16/03/2026
Actualizado a las 14:49h.
Rueda por ahí una maldad de café que aúpa la sospecha de que hay más poetas en el barrio de Lavapiés, en Madrid, que lectores de poesía en toda España. No sé yo si avalar el asunto, pero sí me sirve para acreditar que el … oficio de poeta y el oficio de editor de poesía son dos exotismos de difícil sondeo, más allá de la áurea marginalidad de ambas condiciones, tan masivas como recónditas. Hay casos de alta excepción, donde el escribir se baraja con el editar. Así, Pablo Méndezmadrileño del 75, que lleva años empujando con alegría la editorial vitruvioy además reúne una bibliografía propia, singular y sostenida, desde aquel memorable libro, ‘Una flecha hacia la nada’, que dio en el blanco de la sorpresa gratísima en medio de la lírica del momento, la de mediados de los años 90.
En Méndez se cruza, con felicidad, la lujuria de la escritura con el afinamiento de editor, concretando un creador doble que no ha hecho en la vida sino seguir el goce y el designio de una pasión única, la poesía. Ahora, prorrogando su apostolado en el género, firma ‘Huérfano buscando el mar’, un poemario de lucidez emocionada, que además inaugura una colección de hermosa artesanía donde van a citarse autores que superan la dedicación única de poeta, porque frecuentan la música o bien otros géneros. Méndez ha hecho en este poemario un firmamento de elocuencias donde se alojan la memoria de la madre perdida y el desdén por las redes sociales, la balada de los vehículos familiares y algún villancico al revés.
Estamos ante unas páginas donde se juega el órdago de la ironía y el valor de la ternura, cuando la existencia es un cónclave de pérdidas o una tregua del verano interior, si miras a los hijos, si miras al amor. «Soy un final al principio de todos los adioses», escribe Méndez, y remata, en otro poema: «Soy como el árbol que no tiene tiempo de tanta eternidad». Son palabras iluminadas de un autor para el que también sirve el halago de Octavio Paz: «Un editor es un escritor que sacrifica su obra por la de otros». Lo dicho: apóstol del verso, Pablo Méndez.
