Ya hace más de 40 años que María Barbal (Tremp, 1949) es escritora, porque en 1985 publicó Pedra de tartera, una novela que se convirtió en todo un fenómeno que no ha superado ninguna otra obra suya. Para celebrar la efeméride, la editorial Columna ha publicado una versión en cómic con guion de IL Escudero e ilustraciones de Áurea López.
Después de haber vendido más de 500.000 ejemplares, la historia de Conxa, que pasa de niña a anciana en un Pallars campesino y empobrecido, sometida a los cambios que le son impuestos primero por la familia y después por la historia, con la República, la Guerra Civil y la posguerra, hasta que abandonan el campo y acaba en una portería en Barcelona, sigue teniendo lectores.
La novela ya ha vendido más de 500.000 ejemplares, una quinta parte en alemán
Para la escritora ha sido un reto emocionante, ya que no tenía experiencia en el cómic –la editorial prefiere decir “edición ilustrada” para no distinguirla del original–, aunque antes había colaborado con López en dos cuentos infantiles. Cuarenta años después, confía en que a los lectores les pueda servir de entrada a la obra literaria, o cuando menos que “se hagan cargo de lo que representa vivir una guerra y una posguerra y mantener la memoria histórica”, ya que cuando la escribió era un tema que no se había tratado desde el punto de vista de un pueblo de montaña como retrata en la novela. “Cuando escribes no piensas mucho en qué pasará, pero el resultado y la acogida de los lectores me emocionó, aquí pero también en otros sitios como Alemania, el primer lugar donde se tradujo –se llegaron a vender más de 100.000 ejemplares–”, explica la autora, que recuerda cómo una joven alemana le dijo que tenía una abuela que había pasado la Segunda Guerra Mundial en un pueblo y eso hizo que la obra le llegara muy adentro.
Áurea López (Soria, 1979) ya había leído la novela antes de trabajar con Barbal en La terra dels núvols y El refugiat (Estrella Polar, 2022 y 2024), ya que se puso en el 2020 y “le impactó mucho la vida de Conxa”, pero también le despertó la curiosidad porque uno de sus abuelos fue militar durante la guerra y “lo explicaba como Homero, hacía un gran espectáculo”; le inquietaba lo que podía haber hecho, pero habló con una tía y eso la tranquilizó, aunque el libro le abrió los ojos a una visión muy diferente de la que tenía sobre la Guerra Civil.
Lo que más le costó a López fue tener que poner cara a los personajes, porque “en el libro hay pocas descripciones y acabas sabiendo cómo son por lo que dicen y cómo lo dicen”.
Curiosamente, desde el 2011, cuando se celebraron los 25 años de la publicación, Barbal sí que tenía en la cabeza las facciones de algunos personajes gracias a la versión teatral que se estrenó en el TNC, protagonizada por Àurea Márquez como Conxa, con dirección de Lurdes Barba y dramaturgia de Marc Rosich.
Para ella, la novela ilustrada es una oportunidad de ampliar la concreción con los paisajes, las ambientaciones y los interiores de las casas, aspectos en los que López se ha documentado mucho, con las dificultades que supone, ya que “en el Pallars, si había fotógrafos, no se dedicaban a las tareas del día a día”, sino que retrataban con la mejor ropa. Por eso pasó seis meses documentándose en archivos y leyendo y releyendo, y una vez con el guion ya hizo en lápiz un primer storyboard, más tarde el dibujo en blanco y negro, que digitalizó para finalmente agregar el color con acuarela digital. Dos años de trabajo que los lectores devorarán en un rato que puede durar toda una vida.
