Hay películas que parten de una gran idea comercial y otras que nacen de una pérdida. ‘Pecadores’ (‘Pecadores’) pertenece a esta última categoría. Su origen no fue una franquicia ni un encargo de estudio, sino la memoria íntima de un hombre y la música que lo acompañaba. “Mi base fue mi relación con mi tío”, explicó Ryan Coogler en su encuentro con EL TIEMPO en Los Ángeles. “Era un hombre de Misisipi que se mudó a Oakland cuando tenía 20 años… siempre tenía blues sonando”.
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El director recuerda que, tras la muerte de su tío en 2015, buscó consuelo en esas mismas discotecas. “Escuché muchas canciones para sentirme cerca de él. Y, de repente, me encontré haciendo una inmersión profunda en el género”, contó. Fue en ese proceso cuando comprendió la magnitud cultural de lo que tenía entre manos: “Esta música, creada por afroamericanos en los años treinta, se convirtió en cultura pop global, y no había una película que explorara ese concepto”.
De allí surgió la columna vertebral de ‘Pecadores’, la película que llega como la gran favorita a la 98.ª edición de los premios Óscar con 16 nominaciones, una cifra que también la convierte en la cinta con más candidaturas en la historia de estos galardones, que tendrán su gala en el Dolby Theatre este domingo 15 de marzo de 2026, a partir de las 8 pm (hora Colombia).
‘Pecadores’ es una historia ambientada en el Misisipi de la era de las leyes de Jim Crow, una “forma devastadora del apartheid estadounidense”, como la definió Coogler. “Eran aparceros, no podían votar… pero encontraban su humanidad en el blues y en la iglesia”, subrayó. Esa contradicción, opresión estructural y explosión creativa es el terreno fértil donde el cineasta inyecta el horror en la trama.
Michael B. Jordan en su doble papel en ‘Pecadores’. Foto:Warner Bros.
“Había algunas cosas de género que quería hacer y que no había hecho todavía”, confesó. El resultado es una obra que combina drama histórico, musical y vampirismo, no como simple ornamento fantástico, sino como metáfora. Para Coogler, esa música nacida en los campos de algodón “terminó cambiando el mundo”, y la responsabilidad era contarla en “un contexto mítico” que fuera justicia a su impacto.
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Dos formas de sobrevivir
En el centro del relato están Smoke y Stack, gemelos interpretados por Michael B. Jordan y quienes, según el propio actor, fueron el mayor desafío de su carrera. “Son los personajes más difíciles que he interpretado”, afirmó sin titubeos.
La relación creativa entre Jordan y Coogler, que se remonta a varios proyectos anteriores, alcanzó aquí un nuevo nivel de exigencia. “Nuestro proceso creativo evolucionó por nuestra forma abreviada de comunicarnos. Él sabe cuándo empujarme, cuándo sacarme de mi zona de confort”, explicó el actor. Esa confianza fue clave para lanzarse a encarnar dos temperamentos opuestos nacidos del mismo trauma.
“El humo internaliza su trauma de infancia… no habla mucho. Es más estable, más cuidador”, describió Jordan. “Stack sonríe a través de su dolor… habla más alto, intenta abrirse camino con su carisma”. La dualidad no es solo narrativa, es psicológica. Al construirlos, el actor entendió algo más amplio: “Siempre hay dos maneras de hacer algo. Nunca hay una sola forma de lograrlo”.
El cineasta Ryan Coogler, durante el rodaje de ‘Sinners’. Foto:Warner Bros.
