Cuando el entrevistador francés le preguntó si se arrepentía de algo, juan carlos i contestó, sin atisbo de duda alguna: “No”. Además, se encogió de hombros en la respuesta. Es decir, estaba siendo completamente sincero y el juicio moral o de reputación se la trae al pairo. Si un día esbozó un “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir” fue por obligación. Porque el emérito no siente remordimientos por asesinar a un elefante, ponerle los cuernos a su mujer o disfrutar de un safari de lujo mientras su país atravesaba una contundente crisis económica.
Aun así, a pesar de una supuesta conciencia tranquila de alguien que se sabe impune, sus memorias se titulan ‘Reconciliación’. Y en el afán por promocionar dicha publicación en España y seguir recaudando dinerillo para seguir viviendo a cuerpo de rey, Juan Carlos I grabó un vídeo ‘random’. Aunque teóricamente el vídeo iba dirigido a los jóvenes, en tono y contenido difería poco o nada de los soporíferos mensajes navideños de los Borbones. Aparentemente, el emérito buscaba reivindicar su figura en la transición, luego de ser excluido por su propio hijo de las recientes celebraciones con motivo del 50 aniversario de la restauración de la monarquía. Pero a la vez disparaba con bala a Felipe VI al exigir a la ciudadanía —no fue una sugerencia, pues lo pidió dando golpes de látigo en el aire a modo de orden— que “ayudaran a su hijo en este difícil momento”.
Ni oportuno ni necesario
Fuentes de Casa Real comentaron que la ocurrencia del emérito no les parecía “ni oportuna ni necesaria”. Y es que o bien Juan Carlos estaba insinuando que la Corona está en peligro o que su hijo no es lo suficientemente capaz. Ya en la entrevista en la televisión francesa, el emérito mostró incomodidad corporal (le empezó a bailar el pie) cuando le preguntaron si se había sentido rechazado por su heredero. Aunque más llamativo se me antojó el gesto que adoptó cuando explicó que Franco le cogió de la mano antes de morir para suplicarle que, por lo menos, mantuviera la unidad de España. El emérito le enseñó el puño cerrado (fuerza, contundencia, agresividad), en vez de una mano que es tomada por un moribundo.
La puesta en escena escogida en el vídeo también merece un análisis. El Rey ya es un símbolo nacional y, por lo tanto, acompañarse de una gran bandera de fondo (reiteración representativa) solo habla de su inseguridad como líder. Además, que la rojigualda fuera un ‘croma’ solo manifiesta un falso patriotismo. En cuanto al discurso, asegura que ha escrito sus memorias para que la juventud conozca la historia “sin distorsiones”. Sin embargo, entrelaza sus manos y crea una barrera en su pecho (protejo y me aferro a mi propio cuento). Reivindica el papel de la monarquía en estos 50 años porque ha establecido numerosas relaciones (lo enfatizando levantando el pulgar de la mano derecha = orgullo). Pero cuando asegura que esas conexiones han traído múltiples beneficios para los españoles, la mano izquierda se queda en clara desventaja (muy por debajo de sus propios intereses). Añade que “ha habido acontecimientos que han marcado nuestro futuro” y con la mano derecha oculta el dedo índice izquierdo (el de la justicia, el compromiso y el liderazgo). Porque, por lo que sea, su cuerpo sí se avergüenza de algo.
Unos aseguran que el emérito está senil. Otros, que mal asesorado. También están los que apuntan que morirá matando e intenta vengarse de su hijo y su nuera, llevándose por delante también el futuro de su nieta. Y yo solo puedo tararear a Rosalía: “un perla, una de mucho cuidao…”.
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