Por fin entiendo la razón del secretismo con que Santiago Segura ha llevado el estreno de su película más ambiciosa, torrente presidentela sexta de la saga y en cuyo reparto apenas figuran actores profesionales que no reencarnan sus personajes en entregas anteriores. Es el caso de Gabino Diego, Neus Asensi o José Luis Moreno. En este clímax de la desvergüenza se incorporan Fernando Esteso en su último papel, Jordi Sánchez, Leo Harlem, Ramón Langa, Mariano Peña, Carlos Areces, el Gran Wyoming, Luna Fulgencio y un Javier Cámara al que apenas vemos unos segundos en videollamada. De Javier Gutiérrez solo oímos la voz. El resto de personajes que conforman el reparto se suman desde la vida civil y son tantos que seguramente el teléfono de Segura esté ya infestado de frases similares a ‘¿Y por qué no me llamaste a mí si sale Fulanito?’. Si vieron la serie La lista negraentenderán a qué nos referimos.
El imperio de Amiguetes Entertainment SL
Son tantos que seguramente el teléfono de Segura esté ya infestado de frases similares a ‘¿Y por qué no me llamaste a mí si sale Fulanito?’
La lista de los reyes dioses de Amiguetes Entertainment SL comienza por Willy Bárcenas, hijo del tesorero más famoso desde John Silver ‘el Largo’, y termina con Kevin Spacey en una aparición absolutamente inesperada y descomunal. En esta comedia tan grosera como bien dirigida, reciben VOX, Moncloa –no el PSOE–, Sumar, Podemos y, solamente si el espectador quiere verlo, la Policía Municipal de Madrid. El único político real que se presta al invento es Mariano Rajoy: el expresidente del Gobierno queda como un señor más entrañable que el abuelo de los caramelos Werther’s Original despidiendo su videollamada con un recado que Torrente desliza sibilinamente y cuyo destinatario no puede ser sino Alberto Núñez Feijóo.
Aunque la película se sumerge en la trastienda de la política y todo sucede en la capital, salvo dos municipios que se dan la vuelta no encontrarán una sola puya al partido que gobierna la Comunidad de Madrid y su metrópoli desde hace más de 30 años. Sentada en un butacón, Isabel Díaz Ayuso acaricia un gato mientras lee crónicas como ésta.
Ni ranas ni charca de barro
Sentada en un butacón, Isabel Díaz Ayuso acaricia un gato mientras lee crónicas como esta

Es Willy Bárcenas, un alto cargo de NOX, quien descubre el talento de José Luis Torrente en un bar de barrio que reproduce el de Chen Xiangwei, el conocido chino franquista de Madrid y donde Fernando Esteso toma un café. Le proponen acercarse a sus filas, lo suben a un estrado en una fiesta de club de golf y Juan del Val sin barba lo presenta ante el distinguido público. Cuando los número 2 y 3 del partido –cuyo aspecto recuerda al líder del NSDAP y su segundo– están a punto de entrar en pánico, se calman al comprobar que el repugnante sujeto que repite amplificados los tópicos sobre los que se edifica la ultraderecha conecta con los irritantes.

Torrente recluta como secretario a Gabino Diego, empleado en el kebab de Omar Montes, y presume ante su corte de mermados (el Sr. Barragán y Javier Deltell, entre otros) mientras toma un sol y sombra en el tugurio de una Cañita Brava que continúa exigiéndole 6.000 pesetas de whisky. Santiago Urrialde está tentado con un puesto y comienza la sucesión de cameons: Pilar Vidal, Aníbal Gómez, Leo Harlem, David Guapo, Cristina Rapado, Dani Güiza, los cocineros de MasterChefVito Quiles, Susi Caramelo y Carlos Herrera como jefe de comunicación del partido. Yola Berrocal y una sobredosis de viagra provocan que Ramón Langa, jefe del partido, se eche a un lado y ascienda el inefable Torrente. Atento al espectador al pequeño Nicolás y cómo terminará perdiendo la cabeza.
Ojo al papel del pequeño Nicolás
Omar Montes, Leo Harlem, Dani Güiza, los cocineros de MasterChef, Vito Quiles, Carlos Herrera… El desfile es interminable
“Si la Legión tiene a la cabra, nosotros tenemos a Torrente”, se vanaglorian en NOX. El ascenso de la expolicía, que sigue fiel a El Fary y el Caudillo, es jalonado por las intervenciones de Paquito Arévalo contando los chistes de gangosos que popularizó su padre, un comité asesor compuesto por Jordi Sánchez y Mariano Peña (que sin mencionarlos expresamente interpretan a Antonio Recio y Mauricio Colmenero) más un sujeto abominable pero real, motivo por el que no merece cita alguna.
Kevin Spacey aparece como un dos ex machina
La aparición de Alec Baldwin provoca una exclamación mayúscula pero no mayor al papel que juega Bertín Osborne
Durante una fiesta en el palacio Fortuny se añaden Maricielo Pajares y Esther Cañadas. Carlos Latre es Javier Milei y periodistas o comunicadores reales como Patricia Pardo, Iñaki López, Gonzalo Miró y Marta Flich, Ana Rosa Quintana, Pablo Motos, Lucía Etxebarría, y Jordi Évole tratan sobre el fenómeno político que supone el outsider Torrente. Se suman glorias consagradas del torrentismo como Jesulín de Ubrique, Kiko Rivera y José Luis Moreno.
A partir de aquí, debemos ser parcos en detalles para no reventar la trama: la aparición de Alec Baldwin provoca una exclamación mayúscula pero no mayor a la del papel que juega Bertín Osborne en cierto despacho con Flo como hombre de confianza: una pareja a la que el Gran Wyoming ordenará salir por la puerta mostrando la placa. El pandemónium de personajes alcanza el clímax al irrumpir Kevin Spacey, un Dios ex machina con los dedos de Dios y Adán de la Sixtina como telón de fondo, alguien con tal manejo de los hilos que los Illuminati y el Club Bilderberg se le antojan un jardín de infancia. Vestido de blanco impoluto, recuerda al personaje denominado ‘el arquitecto’ en la saga Matriz.
Permítannos agregar un último dato informativo: sí, en esta entrega también hay pajillas. O casi.

