Jonathan Nott se ha presentado este jueves en el Liceu como flamante nuevo director musical de la institución a partir de la próxima temporada, cuando ofrecerá el primer título de la Tetralogía wagneriana que pone en marcha el teatro de la Rambla. Y aunque esta figura de la dirección orquestal contemporánea no necesita presentación -pasó 16 años como titular de la Sinfónica de Bamberg, nueve con la Suisse Romande y ahora lleva diez con la de Tokio-, ha llegado a Barcelona con las credenciales bien abrillantadas.
La ópera nunca le ha abandonado. Es el género que despertó de niño su pasión, cuando, educado en el canto coral, soñaba con ser tenor. De hecho llegó a cantar algunos títulos –Malcolm en macbeth de Verdi, La Straniera de Bellini…–, pero pronto vio que no tenía posibilidades. Fue así que comenzó siendo repertorista en la Ópera de Frankfurt y maestro de capilla en la de Wiesbaden.
Y a pesar de lo difícil que es encontrar tiempo para dirigir ópera escenificada siendo director principal de una orquesta sinfónica, el maestro británico no ha dejado de hacer títulos en versión concierto. Y en ellos insisten en que los cantantes no usen partituras, para dar continuidad a la acción. Nott se confiesa muy protector con los cantantes, pues sabe lo que es estar en el escenario y necesitar que “esto y lo otro se respira, se apoye”.
“Yo quería ser Franco Corelli, quería ser el mejor tenor del mundo –confesó ayer en el teatro de la Rambla–. Y lo intenté, comencé a cantar ópera, así que el Liceu y todo lo que el representa ha sido parte de mi vida desde el principio. Crecí con la ópera. Para mí, cada nota musical trata sobre el canto, sobre la línea, sobre el color, sobre la frase y la respiración. La invitación de dirigir el Liceu la sintió como una señal fantástica. Me encanta la idea de estar cerca de los mejores cantantes del mundo”.
Cuantos más líderes que usan palabras agresivas y toman decisiones unilaterales haya en el mundo, más necesaria es nuestra labor de cultivar a la gente”
Pero hay otros atractivos que hacen que haya aceptado el cargo sin dudarlo. Uno de ellos es la gran interacción social que practica el Liceu. “Me conmueve todo este trabajo social que forma parte del faro que el Liceu envía al mundo”, dijo, recordando los orígenes obreros de sus abuelos en la Inglaterra central (él nació cerca de Birmingham) y el paso de ir a la universidad que dieron sus padres. “Cuanto más lleno está el mundo de personas en la cima que no están particularmente cultivadas, que usan palabras agresivas y toman decisiones unilaterales, más tenemos nosotros en el ámbito cultural un papel que desempeñar para devolver la cultura y el estar cultivado a la sociedad”, añadió.
El maestro inglés, que estaba en la lista de los deseados que había confeccionado la Orquestra del Liceu, se encontraba dirigiendo la Tetralogía wagneriana en Basilea cuando recibió la llamada desde Barcelona. Parecía que querían proponerle dirigir su nueva producción de este mismo Anillo del nibelungo, pero “resultó que lo que quería Víctor García de Gomar era que fuera director musical de la casa”.
Todo tenía que suceder bastante rápido. Él puso solo dos condiciones: conocer la orquesta y su espacio, y también a los equipos del Liceu. Vino a verles cuando hacían Rusalka y de nuevo ahora con Tristan. “Como la persona que necesita comunicación verbal y no verbal con la gente”, indica De Gomar. Y también que la Orquesta le validara, cosa que no era necesaria pues Nott figuraba en su lista de nombres deseados para sustituir a Josep Pons.
Pons ha cedido a Nott el podio en el ballet ‘Nijinsky by Neumeier’ esta primavera, pero su primera ópera será ‘El anillo’ de Wagner
El director saliente le ha cedido el podio en Nijinsky de Neumeiercon el Ballet de Hamburgo, esta primavera. Es una manera de hacer posible que conozca la orquesta y no esperar año y medio a hacer su aparición, cuando dirija la tetralogía de Wagner que es presentar la temporada 2026/2027 con dirección de escena de Tobias Kratze. La producción inacabada de Romeo Castellucci que Barcelona compartía con la Monnaie de Bruselas no ha encontrado coproductores que la hagan viable.
