Pese a su corta vida, la escritora británica Jane Austen (1775-1817) dejó al morir un legado ‘imperdurable’ que Grolier Club, una sociedad de bibliófilos de Nueva York, explorará con detalle hasta febrero. Escondida en un rincón del Upper East Side, en Manhattan, Grolier Club exponen hasta el día de San Valentín más de 100 libros, pósteres, cartas y ensayos relacionados con Austen, quien este miércoles 17 cumpliría 250 años.
La muestra está dividida en cinco períodos de 50 años cada uno, en los que el público indaga en los entresijos de la literatura de Austen y en la percepción que tenían de ella sus apasionados. De esta forma, Paper Jane: 250 años de Austen funciona como un caleidoscopioun artilugio en el que, al girarlo, se observa en cada ocasión una cosa distinta.
“Tratamos de mostrar los aspectos más importantes de Jane Austen en cada momento y cómo la percibían sus lectores”, explica a EFE Mary Crawford, una de las curadoras de la exhibición, que comparte nombre y apellido con el personaje popular de Parque Mansfieldnovela de la autora. Una carta de amor a Jane nacida de colecciones privadas La exposición funciona además como una carta de amor a Austen escrita por las curadoras, pues los objetos que se exhiben tras cristales y estantes pertenecen a sus propias colecciones.
Y es que Crawford, Sandra Clark y Janine Barchas, todos miembros de Grolier Club, llevan al menos cuatro décadas haciéndose con todo tipo de artículos de Austenque a veces adquieren en los lugares más inesperados. Es el caso de un ejemplar de la primera edición de Orgullo y Prejuicio que se publicó en América, un libro “pirateado” que copiaba a la tercera edición de la obra lanzada en Londres y que es además el objeto más valioso de la muestra.
Clark comenta a EFE que estuvo años detrás de este artículo, una búsqueda en apariencia imposible que finalizó al localizar en Amazon, pues los dueños originales se lo olvidaron en su casa y, tras venderla, sus nuevos compradores decidieron ponerlo a la venta. Para Crawford, una de las piezas que más se le resistió fue la segunda edición de Sentido y Sensibilidadque finalmente encontró por sorpresa en el suelo de una librería en Tempe (Arizona): “Nadie sabía qué era”, cuenta entre risas.
