Pablo López toca ahora en espacios más pequeños para priorizar el silencio y la conexión emocional directa con el público. los dias 28 y 29 de marzo actúa en el Teatro Cervantes dentro de la gira ‘El Niño del Espacio en Concierto’. El malagueño destaca la importancia de mantener su identidad creativa y ser fiel a su esencia, evitando modas pasajeras para que sus canciones perduren en el tiempo. Reconoce que es todo un reto compositor para otros artistas y confiesa que a menudo termina “apropiándose de esas letras” al verso reflejado en ellas. ¿Su motor principal? Proteja el interior de su niño.
Viene en formato íntimo. ¿Sigues pensando que tocar para dos es más complicado que hacerlo para miles?
Sin duda, es una realidad que me persigue y cada día tengo más claro. Cuando hay mil o mil y pico personas, la recepción es diferente; me gusta que se escuche cada respiración y cada nota. Ese silencio abruma muchísimo más que un ‘ruidazo’ grande.
¿No te gustan los espacios grandes?
Creo que uno debe vivir a base de retos y matar sus propios fantasmas.
¿Uno de sus mayores éxitos es que Pablo suena a Pablo?
Me abruma, más que me dijeras si soy guapo. Es lo más bonito que me pueden decir porque mi lucha es intentar no salir del parámetro de la verdad. He sido fiel, de una manera casi suicida, a lo que pasaba por mi cabeza al sacar canciones y discos. Es un riesgo salir con el alma en vilo sin saber si la gente entenderá que soy yo mismo, pero con los años he creado esa manera de decir ‘este soy yo’.
En un mundo de prisas y consumo rápido, su música invita a la reflexión. ¿Es un riesgo?
Es un riesgo, pero tengo la premisa de no dejar de hacer música de verdad porque la música no va a dejar de ser música nunca. Mi filosofía es poder cantar dentro de quince años lo que edito ahora y no sentir vergüenza de una letra o de haber seguido una moda pasajera. En Málaga, por ejemplo, si toco un tema nuevo y luego uno de hace 12 años, te diría que casi no sé cuál de los dos es el nuevo y eso es lo que siempre he buscado.
Entonces, al mirar hacia atrás, ¿se sigue sintiendo orgulloso de sus primeras canciones?
Si. Me obligaron a hacer ese ejercicio hace poco en familia y, con humildad, te digo que estaba muy contento. Me daban ganas de abrazar al Pablo que llegó a Madrid hace trece años. No le pongo ni un ‘pero’ a aquel entonces porque su locura estaba justificada.
Utilizado mucho la figura del “niño” en tus canciones. ¿Es una forma de mantener la inocencia?
Sí, no quiero volverme un gilipollas, hablando literalmente, y sí, asomarme a las ventanas poniéndose de puntillas para ver todo mágico y con colores que, de otro modo, la vista agria de los años me impediría ver. Cuido y mimo a ese niño que llevo dentro. Quiero que todo me resulte mágico, salir al escenario y jugar, seguir sacando al niño que llevo dentro.
Cuido y mimo a ese niño que llevo dentro. Quiero que todo me resulte mágico, salir al escenario y jugar, seguir sacando al niño que llevo dentro.
¿Soñaba ese niño con el éxito que tiene hoy?
Ni de coña. Yo era un niño soñador de corto plazo; me ilusionaba si mi madre o mi abuela me llevaban a hacer algo que me gustara. Nunca pensé en ir a Eurodisney. No sabía que se podía transmitir tanto con el lenguaje ni que, al abrir una puerta, habría tanta gente compartiendo esa imagen conmigo. Es un sueño que un niño normal no alcanza a tener.
¿Cómo lleva la popularidad? ¿Le incomoda?
No me incomoda. Tengo la suerte de participar en un lugar maravilloso como ‘La Voz’ que da mucha visibilidad, pero la gente siempre me habla con respeto, cariño y cercanía. La palabra ‘famoso’ no me gusta, pero sí me gusta que la popularidad venga de las canciones. Puedo ir al supermercado tranquilamente; la gente se acerca con mucho tacto y mi vida personal no parece interesarle a nadie, lo cual es un exitazo.
Compone para otros grandes artistas. ¿Cómo gestiona esa faceta?
A veces me lleva a una locura de ‘cuádruple personalidad’ para ser verdad tanto en lo que escribo para mí como para otros. Cuando me enfado conmigo mismo y no quiero sacar la cabeza del agujero, pienso en quedarme en casa solo escribiendo; es mi vía de escape. Ver una canción mía popularizada y hecha grande por otro es una sensación casi inexplicable.
Ver una canción mía popularizada y hecha grande por otro es una sensación casi inexplicable
¿Siente más miedo al componer ahora que al principio?
Sí, un rotundo sí. Siento que mis canciones anteriores están agazapadas como sombras, riéndose de cada verso nuevo que escribo. Temas como ‘Tu enemigo’ o ‘El Patio’ ya no me pertenecen solo a mí, sino a toda la gente, y esa fuerza que tienen me da pavor cuando intento crear algo nuevo.
¿Qué le resulta más complicado, escribir para usted o para otros?
Componer para otros es mi salvación. A veces escribo para artistas como Malú o Pausini y acabo quedándome las canciones porque me doy cuenta de que estoy hablando de mí mismo. Escribir para otros me ayuda a quitarme los complejos que tengo cuando escribo específicamente para mí.
Cuando el público canta sus canciones al unísono, ¿cómo describiría ese sentimiento en una sola palabra?
Esperanza.
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