Interpretar gemelos implicó un rigor técnico milimétrico, y Jordan detalló que decidió estratégicamente el orden de rodaje. “Intentaba hacer a Stack primero, porque tenía más energía, y luego terminar el día con Smoke”. Para lograr la ilusión de simultaneidad, utilizaron una cámara programable capaz de repetir movimientos con exactitud, y en las escenas de confrontación final entre los hermanos, recurrieron a un sistema de múltiples cámaras para fundir ambas interpretaciones.
puente entre siglos
Pero más allá del dispositivo técnico, hubo una dimensión profundamente personal. Rodar en el sur tuvo un peso histórico que el actor no esquivó. “Cuando estás en esos cañaverales y campos de algodón, donde estuvieron tus ancestros… esta película fue casi una carta de amor a mis bisabuelos”, confesó. Y lanzó una imagen que resume la ambición emocional del proyecto: “Olvidas que tu abuela tuvo 25 años alguna vez, pero los vivió”.
El blues es la columna vertebral del filme. Foto:Warner Bros.
Ese ejercicio de imaginación (restituir juventud, deseo y música a generaciones reducidas por la historia a la opresión) es, en buena medida, el corazón de Pecadores. Para Jordan, contar el nacimiento del blues en ese contexto era imprescindible. “Más aún cuando vivimos un tiempo en el que la historia puede distorsionarse o silenciarse”, dijo.
El actor también defendió la apuesta por la originalidad en una industria saturada de secuelas. “El mundo está listo para más contenido original. Si apuestas por algo personal, la gente va a aparecer”, sostuvo.
Si Jordan encarna la fractura generacional y la herida íntima, Delroy Lindo representa la memoria musical de una comunidad. Su personaje, Delta Slim, es un músico que condensa la tradición del Delta del Misisipi. Para prepararlo, Lindo se sumergió en la historia y en el sonido. “Ryan me envió dos libros… y escuché mucha música. Me empapé de Son House, Muddy Waters, Howlin’ Wolf”, relató el intérprete.
‘Pecadores’ fue un éxito en taquillas. Foto:YouTube
Esa inmersión no fue solo académica. Lindo entendió que la película exigía una conexión viva entre pasado y presente. “No entendía del todo el puente entre la realidad de los años treinta y el aspecto contemporáneo que Ryan quería… ahora lo entiendo”, confesó. En su lectura, la música en Pecadores está “profundamente anclada en el período, pero resuena con audiencias contemporáneas”.
Uno de los momentos más celebrados del filme es su monólogo dentro de un automóvil. Lindo reconoció que no anticipó su impacto. “Tomé lo que estaba frente a mí y trabajé por la verdad de cada momento”, explicó. La escena derivó en una improvisación que dejó al equipo en silencio. Coogler recordó que, pese al calor sofocante ya la complejidad técnica de grabar en un espacio reducido, “todos sabíamos que algo especial estaba pasando”.
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Para el director, esa secuencia resume la esencia de la película. “Es la música y la palabra como acto de afirmación en medio de la adversidad”, comentó.
Y para Lindo, el equilibrio entre fidelidad histórica y resonancia contemporánea es “parte del genio de la presentación musical en esta película”.
Al final, ‘Pecadores’ no se limita a narrar una invasión sobrenatural ni a reconstruir un período histórico. Es, en palabras de Jordan, “una experiencia que aspira a que el espectador salga habiendo reído, llorado, un poco asustado e inspirado emocional, espiritual y creativamente”. Es también, como sugiere Coogler, un acto de memoria: “Pienso que es la constatación de que, en medio de la segregación y el despojo, hubo hombres y mujeres que transformaron el dolor en blues y el blues en cultura universal”, expresó.
En tiempos de ruido y polarización, Pecadores propone volver a escuchar, y eso es lo que exponen Michael B. Jordan. “Escuchar a los ancestros en los campos de algodón, escuchar el eco de una guitarra en unos campos de cosecha, así como escuchar las dos voces, la que internaliza y la que sonríe, que conviven en cada ser humano”, aclama el actor.
Y con 16 nominaciones al Óscar, el récord a la película con más nominaciones en la historia de la Academia, el filme también propone recordar que, a veces, el horror no es más que la sombra proyectada por una historia que aún busca ser contada en toda su verdad.
Mario Amaya – Para El Tiempo – Hollywood, California
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