Conocí muy poco a Álvaro Uribe. Me gustaba la política, quizás porque siempre estuve cerca del servicio social y la política no es otra cosa que una forma de servicio a la sociedad. Sin embargo, Yo era ajena a la política, un oficio más de mi marido que mío. Él tiene esa vena por su papá, José Vicente Lafaurie Acosta, un pionero en la siembra de algodón y senador de la República en cuatro ocasiones por el Magdalena Grande.
José Félix, como su padre, era de la entrada del Partido Conservador, muy cercano a las ideas de Álvaro Gómez. De hecho, fue su secretario político durante años e incluso lo acompañó en el paso que dio cuando se retiró del Partido Conservador y creó el Movimiento de Salvación Nacional, con el que aspiraba a la Presidencia en 1990. Durante su mandato, César Gaviria llamó a José Félix para ofrecerle el Ministerio de Agricultura, cartera que estaba a cargo de María del Rosario Síntes.
‘Yo soy Cabal’ Foto:ministrada
Pero bueno, Finalmente me encontré con los resultados tangibles del gobierno Uribe.después de esos años terroristas en que le entregamos el país a las Farc. En un solo año Uribe recuperó el territorio y la percepción de un nuevo país era totalmente evidente.
Yo había creado mi empresa de viajes para jóvenes y era exitosa, pero tenía el alma vacía. Necesitaba una razón de vida, y esa razón nuevamente fue ayudar a los demás. Me encontré con líderes chocoanos como Manuel y Graciano; muchachos indígenas como Víctor Carpio, otro al que las Farc le habían puesto el ojo por sus causas. Lo acusaban de haberle entregado información al Ejército para dar de baja a alias Silver, un guerrillero importante para ellos. De Víctor no volvió a saber nada. Lo habían desplazado a Bogotá.
Todo esto cambió mi vida, todo se fue transformando. Incluso la oficina de la empresa se convirtió en la oficina de un activista, con gente de todas partes que llegaba pidiendo ayuda de distinto tipo: hacer tutelas, derechos de petición, asesorías jurídicas, ayudas con ropa, con comida. Gente que lo había perdido todo por culpa de la guerrilla inicialmente, y luego por la respuesta de los paramilitares.
María Fernanda Cabal no tenía cercanía con el gobierno de Uribe. Foto:Campaña María Fernanda Cabal
Yo no tenía cercanía con el gobierno de Uribe. Quien era cercano era mi hermana Ana Maríaque le había ayudado en su primera campaña desde Estados Unidos. También mi esposo, José Félix, era allegado a Uribe. Sin embargo, no era fácil acceder a él.
Empecé a tocar las puertas de congresistas como Juan Carlos Vélez para informarles de situaciones que ameritaban un debate de control político. Aún recuerdo a Pedrito Pereira, un congresista muy querido de la Costa, que me dio el permiso para que las comunidades indígenas, que eran no afectas al Cric, tuvieran la posibilidad de ser escuchadas y pudieran contar esa verdad que termina siendo oculta y mezquina frente a un Congreso de regiones que también calla, se hace el loco o se aparta de los problemas para no enfrentarlos y evitar compromisos adicionales. José Félix me ayudó a hacer ese contacto.
Me encontré con muchos tropiezos, incluso dentro del gobierno de Uribe, por parte de funcionarios que eran abiertamente favorecedores de ONG de extrema izquierda. Algunos, supongo que por convicción; otros simplemente por ‘acomodamiento’, preferían dejar todo así, a pesar de que las comunidades sufrieran. Era mejor dejar ‘todo así’. Además, la prensa estaba volcada a creerles la mentira, a pesar de haber sido un gobierno tan asertivo, con un trabajador incansable como Uribe, que les exigía a sus funcionarios acciones excepcionales.
Recuerdo que la única vez que no cambió de canal en el televisor cuando un presidente estaba haciendo una alocución fue al escuchar a Álvaro Uribe. También me interesaban sus Consejos Comunales, tan críticos por opinadores de la prensa y analistas académicos, cuando en realidad lo que se necesitaba era eso: el pequeño proyecto, el puente que nunca se iba a construir, lo que le resolviera la vida a la gente en su entorno inmediato.. Eso que jamás se soluciona en la ruralidad de Colombia.
Cabal recordó la vez que no cambió de canal en una alocución. Foto: John Pérez/El Tiempo. Foto:John Pérez / El Tiempo
Por eso, el nombre de Álvaro Uribe quedó marcado como un sello en la memoria de los colombianos que vivieron la transformación del país y vieron que en su región se hizo lo que jamás se había hecho. La huella indeleble de Uribe quedó marcada en el sentimiento de los colombianos como uno de los mejores presidentes que ha tenido la República de Colombia.
