Existe una teoría antropológica que vincula las primeras historias contadas en torno al fuego con la labor ancestral de tejer. De ahí procederían las Múltiples analogías entre narrar y elaborar un tejido: el hilo de la trama, el nudo del conflicto, el remate final. … En su primera novela, Nerea Pallares eleva la apuesta y también la hilvana al propio lenguaje, a la mitología y al mar de Camariñas, en la actual Costa da Morte.
Todo se articula en torno al encaje de bolillos, como símbolo de los trabajos invisibles que sustentan una comunidad y que recaen sobre las mujeres, y en torno a Ari, que llega a la localidad justo tras un suceso terrible, encarnación de que la voluntad masculina se ha desbordado. ‘Palilleiras’ y ‘redeiras’ deciden entonces sacudir el tapiz para subvertir el orden existente.
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‘Punto de araña’
A escondidas, las mujeres invocan a las tres arañas, las Señoras de la Costa da Morte. Como las moiras griegas, hacen y deshacen el destino de los mortales con arbitrariedad severa e inapelable. Por mandato de estas primeras tejedoras de la historia, Lita, Xela, Catuxa, Cruz… comienzan a destejer. Saltan las viejas suturas y todo parece pender de un hilo. La novela sugiere así una rebelión que también interpela a los cuidados: ¿qué ocurre cuando quienes sostienen la vida deciden dejar de hacerlo?
Cierto es que cuando lo sobrenatural y lo mítico se funden con lo cotidiano, no son necesarias explicaciones. Sin embargo, dado que el detonante del conflicto recae en una decisión paterna extrema al principio, para entrar en la historia se habría agradecido una mayor exploración de sus motivos.
Resulta fascinante el lenguaje de Pallares: rico y acompañado como el vaivén de las olas, tormentoso en el clímax. Especialmente hábil en las metáforas y en el modo en que las palabras pasan de una voz a otra, diluyendo el «yo» y el «tú» en un coral «nosotra» que refuerza la dimensión colectiva del relato.
