Hace unas horas, Kate Middleton apareció con su melena trenzada. En más de 20 años bajo el foco mediático, pocas veces se había visto a la actual princesa de Gales atar su cabellera en una trenza. Y tal vez se trata de una simple casualidad, pero qué oportuna y hermosa casualidad…Verán, hace sólo unos días, un soldado del nuevo gobierno sirio mostró la trenza de una combatiente kurda de las Unidades de Protección Popular (YPG) como trofeo de guerra tras haberla decapitado.
Cuando se cumple un año desde que Al Jolani llegara al poder, el presidente sirio, y antes terrorista islamista, ha iniciado una campaña militar para acabar con el autogobierno en Kobane. Pese a que el líder sirio ganó recortar su poblada barba y se enfundó un traje diplomático occidental (con corbata y todo) para blanquear su imagen ante el mundo, su promesa acerca de un gobierno de inclusión en el que se reconocieran los derechos de las minoríasincluidos los kurdos, ha resultado ser tan falso como su apariencia (¡oh, qué sorpresa!). El líder sirio ha dejado a los kurdos sin electricidad, agua, teléfono e internet, además de estar liberando a los presos islamistas para que los aniquilen.
Ante ello, mujeres de todo el mundo han comenzado a mostrar su solidaridad ante el asedio contra los kurdos. reconociendo el cabello en una trenza. Pero ¿por qué una trenza? Antes de enfrentarse a cada batalla, los jóvenes soldados kurdas, que llevan desde 2012 luchando contra el ISIS, realizan una especie de ritual y ceremonia estética de protección. Unas a otras peinan sus melenas y las entrelazan formando una trenza. El cabello (fuerza) trenzado es una muestra de unión y hermandad femenina (tejen un vínculo). Además, el amuleto tiene otro propósito importante. Los yihadistas temen morir en manos de una mujer porque eso les impediría alcanzar el paraíso. La larga trenza que lucen las kurdas —y que se mueve y sacude en el enfrentamiento— los intimida al recordarles que su rival es una fémina.
Es por esta misma razón que los soldados kurdas se arman también estéticamente y contemplan el arreglo femenino como parte fundamental de su poder. Además de maquillaje (carmín en los labios, colorete en los pómulos y raya en los ojos), adornan su uniforme con flores y pañuelos de colores alegres. “No somos hombres, ni queremos parecernos”, gritan. La belleza con la que envuelven sus atuendos asusta al enemigo. Sin embargo, al ser capturadas, también es lo primero con lo que los yihadistas se ceban: profanan sus cuerpos decapitándolas y, luego, cortando la trenza como si así lograran detener el embrujo (poder) femenino. Ilusos, hace siglos que la mujer resiste la violencia (mezcla de miedo, envidia, inseguridad e inferioridad) perpetrada por el hombre.
Pero mientras algunas mujeres trenzan su pelo y denuncian así la situación de las mujeres kurdas, los líderes mundiales, que hace poco posaban con una amplia sonrisa junto al nuevo presidente sirio, siguen bien calladitos. Es el mismo silencio cómplice que se escucha ante el posible genocidio por parte del régimen iraní ante las protestas pacíficas de la población (#WomanLifeFreedom) y el anuncio de los talibanes de legalizar la esclavitud y prohibir permanentemente a las mujeres afganas el acceso a la educación.
Por todo ello, hoy la trenza debería volver a ser una tendencia política. No los esperemos a ellos. Como siempre, debemos ser nosotras. #defenderRojava
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