La trascendencia de la desaparición de Rafael Amador se resume en una frase que dijo él en una ocasión, en la que sostenía que la música que hacía junto a su hermano Raimundo en Pata Negra estaba “25 años adelantada a su tiempo”. Lo que decía el músico, fallecido ayer domingo en un hospital de Sevilla a los 65 años, es una reivindicación nada exagerada de lo que supuso esa aventura artística-musical que había iniciado a finales de los setenta con Veneno, la banda de corta vida integrada por los dos hermanos y Kiko Veneno y que publicó solo un álbum (en 1977), de título homónimo y con discreta aceptación en su día. Ahora está considerado un clásico innovador. Y lo que acontecería poco después cuando él y su hermano Raimundo dieron forma, fondo y alma a Pata Negra sería todo un hito en la música popular española.
Su muerte la ha hecho pública su hijo Diego hoy lunes: “Nos deja el maestro de maestros… Hoy los ángeles y Dios cantan de alegría porque viene el maestro, el príncipe gitano, el pata negra, el que creó una fusión… Siempre estarás en mi corazón. Te amo viejo mío”. En el momento del fallecimiento, en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, se encontró “en manos de su hermano” Diego Amador, su hijo Rafael “y muchos seres queridos”. Entre las innumerables muestras de condolencia que han mostrado amigos, familiares, anónimos y compañeros de profesión desde que se conociera su deceso, aparece precisamente la de Kiko Veneno, justo y preciso como siempre: “Adiós Rafaelillo, nunca olvidaremos tu chispa y tu compás, tu alegría y tu simpatía. Tu música rompió fronteras, te llevo siempre en el corazón”.
Rafael, guitarra, cantante y formidable compositor gitano nacido en 1960 en Las Tres Mil Viviendas sevillanas, conoció desde niño el flamenco de raíz y también el de la calle, y se le puede considerar como uno de los creadores de ese terreno sonoro entre el flamenco y el blues, un músico adelantado a su tiempo con la libertad y una luminosa creatividad como faros principales.
Tras la jugosa experiencia con Kiko Veneno, los hermanos Amador se foguean con arte y desparpajo con una serie de variados e ilustres nombres propios como Camarón de la Isla en la mítica. la leyenda del tiempo (1979) o el guitarrista Toti Soler en su formidable Fuego solitariohasta que dan forma a Pata Negra publicando en 1981 el álbum de estreno y de igual título. Es a raíz de su experiencia junto a Camarón, donde Rafael Amador se planteó la fusión del cante jondo con estilos y sonoridades actuales, algo que se materializa en Pata Negra de una forma expansiva, maridando el flamenco con el blues y la guitarra eléctrica: es entonces cuando acuñan el término bluesleriacon el que siguió revolucionando el flamenco y la música popular, abriendo fronteras y acercando nuevos públicos ya que sumaban lo adictivo con un elevado listón cualitativo.
Un dato significativo en la singladura patanegrera es que todos los temas los componían ellos dos, lo que redundaba en una libertad absoluta en este aspecto, y el muy destacable papel en este apartado de Rafael, autor de algunas de las piezas más representativas de la banda dada su brillante habilidad para maridar el genuino pulso flamenco con el rock y el blues. También se desdobló como cantaor sanguíneo mientras su hermano Raimundo, también de forma natural y sin miedos, hacía suya la guitarra eléctrica. Los resultados y la acogida fueron destacables, tal como certificaron álbumes magníficos y muy disfrutables como roca gitana, guitarras callejeras o el aclamado blues de la fronteraalumbrado en 1987 y con joyas como Camarón, Pasa la vida, Lunatico oh Yo me quedo en Sevilla.
Paradójicamente o no, el éxito de Pata Negra precipitó su disolución ya que los excesos y diversas adicciones tanto de uno como de otro (sobre todo de Rafael, que tardó mucho en desengancharse) llevaron a que Raimundo abandonara el grupo. En ese momento la relación entre ellos era más que tensa. La barcelonesa sala Zeleste acogió los días 16 y 17 de febrero de 1989 los dos últimos conciertos del grupo en su formación original, dos inolvidables veladas (primera parte flamenca, segunda eléctrica) que quedaron inmortalizadas en el indispensable álbum Pata Negra. El Directo.
Mientras Raimundo emprendía una reconocida carrera en solitario, Rafael siguió solo al frente de la razón Pata Negra, y tras dos nuevos discos -el primero, Inspiración y locurade buena factura, pero Como una vara verde de 1994 fue la bajada de telón discográfico- siguió una carrera intermitente, con prolongados silencios, regresos discretos y muy alejados de cualquier foco.
