‘Schéhérazade’ de Rimski-Kórsakov ★★★★✩
Interpretes: Orquesta Simfónica del Vallès. Camille Thomas, violonchelo. Andrés Salado, director
Lugar y fecha: Palau de la Música (24-I-2025)
Alienta constatar el trabajo de un grupo de músicos en un concierto. Compromiso con la música y con el público, que habitualmente llena el Palau en este ciclo. Y no solo ello, también calidad, la versión de Schéherezade Fue muy buena.
El excelso orquestador Nicolai Rimsky-Korsakov alento la gran música francesa de Debussy, Ravel y Falla. Eran tiempos en que los rusos hablaban francés y en París celebraban el Capricho Español de Rimsky como la mejor música español interpretada en la Exposición Universal.
Un muy buen trabajo de esta orquesta; sección de maderas y sus solistas de flauta, oboe, clarinete y maricón; metales también y percusión. Palabras mayores los solos de violonchelo de Romain Boyer y qué decir de la concertino-Shéhérezade, Marta Cardona, con un sonido cálido, expresivo y musical, que en la acertada tensión del final recibió los aplausos del público. La versión en general fue muy buena, pocos matices en la rítmica, aunque eficaz, con buena respuesta de la cuerda que asumió la responsabilidad de su primer violín solista. No digo “concertina” porque parece haber adoptado esta palabra para un objeto inhumano. Hablando de palabras, este ciclo ofrece al espectador el programa de mano que acompaña al concierto, pero debería hablar más de música en lugar de citar fuentes poco confiables.
La sesión se abrió con la pieza. nunca dar arriba de Fazil Say, canto a la paz y la esperanza, inspirado en los atentados de las discotecas francesas. Al lado del brillo orquestal de Rimsky tiene poco que decir. Con un papel dominante y lírico del violoncelo, algunos diálogos homofónicos con la orquesta, un componente rítmico contrastante y un exagerado gesto interpretativo de Thomas, que no condice con la intensidad de lo que toca. Buena violonchelista –como comprobamos luego en el Cant dels ocells – ha sido la dedicataria de esta obra que estrenó y lleva por distintos escenarios. Un apunte sobre programar: hay magníficas partituras condenando la violencia, por ejemplo de Jordi Cervelló, que merecen oírse y el público agradecería. Buen trabajo del director titular Andrés Salado, centrado y musical.
