Ha muerto Gino Paoli, poeta del tiempo infinito, maestro de la canción de autor italiana. Su biografía es apasionante. Tuvo problemas con el alcohol y las drogas, y hasta llegó a dispararse en el pecho; afortunadamente falló en su propósito, y llevó una bala alojada en el corazón (Parade escribió una canción sobre él con ese título). Tuvo una larga, muy larga carrera (desde principios de los 60), muchas discotecas y muchas épocas.
Gino Paoli desembarcó en La Mar de Músicas de Cartagena en 2011 y 2015 -cuando recibió el premio del festival- acompañado de excelentes músicos. Todos maestros, con arreglos inspirados y sutiles acompañamientos. para la voz mórbida y relajada de Paolia la que extrajeron su elixir más denso y exquisito, un regalo de emociones intensas y momentos inolvidables. Fue un privilegio ser testigo del placer que ellos mismos experimentaban tocando juntos canciones de Paoli y famosísimos estándares de jazz.
En el caso de Paoli, no solo fue la belleza o las cualidades de su voz lo que nos enamoró, sino su personal forma de interpretar, de sentir sus canciones. Su repertorio es absolutamente imperecedero. Desde que en 1967 el guitarrista Wes Montgomery hizo una versión de Senza bienel jazz siempre ha estado de alguna manera presente en su música.
Desde hacía tiempo, y merecidamente, Paoli era ya una leyenda por haber compuesto algunas de las canciones más bellas de todos los tiempos (¿qué son si no El cielo en una estrofa, Senza bien, Sapore Di Sale, Vivere Ancoray otras tantas maravillas?). Con su partida, Italia pierde a un cantautor que fue el arquitecto de su memoria sentimental. Su obra es un inventario de la condición humana: En Il cielo in una stanza demostró que las paredes de una habitación desaparecen cuando el amor es verdadero; Sapore di sale es el himno definitivo de los veranos mediterráneos, cargado de una nostalgia que sabe a mar ya tiempo perdido, un canto de vibrante sensualidad sobre la relación entre el músico y una joven actriz llamada Stefania Sandrelli. La canción lo posicionó como el abandonado de un neorromanticismo musical que ha generado en este medio siglo algunas de las más bellas palabras de amor de la canción popular italiana.
¿Y senza bien? ¿Qué se puede decir de esta obra maestra de la canción melódica? Inspirada por Ornella Vanoni, podría ser su propio epitafio. el amor como un bucle interminable, sin tiempo ni medida. Sin fin. Cuando veo la serena y melancólica mirada de un Paoli con el pelo blanco y escucho cómo recita “tu sei un attimo senza fine”, cierra los ojos y siento vértigo por el paso desbocado del tiempo. Es el esplendor de los lejanos instantes de felicidad, que nos hace ser conscientes de lo vivido y, por tanto, aceptar que el pasado jamás volverá.
Ay, el tiempo pasa para todos, y también ha pasado para él, que se convirtió en el humo de un cigarrillo y el parpadeo de una vela en alta poesía. Ha entrado finalmente en esa dimensión que el descrito: lo “senza fine”. “Senza fine, tu trascini la nostra vita, senza un attimo di respiro per sognare…”
Con su voz aterciopelada y un tanto indolente, Gino Paoli rompió los moldes de la música italiana de los 60alejándose de los gritos operísticos para susurrar verdades sobre el deseo, la melancolía y la fugacidad. Vivió como escribió: intensamente, desafiando incluso a la muerte cuando en 1963 aquella bala decidió entrar cerca de su corazón para quedarse allí como recordatorio de su fragilidad. Hoy ese corazón ha dejado de latir, pero no la música.
Se va el hombre de las gafas oscuras y el alma desnudapero nos queda el consuelo de que, mientras alguien ponga uno de sus discotecas, su viaje será, efectivamente, sin fin.
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