Marc Artigau sigue explorando la conducta humana y ahora lo hace con “una comedia dramática” que en esta ocasión se acerca a la vejez, a partir del diagnóstico de alzheimer de la protagonista. es Una fiesta en Roma, que se estrena el jueves 12 de febrero en el Teatre Lliure, con dirección de Clara Segura y con un reparto que encabezan Marta Angelat, que es la mujer enferma; Oriol Vila, el hijo; y Lluís Marco, un amigo de la residencia.
Con Xavier Boada e Isabel Rocatti completarán los cuatro jinetes del Apocalipsis en este nuevo hogar, que es una residencia de ancianos. Y también interviene Gemma Martínez, la hija del personaje de Marco, y Albert Triola, que se multiplica exponencialmente. Según el programa, interpreta los papeles de mecánico, cura y enfermero, pero la directora asegura que “con Triola ha habido una mejora del personaje, porque el actor ha ido creciendo y ahora también hace de profesor de canto, de modo que tiene nombre y ha ganado escenas”.
“Ella se llama Romina y el amigo Juli, un juego de cambio de sexos entre Romeo y Julieta”, señala Marc Artigau
Para saber qué significa el título de Una fiesta en Roma, Artigau invita a ver la obra, que “es la historia de Romina y Guillem, su hijo, y también es una historia de amor en la tercera edad: ella se llama Romina y el amigo se llama Juli, en un juego de cambio de sexos entre Romeo y Julieta”. El autor habla de comedia dramática porque “Chaplin decía que la vida vista en un primer plano es drama y vista en un plano general es comedia”, y asegura que “no hay una mirada condescendiente hacia la tercera edad”.
Para la directora, “hablar de una enfermedad degenerativa como el alzheimer nos permite este tránsito entre el drama y la comedia, porque van desapareciendo los filtros, del mismo modo que se olvidan las cosas”. Segura confiesa que una parte que la atrapó cuando leyó la obra es todo lo que le pasa al hijo ante la enfermedad de su madre: “Empieza con una conversación entre hijo y madre, una conversación que no habían tenido nunca”.
“La obra tiene un punto de viaje, y con ella viajamos a muchos lugares –continúa–. Todo sube cuando aparecen los cuatro jinetes del Apocalipsis en la residencia, y se revelan contra las normas. Se ayudan entre ellos y también hay una crítica hacia la mirada de los jóvenes. Hay un contraste generacional, en un momento en que nos miramos a nosotros mismos”.
La protagonista, Marta Angelat, considera que la obra es fascinante y que no se podía negar a hacerla: “Es muy delicado y va todo el rato por una maroma, manteniendo el equilibrio. Como también es una obra muy poética, muchos aspectos que podrían ser dramáticos se tratan de una manera elevada. Y el concepto tiempo no existe”.
Por su parte, Lluís Marco manifiesta que la obra “no reivindica la tercera edad, sino la cuarta, que es una dimensión desconocida”. Y añade: “No somos niños y no nos tienen que tratar como niños. Somos gente adulta, que reímos y lloramos. Los que realmente sufren son los hijos. Todos estamos dentro del viaje imaginario de una persona que tiene alzheimer”.
“De ser el hijo cuidado, mi personaje pasa a ser el cuidador de su madre –señala Oriol Vila–. La madre empieza a ser una madre que no era la que él conoció. La obra nos ha transformado durante los ensayos, porque pide estar presente. Los actores tendemos a escondernos detrás del personaje y aquí no es posible, no puedes hacer trampas”.
Una fiesta en Roma, que es una producción del Teatre Lliure, hace funciones en la sala de Gràcia hasta el 22 de marzo. El texto ha sido publicado con la editorial Comanegra, dentro de la colección. Llum de guardia, “Aspecto que da valor a la literatura dramática”, concluye Artigau.
