La vida en los años 60 y 70 estuvo marcado por ritmos más lentos, menos tecnología y mayores exigencias prácticas.. En ese contexto, según un análisis publicado por el diario francés Ouest-France, habría contribuido a forjar un conjunto de capacidades mentales que, de acuerdo con psicólogos, resultan hoy menos habituales entre quienes nacieron después del 2000.
Los expertos explican que, aunque Suele asumirse que el progreso tecnológico fortalece la resiliencia individual.se considera que ciertos avances pueden reducir la tolerancia a la incertidumbre o la capacidad para gestionar los cambios.
Niños nacidos en la época de los 60 y 70. Foto:iStock
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En contraste, crecer en un entorno con menos distracciones digitales y mayores responsabilidades tempranas Habría impulsado el desarrollo de habilidades como la autonomía, la paciencia y la tolerancia al malestar.
Según lo analizado por los expertos, la primera de estas fortalezas es la paciencia ante la incertidumbre. En una época sin inmediata información, los proyectos dependían de la constancia y la planificación, lo que promovía la calma frente a lo imprevisto.
La regulación emocionalla capacidad de experimentar emociones intensas sin que estas dominen el comportamiento, es otro rasgo mencionado. El medio francés cita una investigación de 2025 que relaciona un buen autocontrol en la infancia con bienestar y menores niveles de ansiedad durante la adolescencia.
el contentamiento o la satisfacción con lo que se tiene figura también entre las cualidades descritas. Según lo reseñado, las generaciones que crecieron con menos bienes materiales y expectativas más estables desarrollaron un enfoque centrado en el desapego y la valoración de la estabilidad.
Asimismo, el sentido de responsabilidad y el denominado “locus de control interno” Habrían sido características destacadas. Los expertos dicen que, frente a la tendencia actual a atribuir los resultados a factores externos, muchos de quienes vivieron su infancia en esas décadas aprendieron a confiar en su esfuerzo y disciplina.
La tolerancia al malestar es otra de las habilidades enumeradas. La vida cotidiana implicaba esperas prolongadas, actividades sin estímulos constantes y la necesidad de reparar objetos en vez de reemplazarlos, factores que habrían impulsado la flexibilidad emocional y la resiliencia.
En la lista de ‘habilidades’ únicas de los nacidos en los 60 y 70 también destaca la resolucion practica de problemas. Antes de la digitalización, tareas como orientarse en carretera con mapas o solucionar averías sin asistencia inmediata eran comunes, lo que reforzaba la autonomía y la confianza personal.
La capacidad de posponer la gratificación aparece como un rasgo clave. Según los psicólogos, esta habilidad fomenta el autocontrol y reduce la impulsividad; quienes recuerdan un metaanálisis de 2020 que vincula la autorregulación infantil con mejores resultados académicos y hábitos saludables en la adultez.
Niños nacidos en la época de los 60 y 70. Foto:iStock
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La concentración sostenidaentrenada a través de actividades que requerían atención prolongada, lectura continua, escucha completa de discos o redacción de cartas, también se habría consolidado en estas generaciones, en contraste con la fragmentación asociada a la sobreestimulación digital contemporánea.
Finalmente, se destaca la gestión directa de conflictos. En una época sin mensajería instantánea ni opciones para evitar interlocutores mediante bloqueos, la resolución de desacuerdos cara a cara fortalece las habilidades comunicativas y la interpretación del lenguaje corporal.
Los especialistas citados por el medio francés aclaran que su análisis No pretendo idealizar las décadas de los sesenta y setenta, marcadas también por desigualdades y dificultades.. Sin embargo, subrayan que la fortaleza mental desarrollada entonces respondía a prácticas habituales y experiencias diarias, más que a talentos excepcionales.
Según el medio, la principal enseñanza que pueden transmitir estas generaciones es que el progreso no garantiza una mayor solidez emocional. En ciertos casos, puede reducir la autonomía o la capacidad de gestionar el malestar.
No obstante, estas habilidades no se consideran extinguidas: pueden recuperarse mediante disciplina, voluntad y la decisión de desacelerar el ritmo de vida.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación. Además, contó con la revisión del periodista y un editor.
ALEJANDRA HERNÁNDEZ TORRES
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
EL TIEMPO
