Raimon observa el libro y le da su bendición. “Este soy yo, exactamente. Lo leo y me reconozco. Con su autor nos conocemos desde hace tiempo y es alguien que va de buena fe, no a joderte. Es un libro que si alguien quiere saber quién ha sido yo hasta ahora, ahí lo tiene, perfecto y clarísimo”, explica, con su habitual pizca de socarronería, este martes en la presentación de ‘Raimon. Aquest jo que jo soc’, de Miquel Alberola, en la sede de Casa Abacus, en el Raval, acto presentado por Joan Carles Girbés, director editorial de Ara Llibres.
Hay un rastro de bibliografía relativa a Raimon, y Alberola, periodista valenciano de larga trayectoria, cita dos títulos referenciales, el muy temprano volumen titulado ‘Raimon’, que Joan Fuster publicó en 1964 (“cuando él solo tenía 23 años”) y el de Antoni Batista, ‘La construcció d’un cant’, de 2005 (“más académico; su autor es musicólogo”). El libro de Alberola practica un “enfoque mezcla de periodismo narrativo y ensayo”, explica, recorriendo “la trayectoria de compromiso, integridad, coherencia y fidelidad de Raimon, a sí mismo ya la colectividad”. Cuenta con un prólogo del propio Raimon en el que afirma su orgullo por haber consumado su misión. “en la lengua de Xàtiva, tanto en Tokio como en Nueva York o París”.
Fenómeno disruptivo
Miquel Alberola se ha propuesto “mameluco aquella foto en blanco y negro de Raimon como cantante de una época”. Recorre toda su peripecia “desde antes del primer recital y hasta después del último” (en 2017), con voluntad de reflejar los diversos perfiles del personaje: la “trayectoria evolutiva” de su lenguaje musical, su internacionalidad, su “complicada relación con València o, más bien, con su clase dirigentee”. Su condición de “fenómeno disruptivo y, como dijo Espriu, complejísimo”.
El periodista Miquel Alberola, autor de ‘Raimon. Aquest jo que jo soc’, y el cantautor, este martes en Barcelona. / MANU MITRU
Eso es así, considera Alberola, porque su independencia y su carácter “indomable” han sido la norma. “Ha luchado por lo colectivo, pero también para ser él mismo”. Enfrentó la dictadura, sufriendo “un acoso que superó al del FBI a John Lennon” y acto seguido “incomodó en democracia” porque no siempre hizo lo que se esperaba de él. En la Transición, “si no te plegabas a los intereses de partidos e instituciones, eso te traía problemas”. Su guion siempre tuvo algo de imprevisible. “Esperaban que hiciera canciones cívicas y sacó un disco de canciones de amor. Se celebraban las primeras elecciones y él se iba a Japón a cantar”.
En primer plano, su compromiso con una lengua, la catalana, “desacreditada, cuando no perseguida, y siempre molesta en el contexto de la dictadura”, apunta Alberola. Habla también en primera persona. “En el instituto, el profesor nos decía que el valenciano es como las zapatillas, para ir por casa, y que cuando sales a la calle tienes que ponerte los zapatos y hablar castellano”.
A todo ello asiente Raimon apuntando que tanto él como su esposa, Annalisa (depositaria de abundante documentación), han estado cerca del proceso de elaboración de la obra, atendiendo a las consultas del autor, pero que este “ha hecho el libro que le ha pasado por… el cerebro”suelta, luciendo lozanía y buen humor. También cuando se le pregunta si no le pasará por la cabeza volver a subir a un escenario. Sonríe con picardía y musita: “Yo estoy afónico”.
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