Ernest Urtasun se ha dado ahora por enterado, con amenazas de sanciones incluidas, de que muchos jóvenes usan el bono cultural de 400 euros para pagar entradas con copas en discotecas. Pero el Ministerio de Cultura conoció estas prácticas desde hace catorce meses, cuando … el Partido Popular anotó una pregunta parlamentaria alertando de que una discoteca había anunciado que aceptaba el bono. Urtasun pasó por alto la advertencia y, lejos de frenar estas prácticas, permitió que varias plataformas ofrecieran ese servicio durante todo este tiempo.
La iniciativa del PP se presentó en diciembre de 2024. Señalaba que la discoteca Fabrik (Madrid) estaba anunciando en redes sociales su adhesión al programa. Se referían a un post publicado en Instagram el 8 de diciembre: «¡Buenas noticias! Ahora aceptamos el bono cultural para pagos de las entradas de nuestros eventos». El PP pidió al ministerio que confirmara esa información y que detallara qué requisitos exigía a las empresas para adherirse y qué controles ejercía sobre ellas.
La respuesta del ministerio, firmada el 24 de febrero de 2025, no pudo ser más evasiva: «La Orden CLT/1424/2023, de 26 de diciembre, por la que se regula el procedimiento para la adhesión de las entidades al programa bono cultural joven exponen la normativa reguladora y el procedimiento de adhesión de las entidades colaboradoras del mismo y los mecanismos de revisión de las entidades solicitantes». Nada más. Cultura no confirmó si el anuncio era correcto ni aclaró si existía infracción alguna. Mientras tanto, durante todo este año, jóvenes de 18 años han podido adquirir entradas con consumiciones –incluso reservadas– con una tarjeta concebida para el consumo cultural.
Basta revisar el perfil de Fabrik en Instagram para comprobar que la práctica se normalizó. En marzo del año pasado anunciaba un «fiestón» con «entradas con bono cultural disponibles» a través de Ticketclub. En agosto se promocionaba otra fiesta por 28 euros «con dos consumos», junto a reservados VIP, habitaciones de hotel y rutas de autobuses «desde toda España», además de «consumiciones anticipadas», con el bono cultural incluido en el enlace. Para la última fiesta de fin de año, esta vez a través de Fever y con el bono cultural, se ofrecían entradas generales con dos consumiciones por 38 euros. Las VIP costaban 90 y las denominadas ‘Backstage Experience’, 120.
«Muchas lo hacen»
Ticketclub no figura actualmente en la lista pública de entidades adheridas al programa. Fever sí aparece, en la categoría de «artes en vivo, patrimonio cultural y artes audiovisuales», la misma en la que está Fourvenues, otra plataforma que ha canalizado estas polémicas entradas. Este apartado estaba pensado para facilitar el acceso a conciertos o festivales, no para financiar copas en discotecas que ofrecen «música en directo». Aunque esto, claro, el real decreto no lo prohíbe de forma expresa.
Jóvenes consultados por este periódico aseguran haber usado la tarjeta para fiestas celebradas en la sala La Riviera (Madrid) y en discotecas como Nuit (Madrid) y Jowke (Alcorcón). «Muchas discotecas lo hacen», ha reconocido a Telemadrid Rafa Muñoz, dueño de Jowke. «Pero nosotros no podemos cobrarlo: tiene que hacerse a través de las ‘ticketeras’. Fue él quien levantó la liebre al difundir un vídeo en redes sociales explicando cómo usar el bono en su local. «Pedro Sánchez te va a pagar tu próxima fiesta gracias al bono cultural», celebraba.
«La mayor partida presupuestaria de Cultura no puede seguir sin control», denuncia el PP
Entre las entidades adheridas figura también la web Bono Discotecas Mallorca, que ofrece un producto dirigido a estudiantes de segundo de Bachillerato que viajan a Mallorca en su fin de curso. «Tendréis la oportunidad de conocer las mejores discotecas y fiestas de la isla», promociona. Es el curso en el que muchos alcanzan la mayoría de edad.
«Advertimos hace tres años del uso fraudulento del bono cultural», denuncia Sol Cruz Guzmánportavoz de Cultura del PP en el Congreso. Recuerda que ya entonces se detectaron reventas en internet de videojuegos adquiridos con la ayuda. «El ministerio nunca ha desmentido que se pudiera entrar en estos establecimientos de ocio con el bono. Este programa carece del control necesario, tanto del gasto como del impacto. La falta de transparencia es realmente preocupante. La mayor partida presupuestaria de Cultura no puede seguir sin control», sostiene.
Silencio de Cultura
Este diario lleva dos días solicitando explicaciones al Ministerio de Cultura sin obtener respuesta. Es lo habitual: el equipo de prensa de Urtasun casi nunca responde a las preguntas de ABC. El ministerio no quiere aclarar desde cuándo conoció estos usos, si ha abierto investigaciones, si ha exigido reintegros ni si ha excluido a alguna empresa del programa. El ministro se ha limitado a anunciar en redes sociales de quienes utilizan fraudulentamente el bono deberán devolver las cantidades y de que las empresas podrán ser penalizadas o excluidas.
El bono cultural concede 400 euros para consumo cultural a los jóvenes que cumplen 18 años en el ejercicio de la convocatoria. Se divide en tres partes: 100 euros para consumo digital (suscripciones a plataformas musicales o de lectura), 100 euros para soportes físicos (libros, revistas o discotecas) y 200 para artes en vivo: conciertos, cine, teatro, museos, exposiciones, espectáculos taurinos… y desde hace al menos un año para fiestas de discotecas.
Es la iniciativa a la que más presupuesto dedica Cultura, en torno a 200 millones de euros al año. La puso en marcha en 2022 el entonces ministro, Miquel Icetacon la intención de fomentar el consumo cultural juvenil y apoyar a un sector golpeado por la pandemia. Iba a ser la punta de lanza del «renacimiento de la cultura en España». Va por su cuarta edición, suma más de 3.800 establecimientos adheridos y ha beneficiado a más de 1,3 millones de jóvenes.
