Un buen día, la madre de Máximo Huerta, con demenciale espetó que dónde estaba su hermano. A él, hijo único de toda la vida, al menos que tuviera constancia hasta ese momento. «Pero el caso es que creció en una habitación … con letras, así que a lo mejor esta historia me rondaba desde hace mucho», explicó en la presentación a los medios en Madrid de la novela resultante.
‘Mamá está dormida’ (Planeta) se basa en su experiencia lidiando con los estragos de la vejez y la enfermedad de su progenitora, pero desde ahí también reflexiona acerca de la memoria, el amor incondicional y el pasado de una generación de mujeres siempre ligadas a los cuidados. «El cuidado le ha venido muy bien a este gobierno, al anterior ya todos, porque ha sido invisible. Algo que no hace ruido, algo que solo han hecho ellas», apostilló.
Huerta dejó una cámara puesta en su casa de Buñol (Valencia) para poder asistir al encuentro mientras tenía vigilada a su progenitora desde el móvil. Pese a que es ficción, su libro está íntimamente ligado a su realidad, por eso una de sus protagonistas es la soledad en su labor de cuidador. «Me hubiera encantado tener hermanos para discutir en este momento de mi vida. Alguien a quien decirle: ‘Vete a la mierda. Hoy te quedas tú aquí, que yo me voy hoy a Madrid’. Y estar tranquilo, no pendiente de la cámara, con esa inquietud, con esa zozobra. Todos esos fantasmas se cuelan aquí», indicó señalando un ejemplar de su libro.
Quizás es una de las razones por la que es un ‘road trip’ en autocaravana que un hijo emprende con su madre demenciada hasta Vera de Bidasoadespués de que ésta le hizo la misma pregunta que la suya. Un viaje en busca de las respuestas que se quedaron encerradas en la residencia de la Sección Femenina que se albergó en el franquismo. «Como ese escenario turbio hubo en muchos lugares de España. Se enseñaba a ser madres, esposas y buenas hijas. La Sección Femenina es la raíz de muchas formas de actuar de mujeres criadas para ser como debían, clones de Pilar Primo de Rivera.. Algunos lo utilizaron para ser felices y huir de sus familias, también hostiles», afirmó.
Todos los españoles que están cuidando ahora mismo son mentirosos. Pero es algo maravilloso
En ‘Mamá está dormida’, de forma paralela a una memoria individual -«es otra de las protagonistas porque es lo que más me inquieta, la que se pierde y la que no queremos contar. Es el único patrimonio que tenemos», resaltó- corre una colectiva: «Nos lleva a aquella época, pero también se puede pasear por ésta porque vivimos en un tiempo en el que los países también están teniendo alzhéimer y mucha demencia social. Se nos está olvidando de donde venimos. Pero, como a mí me gusta retratar desde los pequeños lugares, me he quedado en la estrechez de la caravana», señaló.
Huerta imaginó ese espacio como una vuelta al útero en la que se han invertido los papeles (aunque no siempre, una madre siempre es una madre). El trayecto está cruzado de mentiras. «Es lo que toca, todos los españoles que están cuidando ahora mismo son mentirosos. Pero es algo maravilloso, es novelar. Haces tu fábula de lo que debería ser». También de lucidez. «Ella se llama Aurora por esa luz que las personas tienen en la demencia. De pronto, están luminosas y crees que todo va a ir a mejor. Guarda esos momentos como botes en conserva. Él se llama Federico porque lorca habló siempre muy bien de las mujeres».
Y, en el cruce, se abre paso el humor. «Hay un momento en el que Federico dice que Dios está en todas partes. Y Aurora contesta: ‘Pues espero que no me vea, porque es hombre. Prefiero que Dios sea la abuela haciendo magdalenas‘», recordó. La dureza y ternura se prolongan de la manera en que Huerta se relaciona con la escritura misma de ‘Mamá está dormida’. Pero durante el encuentro rechazó la idea de que la novela haya sido terapéutico: «No, porque entonces seguiría escribiendo. Seguiría hasta que sanara». Para él, el alivio está en otro lugar: «En leer. De hecho, esta novela me hubiera gustado leerla sin haberla escrito».
