Luis Roca
Aunque tampoco hubiera una intención política, de Hijos de la Ruina se ha dicho que contribuiron a abrir el universo del rap en español a un público femenino. Sigue Fernando explicando por qué: “Como Natos y Waor habíamos sacado dos maquetas hablando de vacilar, de salir, de excesos… Parecía que solo sabíamos chulear. Y de repente, cuando nos juntamos, que los tres estábamos pasando por una época sentimental un poco regulera, fuimos honestos y contar cómo nos sentíamos, mostrar que teníamos nuestro corazoncito. Eso nos conectó mucho con las chavalas“. Alguno en el sector les llegó a decir: “A vosotros solo os escuchan chicas”. Ellos se ríen: “Me resulta muy curioso lo machista o acomplejado que tienes que estar para pensar que el criterio de una mujer vale menos que el tuyo”, dice Gonzalo. Pero reconocen que se trataba más de rivalidad y envidias que de otra cosa. “El rap era muy nicho, muy competitivo, muy de poner la zancadilla. Y creo que hablo por los tres, pero nosotros no se la hemos puesto a nadie”, apunta Jorge.

Waor, durante la entrevista. / José Luis Roca
Aunque nunca han sido muy aficionados a los carnes (peleas dialécticas entre raperos), a estos tres hijos de la ruina se les ve bastante en paz con el mundo y alejados de tanganas. Lo cierto es que hoy por hoy pocos les pueden toser. Además, ya no son unos chavales. Jorge tiene 32, Gonzalo 34. Fernando, con 37, es el mayor y el primero que ha llegado a la paternidad. “Tener hijos hace que mi vida sea mucho más ordenada que antes”, explica, y añade que lo agradece mucho. Pero reconoce que la estabilidad también tiene un costo: “Antes todo lo que hacía era salir y descontrolar. Había mucha inspiración ahí“. Ahora la cosa cuesta más. “No lo cambio en absoluto, pero no todo va a ser positivo”, dice con humor. “A la gente no le interesa que yo cuente que llevo al niño al cole, pero si te digo que lo hago en un coche de 500 caballos, también es una forma de vacilar” (risas).
Cumplido con nota el trámite de publicar álbum, conquistadas las listas, ahora toca llevar al directo y seguir llenando recintos enormes. En Madrid ya están agotados sus dos Movistar Arena para el 13 y 14 de marzo, pero la gira empieza antes, el 27 de febrero, en Sevilla, también con todo vendido. Dicen que tienen muchas ganas. “Si ves un vídeo nuestro encima del escenario se nos ve sonriendo, se nos ve disfrutando y se nos ve como tres amigos, con un equipo de más de 30 personas detrás peleando por nuestro sueño”, dice Jorge-Recycled J. “Se nota que no es un trámite”, añade Fernando-Waor, que pone el broche a la conversación en un tono muy rapero: “Joder, es que somos muy buenos en directo. De eso sí que podemos presumir” (risas).
Suscríbete para seguir leyendo
