Las huestes rafaelistas ascendieron al Sant Jordi sin tenerlas todas consigo. ¿Cómo andará de forma el monstruo? La exhibición de voz, recursos, repertorio y oficio de Raphael, 82 años, superó todas las expectativas hasta convertirse en una clase magistral para los que empiezan sobre lo que distingue a los grandes artistas.
Cuando Raphael debutó en Barcelona, allá por los principios de los años sesenta, John Kennedy era el presidente de Estados Unidos y Kubala jugaba en el RCD Espanyol para berrinche del barcelonismo. Si a semejante trayectoria se le restan méritos…, ya me contará.
Ante 6.500 afortunados creyentes en un Sant Jordi con aforo parcial, un Raphael contenido y sobrio en los movimientos se aferró a la potencia de la voz y al repertorio para trascender –¡quien lo hubiera dicho!– barreras y estereotipos.
No, ni está acabado ni se arrastra.
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Escrupulosamente puntual, ocho y media de la noche, de oscuro como siempre, Raphael empujó del repertorio esencial para disipar a las primeras de cambio cualquier duda tras el susto del 17 de diciembre del 2024 en TVE. La salida al escenario fue propia de un faraón ya las primeras de cambio, con la noche y Yo sigo siendo aquel la sensación de que el artista resiste lo que nadie ha resistido en su oficio se adueñó del espacio, garantizando así una gran noche.
La dosificación se convirtió en recurso: menos paseos, ningún espejo roto y una conexión con el público, su público, no tan folklórica y más espiritual, como si todos supieran sin necesidad de palabras que el final del camino se acerca.
La Navidad quedó inaugurada a las 21.40 horas con los acordes de El tamborilero canción que se detesta o te emociona, cosa que sucedió porque quien más quien menos tiene recuerdos con ausencias: el tamborilero y el turrón eran lo que había en otros tiempos.
Fueron veintiséis canciones y solo cien minutos, por debajo de las casi dos horas y media que caracterizaban los conciertos del niño de linares . Aun así, la traca final alegró la noche y las fiestas porque no faltó de n / A : En carne viva , ¿Qué sabe nadie? , Yo soy aquel , escándalo y Como yo te amo cinco piezas que invitan al optimismo de pensar que no ha sido este el último hurra barcelonés del gran Raphael, ese artista desconcertante al que se le podrá despreciar pero jamás negar la personalidad. Así que el disfrute fue doble: por lo escuchado y por lo que queda por cantar. O recuerda.
