Soplar la cuchara para enfriar la comida del bebé es un gesto casi automático en muchas familias, pero este hábito puede favorecer el paso de bacterias de la boca del adulto a la del niño, cuyo sistema inmunológico aún está en desarrollo. Por ello, los especialistas recomiendan evitarlo y proponen formas sencillas de enfriar los alimentos sin usar la saliva.
Soplar la papilla o la sopa antes de dársela al bebé se ha asumido durante años como un acto de cuidado: la intención es evitar quemaduras en la boca del niño. Sin embargo, lo que parece una rutina inofensiva tiene una cara oculta relacionada con la higiene, la transmisión de microorganismos y la salud bucal en la primera infancia.
Cada vez que un adulto sopla sobre la comida, expulsa microgotas de saliva que pueden acabar en el plato o en la cuchara. Esa saliva contiene una gran cantidad de bacterias y otros microorganismos que, en personas sanas, no suelen causar problemas. pero que sí pueden tener un impacto diferente en un bebé, especialmente en los primeros años de vida.
Soplar la comida. Foto:stock
La boca humana alberga múltiples especies bacterianas, entre ellas algunas vinculadas con la aparición de caries. Diversas investigaciones han demostrado que estas bacterias pueden transmitirse de adultos a niños cuando hay contacto entre saliva, alimento y boca: no solo al compartir cubiertos, sino también al soplar muy cerca de la comida que después se ofrece al pequeño.
Un estudio que analizó parejas madre-hijo encontró coincidencias genéticas entre las bacterias presentes en la saliva de ambos, lo que sugiere una transmisión directa en el entorno cotidiano. Aunque la investigación no se centraba exclusivamente en el acto de soplar, sí apuntaba a que ciertos gestos habituales en la crianza facilitan ese traspaso de microorganismos de una generación a otra.
Soplar la comida. Foto:stock
El motivo principal para extremar la precaución es que el sistema inmunológico del bebé aún no está completamente maduro. Sus defensas se van desarrollando con el tiempo, de modo que lo que para un adulto pasa desapercibido puede favorecer caries tempranas o alteraciones en la microbiota oral del niño, con posibles consecuencias a largo plazo.
Además, soplar no siempre resulta tan eficaz como se cree. En muchas ocasiones el gesto se repite varias veces sin lograr una reducción real de la temperatura del alimento. A esto se suma un factor social: en numerosos contextos, soplar la comida se percibe como poco higiénico, por lo que evitarlo en casa también ayuda a que los niños no interioricen este comportamiento como algo normal.
Soplar la comida. Foto:stock
Los especialistas insisten en que es más sencillo instaurar desde el principio hábitos de alimentación higiénicos que tratar de corregirlos más adelante. Los niños aprenden por observación e imitación: lo que ven cada día en la mesa familiar termina formando parte de su propio estilo de comer y de relacionarse con la comida.
Para enfriar la comida sin recurrir a la boca existen alternativas simples y eficaces. Remover bien el puré o la sopa ayuda a repartir el calor; extender la porción en la cuchara o en el plato acelerar el enfriamiento al aumentar la superficie; agregue un poco de agua o leche templada, cuando la receta lo permita, reduzca la temperatura; y, sobre todo, esperar unos segundos antes de ofrecer el bocado sigue siendo la opción más segura.
Algunas familias incluso aprovechan esos instantes de espera para cantar una canción breve o jugar, integrando la pausa en el propio ritual de la comida. Evitar soplar la comida es un cambio pequeño que puede marcar la diferencia: la saliva deja de entrar en la ecuación y, a cambio, se fomenta una forma de alimentación más higiénica y respetuosa con la salud del niño.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
