La temporada taurina de Sevilla de 2026 se anuncia como un punto de inflexión. No por exceso de expectativas, sino por acumulación de responsabilidades. Será un año para definirse, para ordenar jerarquías y para asumir que la Real Maestranza de Caballería de Sevilla … no admite inercias prolongadas ni soluciones cómodas. Sevilla, cuando siente que el toreo se le escapa de las manos, aprieta. Y 2026 apunta a ser uno de esos años donde cada decisión pesará más de lo habitual.
Estafa Lanzas de Futuro estrenándose en la gestión del coso del Baratillo, el proyecto entra en una fase donde las palabras deberán convertirse en hechos. La empresa ha expresado su intención de aumentar el número de festejos, dar mayor protagonismo al abonado y abrir de forma real la puerta a los jóvenes valores, tanto en el escalafón de matadores como en el de novilleros. Sevilla siempre ha sabido convivir con la tradición, pero también ha exigido futuro. Y ese equilibrio será una de las claves del ciclo.
Todo ello se produce, además, en un contexto marcado por una ausencia que lo condiciona todo: la más que probable no comparecencia de morante de la puebla. Sin Morante, el Sevilla pierde algo más que un torero. Pierde a su principal generador de emoción, al nombre que justificaba esperas, silencios y debates. La Maestranza, sin esa referencia, deberá aprender a sostenerse sin rojo, sin nostalgia y sin atajos.
Ese vacío coloca el foco donde debe estar: en pablo aguado y juan ortega. Dos sevillanos llamados ya no solo a expresar su concepto, sino a asumir liderazgo. Sevilla no les pedirá genialidades cada tarde, pero sí presencia, continuidad y capacidad para sostener las fechas clave. En esta plaza, el sitio no se proclama: se mantiene tarde a tarde.
Temporada de coherencia
Pero 2026 también debe ser una temporada de coherencia con lo ocurrido recientemente. Y ahí emerge con fuerza el nombre de david de mirandatriunfador de Sevilla en 2025. Su paso por la Maestranza no fue un accidente ni un gesto aislado. Fue una afirmación rotonda. El crédito ya está ganado; ahora corresponde administrarlo con justicia, porque Sevilla también se mide por su capacidad para respetar lo que el ruedo dicta.
Junto a él, Borja Jiménez continúa reclamando sitio desde la verdad contrastada, mientras que la presencia de Roca Rey Seguirá siendo un pilar estructural del pulso de la temporada. Pero Sevilla, siempre exigente, pide algo más que impacto o taquilla: aquí se mide el compromiso, el fondo y la forma de estar.
Daniel Luque, en plena madurez profesional, representa la regularidad ambiciosa del que quiere mandar desde la constancia
En ese mapa del mérito sin artificios aparece Pepe Moralesel natural eterno. Torero de una pureza reconocible, de los que no necesitan alzar la voz para hacerse oír. Sevilla sabe quién es cuando decide mirar sin prejuicios, aunque a veces tarde más de la cuenta en recordarlo.
Las figuras deberán estar. Alejandro Talavante, Sebastián Castella, José María Manzanares y Miguel Ángel Perera forman parte del paisaje lógico de una gran feria. Su presencia ordena, jerarquiza y da contexto. Pero el peso de la temporada no puede recaer sobre ellos. El aficionado sevillano quiere ver a los que empujan, a los que se juegan el sitio, a los que torean para quedarse y no para cumplir expediente.
Ahí cobran especial sentido los toreros sevillanos con trayectoria y compromiso. Daniel Luqueen plena madurez profesional, representa la regularidad ambiciosa del que quiere mandar desde la constancia. Manuel Escribanotorero de gestas y de tardes ya incrustadas en la memoria reciente de la Maestranza, sigue siendo sinónimo de entrega sin coartadas. Otros como Rafael Sernaconocedor del peso de esta plaza, guarda su oportunidad desde el trabajo callado. oh Javier Zuluetaen su primer año de alternativa, busca consolidarse como nombre fijo en las ferias.
memoria viva
Y junto a ellos, nombres que forman parte de la identidad sevillana del toreo. El Cidreferente de una época y torero profundamente ligado a la Maestranza, sigue siendo una memoria viva que Sevilla no debería perder de vista. Junto a él, otros toreros sevillanos como Oliva Soto, Esaú Fernández, Lama de Góngora, El Astigitano, Alfonso Cadaval, Calerito, Curro Durán o Manolo Vázquez aguardan su sitio desde la constancia y el oficio, representando a una generación que aún espera una lectura más generosa de su trayectoria.
Y en ese mismo territorio de la verdad sin alharacas aparece Diego Urdialestorero ajeno a modas, de tauromaquia desnuda, cuya presencia en Sevilla siempre añade profundidad al cartel y sentido a la tarde. Sevilla, cuando quiere mirarse en el espejo del toreo puro, sabe dónde encontrarlo.
El vaticinio para 2026 es claro: será una temporada donde el abonado deberá contar más, donde los jóvenes tendrán oportunidades reales y donde más festejos solo tendrán sentido si hay contenido y verdad. Sevilla no soporta el relleno ni el cartel sin alma.
Sin Morante, con nuevos equilibrios y con una afición expectante, la Maestranza enfrenta un año decisivo. O la temporada se construye desde el compromiso… o Sevilla lo dirá.
