Laberíntica y absorbente exposición Rodoreda, un bosque, en el CCCB, pide tiempo. Conviene reservarle sus dos buenas horas o más para irse deteniendo a leer documentos y contemplar bien la obra asociada. Las vitrinas dedicadas a los procesos de escritura de cada una de sus novelas contienen subtramas narrativas casi tan interesantes como las propias novelas. La autora llega a sentir celos de Colometa, el título provisional de La plaza del Diamantede tanto como el manuscrito enamoraba a su editor, Joan Sales. Armand Obiols, en cambio, estaba prendado de La muerte y la primaveray esas dos relaciones paralelas resumen bien dos de las líneas de tensión en la obra de Rodoreda. En esas vitrinas se exponen la famosa carta que Sales escribió a la autora tras pasar la noche en blanco leyendo colometa (Él sugiere titularla Un terrat a Gràcia), en la que se deshace en elogios pero inicia ya la disputa que llevaría a tantas discusiones entre autora y editor, en torno al estilo de lengua catalana que debían hablar los protagonistas. Sales quería un catalán menos fabriano y más menestral para Quimet, Natàlia y los demás. quería viuda yo no víduaquería entero si no enterrar y, por encima de todo, no soportaba globo porque consideraba que la preferencia por la residencia latina era uno de los mayores errores en la inmensa obra de Pompeu Fabra.
¿Y SI LOS MUSEOS PÚBLICOS LOS DIRIGEN CIUDADANOS ELEGIDOS AL AZAR?
Durante siglos, los museos han funcionado gobernados o bien por juntas de donantes y poderosos o bien por los gobernantes de turno, o una mezcla de ambos. Desde hace unos años, algunas instituciones públicas europeas están ensayando un nuevo modelo: crear una junta de consejeros formada por ciudadanos seleccionados de manera más o menos aleatoria. Las tienen ya varios museos históricos de Alemania, Países Bajos y Gran Bretaña, incluida la National Gallery y el Imperial War Museum, que ya desde su mismo nombre es una institución problemática. En el caso de la National Gallery, se enviaron invitaciones a 15.000 hogares británicos, 50 participantes se seleccionaron al azar y de ahí ha surgido un grupo de ciudadanos que participará en reuniones y tendrá algún tipo de voz en el proceso de conservación de un museo centenario. En el museo de arte de Dresde, los 30 ciudadanos seleccionados también por un sistema de lotería que llevan formando parte de la dirección del centro desde 2023 votaron, entre otras cosas, que el museo utilizase “lenguaje sin jerga”, o sea más comprensible, en sus exposiciones.
RATAS COMUNISTAS Y PASTEL DE PLÁTANO
Al cineasta Béla Tarr, fallecido hace unas semanas, le gustaba tanto una sala particular de Bucarest, el Cinema Union Cinemateca, que lo describió así: “Me encanta. Huele a rata comunista”. Puede que ahora se planten inmortalizar para siempre su cita en una placa. A partir de esta anécdota, las redes recordaron otras citas ilustres. El Film Forum de Nueva York promociona el pastel de plátano que venden en su cafetería con una cita, real, de Jacques Derrida: “Amo este pastel de plátano. Revista Time, 2002”. En el 2022, con motivo del 20 aniversario del suceso, incluso hicieron una serie limitada de 100 camisetas. El evento se produjo cuando la sala de cine de autor programó el documental Derrida, de Dick Kirby y Amy Ziering Kofman, y el propio filósofo francés asistió como invitado, quedando, al parecer, prendado de una de las pastas de la cafetería. Pero uno no siempre puede fiarse de lo que ve circulando en redes: también corrió la placa que dice “en este cine Pier Paolo Pasolini vio El Padrino sin pagar la entrada”, apócrifamente adjudicada a un cine de Roma. Que nadie la busque, la placa formó parte de un proyecto artístico de conmemoraciones falsas que llevó a cabo el artista Franco Fossatti en la ciudad de Carrara, apropiadamente titulado Historia falsa.

TANTA ESTRELLA Y TAN POCA SUSTANCIA
Jay Kelly, recientemente estrenada en Netflix, no es la mejor película de Noah Baumbach. Lo tenía todo, incluido a George Clooney, para ser una interesante metarreflexión sobre lo que hay que sacrificar para triunfar en el cine, pero se queda en un ejercicio un tanto tedioso y autoindulgente. El personaje que da título a la película, interpretado por Clooney, es un actor famoso con una estudiada distribución de canas en su multimillonario pelo y un ligero caso de arrepentimiento por no haber sido portado bien con los que le rodean. De lo que sí es testamento la película es del poder de convocatoria del director, que reúne un reparto que da para levantar tres películas. Rodeando a Clooney, en papeles bastante anecdóticos, están Laura Dern, Adam Sandler, Patrick Wilson, Riley Keough, Billy Cudrup, Eva Hewson, Louis Partridge, y Jim Broadbent y Alba Rohrwacher aparecen en la película. Además, Greta Gerwig, esposa del director, tiene algunas escenas como esposa del personaje de Sandler, el atribulado agente de Jay Kelly.