Proyectos recientes
Jonathan Nott ha ocupado cargos como director musical de la Ópera de Lucerna, director titular de la Sinfónica de Lucerna y director musical del Ensemble Intercontemporain. Debutó con la SWR en el Festival de Baden-Baden con electra y como director musical de la Orchestre de la Suisse Romande impulsó nuevas producciones de La barbiere de Sevilla de Rossini, Pelléas y Mélisande de Debussy y caballero rosa de R. Strauss en el Gran Teatro de Ginebra. Dirigió versiones en concierto de Tristán e Isolda en el Festival de Edimburgo, y de Falstaff y el anillo en el de Lucerna con la Sinfónica de Bamberg, de la que fue director titular entre 2000 y 2016. Acaba de completar una nueva producción de el anillo en el Teatro de Basilea. Durante sus 12 años como titular de la Sinfónica de Tokio, ha impulsado la trilogía Mozart/Da Ponte, Salomé, electra, El caballero de la rosa y Gurrelieder de Schönberg. Entre sus proyectos recientes destacan la producción de San Francisco de Asís de Messiaen dirigida por Adel Abdessemed en Ginebra. Actualmente está de gira por Asia con la OSR.
El talante de Nott es el del director que huye de ostentar el poder. “Nuestro trabajo como líderes, en este caso como directores, es recordar que solo puedes usar la mitad de tu cerebro en el cómo, el resto del cerebro es para el por qué”. “Lo más maravilloso es –añade– que si tienes una idea que es contagiosa y la sugieres a alguien más, y ellos te la devuelven como si fuera su propia idea y se sienten cómodos con ella, entonces comienzas a construir un equipo que va en una dirección, porque no todos pueden tener una visión general”.
Lo que le encantaba de joven era cantar chanson francesa. Y habría querido ser un cantante italiano. No tanto la música alemana. Aunque en los últimos lustros ha hecho mucho repertorio alemán, “lo cual es fantástico, dado que somos la primera casa que tocó Parsifal fuera de Bayreuth avanzándonos a la medianoche”, comenta sobre la hazaña del Liceu de 1913.
maestro de reiki
Estando en Japón, Jonathan Nott pasó una neumonía y alguien le propuso practicarle reiki, la terapia alternativa desarrollada en 1922 por el budista japonés Mikao Usu que consistía en imponer las manos para transmitir energía humana. Fue así que descubrió la cantidad de calor que pueden desprender sus propias manos. “Sólo lo práctico sobre mí mismo, no sobre otras personas”. “Con los años he llegado a entender -admite- que la verdadera grandeza en la dirección musical radica simplemente en la formación y reformulación de una energía humana inexorable, en flujo constante, creada por los músicos y cantantes, y transmitida y reflejada por el oyente mediante esta forma tan fundamental y maravillosa de comunicación no verbal que llamamos ´no llamamos ´. propósito, y también el nuestro”.
“Uso la música como prueba de que existe otro mundo. Llámalo cielo si quieres, llámalo otra dimensión Pero este mundo es de donde creo que venimos y este otro mundo no tiene gravedad. Para mí no quiero que la música tenga gravedad que me tire hacia abajo. Hay directores que esto no les hace sentir seguros y en control. Es otro tipo de gusto musical. A mí no me gusta que esté pegado al suelo. Yo a los cuatro años quería cantar porque sentía que podía volar con la música. No había gravedad. Así que me gusta la música que siempre se mueve”, apunta.
Pero, ¿qué repertorio quiere hacer este músico del que el Liceu alaba la lucidez intelectual y “una intensidad expresiva que conjuga rigor analítico e impulso poético”? “Me gustaría hacer algo de Puccini que no haya hecho antes, como Manón oh La fanciulla del oeste. Y me gustaría encontrar un enfoque nuevo: hemos hablando de hacer algo de La Fura dels Baus , porque recuerdo esa experiencia maravillosa con su Parsifal en Colonia, con proyecciones de coches de carrera en la que hay un accidente y se supone que alguien ha muerto. Con este color de los años 50, 60 ya este momento muy rápido, y luego esta muerte, con esta música lenta. Nunca habría imaginado algo así. Y también hay que ver qué podemos hacer de música contemporánea”.
Nott lleva 27 años viviendo en Lucerna. El Brexit le dejó sin derecho a voto en ninguna parte. Ahora tiene intención de pasar tiempo en Barcelona
Nott lleva 27 años viviendo en Lucerna. El Brexit le dejó sin derecho a voto en ninguna parte, explica. Pero tiene clara su intención de pasar tiempo en Barcelona. Por lo menos, las siete semanas que le llevará cada ópera escenificada que dirija, que por contrato serán dos y en algunos casos podrían tres. Además dirigirá dos de los cuatro conciertos sinfónicos de la Orquestra, que a partir de ahora contarán con un abono.
“Estaré desde el primer al último ensayo –confirmó–, lo que significa que necesito un piso en Barcelona, que me dé tiempo también para aprender catalán. Además, mi hija de 17 años está emocionada con venir aquí. Mi intención es dedicar la siguiente parte de mi vida a este lugar en el mundo”. Ah, y cuando le inviten en algún festival, querrá llevarse, dice, la Orquestra del Liceu con él.

