Nominada al Oscar a la Mejor Película de Animación, Arcouna maravilla artesanal producida por Natalie Portman y estrenada en cines la semana pasada, nos lleva a dos futuros contrapuestos: un 2075 dominado por la IA y las catástrofes naturales, frente a un 2932 en el que la Humanidad se lo ha pensado dos veces, volviéndose más espiritual y respetuoso con la madre naturaleza.
¿Cómo se le ocurrió ambientar su película en dos futuros tan distintos?
No me gustan las películas que mienten, y quería mostrar hacia dónde se dirige el mundo. Me baso en los hechos para mostrar un mundo dominado por la IA, indiferente ante el cambio climático. Al mismo tiempo quiero ofrecer esperanza, porque si empezamos a pensar el mundo de otra manera ya luchar ahora mismo por nuestras ideas, todavía podemos cambiar las cosas. De hecho, hemos acelerado todo el proceso porque cada mes cuenta. La Humanidad está en juego, y la lucha por la supervivencia es ahora mismo, no mañana por la mañana. Si esperamos cinco años más, habremos perdido la guerra.
En sus cómics ya había trabajado sobre un mundo robotizado, ¿no es así?
Sí, llevo muchos años con eso, por lo menos desde Preferencias del sistema, que salió hace ya unos años. Me deja petrificado que la Humanidad vaya en esa dirección. La técnica siempre ha estado ahí para hacernos ganar tiempo y espacio para imaginar, soñar y actuar sobre el mundo. Pero, al transformarse en tecnología, empezó a destruir nuestra imaginación. En breve nos dirán: “No te preocupes, ya me hago yo cargo de tu imaginación”, porque ya estamos suficientemente debilitados cognitivamente. Poco a poco hemos ido abandonando nuestra capacidad de imaginar. No nos damos cuenta de hasta qué punto nos estamos empobreciendo.
¿Diría que la aparición de los teléfonos inteligentes fue un momento decisivo? A mí me robaron la memoria.
Sí, la era de la comunicación comenzó a prepararnos para el cambio. Antes de los smartphones, todavía nos aburríamos, y es ahí cuando aparecen las ideas. Ahora ya no hay tiempo para aburrirse.
Padecemos horror vacui, adicción a los estímulos…
Sí, y en el vacío está nuestra oportunidad de conectarnos con otra cosa que no seamos nosotros mismos, o más profundamente con nosotros mismos. Un robot sólo reacciona a estímulos externos. Nosotros todavía tenemos estímulos internos. Pero ya no les prestamos atención. El otro día estaba en un taxi camino del aeropuerto, y había un atasco impresionante. Le dije al taxista: ¿por qué no cogemos tal carretera, que no suele haber tráfico? Me contestó que el GPS le decía que ese era el camino más rápido. Asumo la responsabilidad, le dije, y llegamos los primeros. Ya no observamos la realidad, porque se supone que hay una máquina que nos dice la verdad. Ya no tomamos decisiones, ni reflexionamos, lo delegamos todo. Pronto nos pondrán implantes para curarnos de un cáncer que todavía no padecemos, y cuando salgamos de noche el precio de nuestro seguro aumentará en función de lo que bebamos o fumemos. Vamos a estar GPSizados toda la vida. ¿De verdad es lo que queremos? Yo prefiero un cuerpo guiado por deseos auténticos.
Vamos hacia la más importante ruptura de clases de la Historia, sólo los ricos tendrán acceso a lo humano
En la película, los profesores han sido sustituidos por robots. Una imagen muy potente.
Eso también ocurre ahora mismo, estamos delegando la transmisión en cosas que no son humanas. Mi trabajo en los cómics también gira alrededor de la idea de transmisión, que para mí es la tarea más noble de la Humanidad. Con la IA todo el mundo piensa que va a perder el trabajo, y así va a ser, obviamente, pero nos jugamos algo que va más allá de eso: nuestra imaginación y nuestra conciencia. Vamos hacia la más importante ruptura de clases de la Historia, sólo los ricos tendrán acceso a lo humano. Los pobres, incluso la clase media, ya se alimenta y se viste con productos hechos por robots.
¿Dibujar es una forma de resistencia?
En cualquier caso, todo lo que sé de la vida lo he aprendido dibujando. La calidad de un dibujante se ve en sus errores. Si dibujásemos a la perfección, nuestros dibujos serán como fotos. Por eso desconfío de la animación en 3D, que depende de las posibilidades y limitaciones de la máquina. La animación en 2D todavía conserva esos errores en los que podemos reconocernos.
En cualquier caso su película es preciosa, ¿de dónde viene esa estética?
Es una mezcla de muchas cosas. Mi línea de dibujo está inspirada en la línea aerodinámica de Raymond Loewy, mientras que los colores seguramente vienen de México o El Chad. Mi padre era diplomático, y también vivió en Guatemala, China y Estados Unidos. México estaba bajo la influencia de Estados Unidos, pero con cierto retraso. Todo era un poco retro, con viejos Chevrolets y Cadillacs aparcados por la calle. A los siete años, descubrí el trabajo de Akira Toriyama a través de Dragon Ball Z, aunque seguía suscrito a Spirou que, como soy europeo, me encantaba.

Más allá de su película, ¿ve algún brote de esperanza en el mundo?
Ya sabes cómo está todo. Trump, la política europea… Pero creo que China está haciendo progresos muy veloces en ecología. Es el único país que, un día de hoy, puede cambiar las cosas, porque están tecnológicamente mucho más avanzadas que nosotros. Un siglo por lo menos. Han desarrollado un reactor nuclear que permite fabricar energía con agua salada. Sólo ellos tienen la capacidad de tomar decisiones radicales para parar el desastre ecológico. Esa es mi única esperanza. Tengo fe en los individuos, en las pequeñas islas que se contagian unas a otras. Los individuos son inteligentes, mientras que las masas siempre han sido descerebradas.
