El evento fue de esos que marcan una época, con decenas de sacerdotes y millas de fieles rodeando el Templo Mayor de Tenochtitlán (actual Ciudad de México). La majestuosa capital del Imperio Mexica era una de las mayores urbes de todo el planeta en su época, donde vivían hasta 200.000 personas.
“Imaginamos lo espectacular que fue aquella ceremonia, con toda esa gente colocando, en un mismo momento, reliquias escultóricas, caracoles, conchas, semillas, rostros de peces sierra, copal, chapopote y otros dones”, explica Leonardo López Luján, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) mexicano.
Un ‘tepetlacalli’ con 15 figuras Mezcala
Hace tres años, los arqueólogos que trabajan en el centro histórico de Ciudad de México descubrieron un tepetlacalli (un “cofre de piedra”, en náhuatl) con 15 figurillas de estilo Mezcala. Ahora, ese hallazgo se ha complementado con otros dos depósitos rituales con características similares.
Esta, según han afirmado los expertos durante el ciclo de conferencias “La arqueología hoy”, habría sido la ofrenda más grande realizada por Moctezuma I (1398-1469), huei tlatoani (gran gobernante) de la ciudad-isla de Tenochtitlán.
Las recientes ofrendas (las número 186, 187 y 189) encontradas en el Huei Teocalli (o Templo Mayor) confirman una hipótesis planteada a finales de la década de 1970, cuando se descubrieron las ofrendas 18 y 19 al explorar el costado oeste del monumento, y que se vio reforzada en 1991 al encontrar la ofrenda 97 en el sector norte.
Los especialistas consideraron que esta gran cantidad de obsequios a los dioses fueron colocados en un mismo momento, y no en eventos aislados, y requirió una “logística colosal” para mover “con cuerdas, palancas y rodillos de madera” esculturas que pesan entre 600 y 1.000 kilos.
“Sospechábamos -dice la arqueóloga Alejandra Aguirre Molina- que quedaban otras tres ofrendas al este y al sur de la enorme pirámide. Pertenecen a la etapa cuarta del Templo Mayor –fechada entre 1440 y 1469-, coincidiendo con el período de gobierno del también llamado Moctezuma Ilhuicamina (‘El flechador del cielo’)”.
Los seis depósitos rituales (tepetlacalli) localizados en total “cierran el círculo” de una ofrenda múltiple con una presencia tan “abundante de figurillas Mezcala” -hasta 83 estatuas antropomorfas labradas en piedra verde- que no tuvo comparación con ninguna otra época del Templo Mayor.

“Lo interesante de la etapa cuarta –explicó el también arqueólogo Antonio Marín Calvo– es que es la única de las siete fases constructivas en la que se conserva, casi intacta, la plataforma que rodeaba la base piramidal, con una decoración arquitectónica de figuras de cabezas de serpiente flanqueadas por braseros, en cada lado”.
“Lo que vemos aquí es a Moctezuma, el primer huei tlatoani que conquistó territorios fuera de la Cuenca de México, consagrando los botines de guerra traídos de Tlaxco y Tlaxmalac, señoríos que habrían sido sometidos entre 1447 y 1450, en lo que hoy es el territorio septentrional de Guerrero”, puntualizó en un comunicado López Luján.

Las últimas tres cajas de piedra -que de promedio miden 50 centímetros de ancho y otras 50 de alto- encontradas junto con 43 esculturas (15 en la ofrenda 186, 15 en la 187 y 13 en la 189) “han representado un reto mayúsculo” porque en su interior había más de 4.000 elementos malacológicos (hechos con conchas de moluscos).
La limpieza de las figuras fue minuciosa. Primero, se mantuvieron alejadas de la luz solar y se mantuvieron en condiciones óptimas de humedad. Luego se retiraron los sedimentos acumulados y se fijaron los pigmentos de colores rojo y blanco que los mexicas emplearon para decorar las imágenes traídas desde tierras lejanas para ofrecerlas al dios Tláloc, al que estaba parcialmente consagrado el Templo Mayor.

Otra evidencia que transmite el poder político y económico de Moctezuma se encuentra en los animales incluidos. La bióloga Belem Zúñiga Arellano apunta que predominan los caracoles de las especies Nerita scabricosta y Hexaplex brassica procedentes de las costas del Atlántico, desde donde se transportan, posiblemente vivos en contenedores de agua salada hasta la metrópoli prehispánica.

