El nombre remite a las ‘gavines’ que flotan en la literatura catalana, de Salvat-Papasseit a la habanera popularizada por Marina Rossell, con un toque de modernidad obsoleta o bajo radar. Gavina.mp3 está aquí para “buscar la contradicción, la otra cara de las cosas”, y para decir que “la realidad no siempre es bonita, y que tratarla como si lo fuera es un engaño y es peligroso, porque anula el sentido crítico”, explica Max Codinach, el ideólogo, por llamarlo de algún modo, de este artefacto pop con perfiles disidentes, que este miércoles presenta su segundo álbum, ‘Sempre i per instint’, en La Nau.
“Yo no sé lo que es el pop ahora. Hice unas charlas en institutos y cada día les decía una cosa distinta”, suelta este barcelonés nacido en 1999, que parece jugar con el desconcierto para invitarnos a pensar en la naturaleza de aquello que estamos por sentado. Gavina.mp3 es su vehículo, ampliado con una esfera de cómplices. “Tuve claro que no sería un proyecto de cantautor clásico”. Ah, salió la palabra crítica. “¿Si me identifico con la figura del cantautor? Sí, si Quimi Portet, Joan Miquel Oliver o Albert Pla helo hijo. Se trata de componer canciones pensándolas desde la letra”.
El influjo de Pepe Sales
Por ahí empezó Codinach, en el rap. “Fue mi huida de la música familiar impuesta, Manel o Estopa, que ahora me gusta mucho”, revela. “Comencé a recitar poemas, pero me aburrí rápido. Con Bartomeu (Crespí) y Guim (Valls) montamos un ‘show’ techno-hip-hop y vi que lo que hacía comenzaba a parecerse a la música”. Descubrir al cancionista adorablemente imperfecto Daniel Johnston le hizo pensar “que puedes hacer cualquier cosa si tienes un poco de gracia”. Y las ‘Cançons d’amor i droga’ de Pepe Sales le dieron el impulso. “Él es como mi padre, mi hermano y mi hijo”.
Max Codinach Sendra, en su faceta musical conocido como Gavina.mp3, en Barcelona el pasado 19 de enero. / Zowy Voeten
Lo suyo retuerce convenciones sin romper con la noción de canción. “Es jugar con los límites del pop: ver cómo puedes distorsionar una melodía, romper una estructura. Y desafinar un poco. Alguien tendrá que hacerlo, si no, todo sonaría igual. Taylor Swift nunca lo hará”, cavila Max Codinach, que, cuando escribe, intenta no pensar en nada. “Y se acaba creando una historia, que va y viene y se contradice”. La discoteca transmite señales de confusión, abatimiento, desengaño… “Paso de hacer un disco para decir que vas a la playa cada día, y trato de no ser cursi, ni caer en la moralina, que me repugna”.
Codinach ve en la escena catalana actual una abundancia de “grupos que hacen canciones como si fueran cuentos para niños: mira el lado bueno de las cosas, cuídate a ti mismo, qué bueno es tener amigos…, hablando desde la misma perspectiva, donde solo cambia el ‘plug-in’ de guitarra”. “Si The Tyets escucharan a Albert Pla, Catalunya iría mejor”. La cuestión va más allá de la música. “En Catalunya hay un problema grave de exceso de moralidad, por parte de gente capada emocionalmente”.
Gavina.mp3 teloneó a Guillem Gisbert, pasó por el último Cruïlla y ve cómo crece su base de afiliados. “Hemos vendido las 500 entradas de La Nau con semanas de antelación. Siempre hemos querido huir de ser el grupo de fiesta mayor que no llena una sala”.
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