Sigfrido de R. Wagner
Interpretes: Andreas Schager, Gerhard Siegel, Tamara Wilson, Derek Welton, Brian Mulligan, Mika Kares, Marie-Nicole Lemieux, Ilanah Lobel-Torres. Orquesta de la Ópera Nacional de París.
Director escénico: Calixto Bieito
Director musical: Pablo Heras Casado.
Lugar y fecha: Ópera de la Bastilla, París (17/I/2026)
Vítores para una magnífica Orquesta de la Ópera Nacional de París, con una batuta colorista y reflexiva de Pablo Heras-Casado y un reparto encabezado por un imbatible Andreas Schager. Este Sigfrido triunfó por encima de una producción en curso con matices a discutir.
Tercera ópera de este nuevo Anillo de firma española, el único de todas las nuevas producciones de ‘Anillos’ en este 2026, cuando se celebra el 150 aniversario del nacimiento del Festival de Bayreuth, teatro construido específicamente para estrenar este milagro de dieciséis de música que imaginó y creo Richard Wagner.
Ha declarado Calixto Bieito, quien no salió a saludar al final de la ópera, que su labor como regista en esta nueva producción se ha de valorar en conjunto, cuando se estrene. Gotterdämmerung el próximo mes de noviembre.
Artista característico y fiel a una estética sin concesiones superfluas, Bieito incide en un mundo mutante tras una debacle tecnológica donde la naturaleza se impone de manera salvaje en reacción a la tragedia de la distopía humana. La atractiva escenografía de Rebecca Ringst, con un bosque vivo totalmente traspuesto, se aviva con la iluminación telúrica de Michael Bauer y los vídeos de Sarah Derendinger, en contraste con un vestuario feísta y vintage de Ingo Krügler.
La dramaturgia de Bettina Auer emerge a los protagonistas en los albores de una esperanza nacida del amor, donde Siegfried, una suerte de artista libre debe destruir a su padre Wotan, el artista de la destrucción. Bieito marionetiza a los protagonistas como si de un prestidigitador se tratase, pero falta ver en qué suerte de interpretación final acabará una propuesta de indudable e inquietante estímulo teatral.
Pablo Heras-Casado conduce de nuevo, con batuta, una partitura oscura y muy masculina, con una formación orquestal de enorme calidad. La densidad de la orquestación, los juegos dinámicos y el palpitante cromatismo sonoro se fusionaron con un reparto vocal entregado a un hálito musical, donde la orquesta marca el paso como fuente de la narración. El director granadino demostró su maduración wagneriana con un control de los matices y el flujo de las voces en una ópera crucial. Wagner marcó un antes y un después al estrenar Tristán e Isolda y maestros cantantesantes de acabar el anillo con el tercer acto de Sigfrido y con el Gotterdämmerung final.
El tenor austríaco Andreas Schager interpretó el mejor Siegfried de su carrera”
El tenor austríaco Andreas Schager representó el mejor Siegfried de su carrera, en plenitud de facultades y por encima de una expresión que siempre se le ha resistido. Colores, matices, pianos y un dúo final magnífico para un Siegfried que no parece tener rival hoy en día.
Irreprochable el Mime de Gerhard Siegel, otro maestro del rol, junto al joven y cada vez más consolidado Wanderer del bajo-barítono australiano Derek Welton, timbre juvenil y color idóneo.
Tamara Wilson volvió a iluminar a Brünnhilde con colores frescos y flexibles de potencia tornasolada.
El Alberich de Brian Mulligan mostró una articulación proverbial en contraste con las tumbas de un temible Mika Kares como Fafner. La contralto canadiense Marie-Nicole Lemieux compuso con lirismo y drama una Erda muy freudiana en una estela opuesta a la frugal ligereza del Pájaro del bosque de Ilhana Lobel-Torres.
