El mundo de las letras llora este martes la muerte del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, a los 87 años. Considerado una de las voces más destacadas de la literatura latinoamericana, es muy extenso el legado que deja a sus lectores, con obras que han ganado desde el Nacional de Narrativa hasta el Planeta o el premio Nacional de Literatura de Perú. Estas son algunas de sus obras más aclamadas:
Un mundo para Julius
Fue la primera y seguramente la más emblemática de sus novelas. Un debut por todo lo alto, pues con ella ganó el Premio Nacional de Literatura de Perú y, más tarde, reconocimiento en Francia. Surgió a partir de un breve relato que no debía rebasar las diez páginas pero que se complicó, en el mejor de los sentidos. En sus páginas retrata la oligarquía limeña, feliz y despreocupada, que, al mismo tiempo, se asemeja con cualquier otra oligarquía de una ciudad contemporánea. Julius es el protagonista, un niño inteligente y bien tratado por la fortuna pero no tanto por la vida, pues es huérfano. Es a través de sus ojos que el lector se adentra en su cotidianidad y la de su entorno.
La vida exagerada de Martín Romaña
Esta es otra de sus obras más destacadas. En ella, exhibe el naufragio parisino de un latinoamericano que escribe para no cien. Es Martín Romaña, lector atento de Hemingway, que rompe con su adinerada familia convencido de que así podrá escribir. Algo que, por cierto, también le ocurrió al autor.
El huerto de mi amada
Comedia romántica ambientada en la Lima de los años cincuenta que narra la historia de amor entre Carlitos Alegre, de diecisiete años, y Natalia de Larrea, una mujer mayor y acaudalada. De nuevo, la burguesía presente en otra de sus obras.
Permiso para retirarme
Tercera y última entrega de las antimemorias de Bryce Echenique, y el libro con el que ha decidido cerrar su carrera literaria. Dividido en cinco partes, de sus páginas emergen las emotivas y tragicómicas evocaciones de sus andanzas: la infancia en Perú, el entorno escolar y familiar, el padre aventurero y la madre sensible y lectora; el traslado a París en la década de los sesenta con el propósito de ser escritor, el descubrimiento de la libertad y el paso por otras ciudades europeas como Barcelona; los grandes amigos, como Julio Ramón Ribeyro; los encuentros con figuras como García Márquez; los lances amorosos; las copas; los achaques y arrebatos melancólicos; las lecturas… Y Stendhal como proa.