En fin, la prensa era la que más daño le hacía. Algunos medios eran cómplices de la izquierda y otros, sencillamente, estaban mal informados por la propaganda de las ONG. Esto hacía que los congresistas no se atrevieran a dar batallas, por desconocimiento, creo, y por indiferencia también.
Había también funcionarios que se prestaron a ese fuego amigo, como el entonces director de Etnias, que se paseaba con los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y con la ONG Justicia y Paz del cura Javier Giraldo, y después producían unos informes sesgados y vergonzosos, ocultando la realidad, pues, para el caso de los habitantes de raza negra, el 99 por ciento no querían zonas humanitarias, ni historias falsas donde terminaran rotulados, expuestos y asesinados como sus líderes.
El Ministerio del Interior era especialmente antipático. Recuerdo que le pedí cita a Fabio Valencia Cossio, entonces encargado de esa cartera, pero su secretaria nunca me la quiso dar. Supongo que él jamás se enteró. Años después se lo reclamé, ya cuando fuimos mucho más cercanos, pues él siempre ha sido próximo a José Félix. Pero así es la vida en la política.
En todo este camino arrastré un gran sufrimiento y un deseo de lucha contra la injusticia.a, que me motivó a conocer Colombia, la profundidad, la guerra, las comunidades; sin propaganda, sin ninguna intención de usar a la gente, sin ambición ni vanidad personal.
Cabal expresó que compartía con Uribe la obligación de ayudar a la gente más necesitada. Foto:Prensa María Fernanda Cabal
Tengo un grato recuerdo de Paola Holguín, quien fue una de las pocas funcionarias que siempre estuvo dispuesta y con las puertas abiertas para atender a estas comunidades negras. Paola, que en 2009 había reemplazado a José Obdulio Gaviria como asesora presidencial de Uribe, me ayudó incondicionalmente. Eso me quedó grabado en el alma. Es en esos momentos cuando uno conoce de qué están hechas las personas. Ella tenía la capacidad y la disposición. No siempre se encuentra esta doble condición.
Años después se lo dije al presidente Uribe y al mismo vicepresidente de ese entonces, Francisco Santos: tenían en su gobierno una cantidad de personajes completamente antiuribistas, afines a las ONG, que atacaban a la administración de manera permanente.
Por eso yo le tomo del pelo hoy y le digo, en tono divertido, que tiene corazoncito mamerto. Sí, él es liberal. Eso es bueno en el sentido de la defensa de los derechos civiles, de las libertades de asociación, de pensamiento, de cultos y, sobre todo, de la defensa de la dignidad humana. Pero él le tiene aversión a la palabra ‘derecha’, como si le recuerda la exaltación de privilegios de élite o dictaduras como la de Pinochet.
Fue en un debate frente a empresarios en Bucaramanga donde tuve la oportunidad de aclararle que la controversia entre izquierda y derecha es escasa e insuficiente, porque están por encima la libertad económica, el individuo creador de su propia riqueza, el acceso al capital y el Estado pequeño. Sin embargo, a pesar de estas posturas que son más producto del prejuicio, comparto con Uribe la obligación de ayudar a la gente más necesitada.
Entretanto, yo seguía ayudando a la gente.. Adán Quinto fue otro líder excepcional, que incluso había trabajado de la mano de las ONG, y su testimonio falso en contra del general Rito Alejo del Río ayudó a su condena, a pesar de que se retractó una vez conoció que él, como otros, eran instrumentalizados por las ONG en contra de las comunidades.
Adán Quinto se atrevió a denunciar a los curas, especialmente a uno, Daniel Arturo Vásquez, por el presunto robo de las casas de Cacarica. Eran casas para desplazados del Atrato que nunca se construyeron, a pesar de que el dinero se había entregado. Años después de su incansable lucha y su soledad, también fue asesinado. Era el representante legal de la Fundación Nuevo Retorno. Lo mataron de la manera más indigna, cuando salía de su casa a comprarle algo de comer a su niña. Lo mataron las Farc.
La muerte de Adán me dolió profundamente, pero también me marcó.. Fue uno de esos golpes que terminaron por soportarcer el alma y abrir los ojos. Ver cómo el país permanecía en silencio, mientras las Farc seguían asesinando a quienes se atrevían a denunciar, me convenció de que había una doble moral que lo contaminaba todo: la de los que callaban por miedo o conveniencia, y la de los que convertían a los victimarios en héroes. Esa indignación, acumulada durante años, fue la que un día explotó en un simple trío.
