¿Tener un abuelo centenario protegido de morir joven? Un equipo de investigadores de Israel y Dinamarca analizó datos de gemelos y modelos matemáticos para responder cuánto de la longevidad depende realmente de la genética, concluyendo que su influencia ha sido subestimada durante décadas.
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Expresiones como “en mi familia todos llegan a los 90” o “yo he salido a mi abuelo” forman parte del imaginario popular cuando se habla de envejecimiento. Sin embargo, medir la longevidad humana resulta complejo debido a la superposición de enfermedades, accidentes, contextos históricos y condiciones de vida que influyen en la edad de muerte.
Con el objetivo de aislar el efecto del envejecimiento biológico, un equipo del Instituto de Ciencias Uri Alon Weizmann, en Israel, y de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, propuso una distinción clave: no todas las muertes reflejan el deterioro interno del organismo. Algunos responden a factores externos que distorsionan la medición de la herencia genética.
Los resultados indican que los genes podrían explicar cerca del 50% de la longevidad humana. Foto:iStock
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Separar el envejecimiento de las muertes por factores externos
El análisis, basado en datos de cohortes de gemelos y publicado en Science’, señala que al excluir las muertes por causas externas la longevidad humana resulta mucho más heredable de lo que se estimaba. Entre estas causas se incluyen, entre otras:
- Accidentes.
- Enfermedades infecciosas.
- Condiciones ambientales adversas.
Una vez considerados estos factores, la genética puede explicar cerca del 50 % del tiempo de vida de una persona. Esta cifra contrasta con estimaciones anteriores, que atribuían un peso mucho menor a la herencia biológica.
El análisis se basó en grandes cohortes de gemelos y simulaciones de mortalidad humana. Foto:iStock
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Gemelos y modelos: cómo se intenta medir lo heredable
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores combinaron modelos matemáticos, simulaciones de mortalidad humana y grandes bases de datos de gemelos. Este enfoque permitió diferenciar la mortalidad ‘extrínseca’ de la mortalidad “intrínseca'”, asociada al envejecimiento y al declive biológico interno.
Los resultados indican que la mortalidad extrínseca reduce de forma sistemática las estimaciones de heredabilidad. Al corregir este sesgo, la contribución genética a la longevidad aumenta hasta aproximadamente el 55%, más del doble de lo calculado en estudios anteriores.
Según los autores, esta revisión alinea la longevidad humana con la heredabilidad observada en la mayoría de los rasgos fisiológicos complejos y con la longevidad medida en otras especies, como los ratones de laboratorio.
Prensa Europa
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en la información publicada por Europa Press, y contó con la revisión de la periodista y un editor.
