el Real Club Pineda de Sevilla vivió una mañana de emoción y memoria en el festival homenaje al recordado rejoneador Rafael Peralta. Con tres cuartos de entrada y el himno nacional interpretado por la banda, la plaza portátil abrió sus puertas a una cita. … marcado por el ambiente familiar y el sentimiento.
El festejo, presidido por Andrés Luque Teruelcon el asesoramiento artístico del maestro Rafael Torres, discurrió con fluidez y criterio. En líneas generales, la corrida de Herederos de Gregorio Garzón Valdenebro estuvo bien presentada para la ocasión y dio juego, con matices distintos en cada novillo pero permitiendo el lucimiento de los accionantes.
Ortega, el compás
Abrio plaza Juan Ortega. Se estiró a la verónica con buen aire y dejó un recibo capotero de gusto. En el quite se recreó por tafalleras, marcando ya el tono de la tarde. Puso banderillas el maestro, incluido un último par al quiebro que en ascendido los tendidos.
El novillo era bueno, aunque justo de fuerza. Ortega lo entendió desde el principio: faena templada, muy torera por ambos pitones, dándole tiempo y cuidándolo. Lo toreó al ralentí, un placer. Pinchazo previo a la estocada y dos orejas.
Firmeza de Borja
Borja Jiménez dejó un recibo capotero lúcido y abandonó por chicuelinas. En la muleta, el novillo acusó falta de fuerza. Muy firme el espartinero, que pudo lucirse más al natural, intentando hacerlo todo despacio pese a la escasa transmisión del animal. Le dio toda la fiesta que pudo. Estocada y dos orejas.
Disposición de Aguado
A Pablo Aguado le correspondió un novillo brusco de salida, bonito de hechuras y feo de cara. Poco lucimiento con el capote: media y delantales. Inició la faena con un cartucho de pescado ante un utrero más fuerte que sus hermanos, pero sin clase.
Lo intenté por ambos pitones, sobre todo al natural, en un toreo de cercanía y buena disposición. Estuvo muy por encima de su oponente. Pinchazo previo a la estocada y dos orejas.
El templo de Manolo Vázquez
Manuel Vázquez recibió a la verónica a un novillo con más presencia. Con la muleta, templado y relajado por ambos pitones, el de San Bernardo le dio sus tiempos y buscó el trazo largo. Faena macerada y bien estructurada. Estocada y dos orejas.
Zulueta, rotundidad
Javier Zulueta escribió un buen recibo a la verónica, sacando al novillo a los medios y cerrando con media. Quitó por delantales. En la muleta dejó una faena torerísima, despacio, con gusto y cadencia.
Javier Zulueta muestra sus trofeos en el festival celebrado en Pineda.
(María Guerra)
Se lució especialmente al natural y dejó muletazos desmayados sobre la diestra ante un novillo completo. Estocada. Dos orejas y rabo, con vuelta al ruedo al novillo.
Rodrigo Molina, alma y afición
El novillero Rodrigo Molina se enfrentó al utrero más cuesta arriba de hechuras, que arrastraba los cuartos traseros. Lo recibió a la verónica y abandonó por tafalleras.
Más que digna actuación ante un oponente que se derrumbó en varias ocasiones. Lo intenté con buen trazo, dejando muy buenas sensaciones, especialmente al natural. Le puso alma y terminó imponiéndose, sacando petróleo de donde parecía no haberlo. Pinchazo previo a la estocada y dos orejas.
Pineda cerró así un festival de triunfo colectivo, de homenaje sincero y de buen juego ganadero. En una mañana que mezcló memoria, torería y compromiso bajo el recuerdo imborrable de Rafael Peralta.
