Obras que se apropian del espacio por su monumentalidad se exhiben en Fundación PROA bajo la curaduría de Francisco Lemus. El orden imposible del mundo reúne un conjunto de trabajos que se despliegan y apoderan de las salas como forma de resistencia: en tiempos de cambio, las grandes piezas de arte se aferran al territorio para permanecer.
Las obras exhibidas forman parte en su mayoría de grandes conjuntos privados que muchas veces, por el tamaño de éstas, quedan en depósitos y pocas veces ven la luz. Entre los acervos más importantes que prestaron obra para esta exhibición figuran las colecciones Balaz, Oxenford y Cherñajovsky.
“Muchas obras de gran formato están en los cajones de las colecciones, son todas las obras que no están en las casas de los coleccionistas, pero que ellos van comprando y nos pareció que es un gran homenaje reconocerles ese gesto de colaboración con los artistas”, sostiene la directora de PROA, Adriana Rosenberg.
Pero detrás de la idea de sacar a la luz obras de depósitos estaba también el pensamiento de Lemus, uno de los curadores más prolíficos de su generación.
“Nuestra idea era pensar cómo el arte también contemporáneo es un laboratorio para pensar la culturapara pensar el mundo y cómo el mundo actual, con tantas transformaciones políticas, sociales, económicas, implica un desafío al momento de generar una estabilidad o generar un orden. Y vimos cómo los artistas de diferentes generaciones, pero activos desde los últimos veinte años aproximadamente, están implicados en generar una poesía, generar una imagen sensible de esas transformaciones o de esa inestabilidad que nos brinda el mundo y nuestra vida cotidiana”, explica el curador.
Las obras se agrupan a lo largo de cuatro salas con pocos hilos conductores en cada una de ellas, una operación dirigida para darle la libertad al visitante a que proponga sus propias clasificaciones. Sin embargo, comparte algunos elementos como las instalaciones de Martín Legón, La fenomenologíay En cualquier momento… (primavera) Delaware Valeska Soares donde el tiempo y el archivo son abordados no como algo pasado e inmutable, sino como un espacio en movimiento que habilita nuevas lecturas del pasado y del presente.
En una segunda sala las obras seleccionadas por Lemus se pueden leer como una ocupación de la vía pública. El espacio se ordena a partir de la instalación de la brasileña. Rivane Neuenschwander A cierta distancia (barreras públicas), inspirada en las barreras urbanas que aparecen en la vía pública ya sea para impedir el paso a una propiedad privada o como protección ante una obra en construcción.
Cada vez que se emplaza la obra adquiere un nuevo diseño modificando el andar de las personas o proponiendo recorridos por los espacios de exhibición. A Neuenschwander la rodea obras de Amalia Pica, Elena Dahn –una obra sin título con la que inició su serie de performances donde el látex se expande y cubre paredes a partir de los movimientos de su cuerpo– y Juane Odriozola.
En tercer lugar, la joya de la corona: PROA trae a La Boca Teatro de la desaparición, el proyecto escultórico que Adrián Villar Rojas exhibió durante un año en el azotea del Museo Met de Nueva York y que hoy es parte de la colección Balanz.
El artista Trabajó un año investigando las colecciones del museo.observando el origen de cada pieza patrimonial y reparando en aquellas que eran de difícil catalogación, tanto que a veces quedaban en el limbo de los inventarios. El Met confió en Villar Rojas y le permitió realizar cálculos de algunas de esas obras para producir esculturas híbridas, mezclando cuerpos, fragmentos, utensilios y piezas de distintas épocas y culturas.
“En la conversación con Adrián, –recordó Lemus– él me señaló fuertemente que el subtexto es cierta crítica institucional a este museo enciclopedista universal. Es por eso que se combinan obras con artefactos culturales de todos los orígenes, donde conviven también lo contemporáneo con el pasado”.
Por último, PROA y Lemus invitaron a Diego Bianchi para curar y diseñar la cuarta y última sala de la exhibición. El artista rompió con la idea de cubo blanco, incorporó paneles con pasadizos, rompió durlocks y hasta por momentos limitó el espacio de circulación. Creó una pequeña exhibición dentro de otra al invitar a distintos artistas a que sus trabajos dialogan con los propios hasta caer en la falsa ilusión de que se trata de obras todas realizadas por el mismo Bianchi.
Aquí la monumentalidad queda atrás y se exhiben objetos y esculturas de pequeño y medio tamaño, hechas con materiales urgentes y cotidianos, algunas con técnicas con casi un siglo de antigüedad, como el collage y el ready made, pero que siguen tan vigentes en la actualidad.
El orden imposible del mundo se puede visitar en Fundación PROA (Av. Don Pedro de Mendoza 1929), de miércoles a domingo, de 12 a 19, hasta marzo de 2026.
