Los que hemos trabajado alguna vez en una librería sabemos qué traen consigo estas fechas. A los clientes habituales se suman un sinfín de personas con un objetivo bienintencionado: regalar un libro por Navidad.
Los hay que buscan el libro de un famoso, el que ha ganado tal premio o uno que han visto en alguna lista de los mejores del año. Otros eligen en función de lo que se encuentran en la mesa de novedades, el género o la portada. Pero faltan los que necesitan consejo.
Se acercan al mostrador de la librería con algo de timidez o una gran sonrisa y comentan que quieren un libro para regalar. La respuesta habitual del librero es un “¿Sabes qué te gusta leer?” y cuando llega el temido “No” empieza el reto.
Edad, en qué trabaja, series que ve, aficiones… Cada uno tiene sus trucos que pueden llevar a la recomendación rápida. siempre es mejor si son dos o tres opciones para que el cliente sienta que realmente elige el regalo. Aunque hay una pregunta maldita que puede complicar todo: “¿Le gusta leer?”. Si la respuesta es negativa las cosas son sencillas, como diga que sí habrá que esforzarse un poco en buscar una novedad interesante que tal vez no tenga.
Queda pensar que al menos estos excesos navideños ayudan a dar un empujón a un sector que acostumbra a ser deficitario con sus mejores libros y muy rentable con otros de dudosa calidad.
En todo caso, es esencial incluir el ticket de regalo. Después de las Navidades aparecen esos destinatarios descontentos. Llega el momento de hacerse el despistado, como si el dependiente que atiende a los insatisfechos no hubiera recomendado el libro que va a devolver a las estanterías.
