Por mucho que se haya insistido en ello en las temporadas donde el Sevilla FC ha tenido equipos lo suficientemente fuertes como para poner en problemas a los grandes del fútbol español, lo cierto es que su nivel en los grandes estadios siempre ha dejado … mucho que desear. En la época más gloriosa en la historia nervionense, sus resultados en Barcelona y Madrid -contando sus dos estadios- han estado lejos de lo que se espera incluso de un aspirante por momentos al título de Liga. Cada año que pasa esta carga parece aumentar a la misma vez que la plantilla va menguando de calidad. De hecho, ante el rival de este domingo en el Camp Nou, el equipo de Nervión sólo ha sido capaz de imponerse en la Ciudad Condal en la Copa del Rey cuando ha ido peleando en la parte alta de la clasificación, ya que su último triunfo data de 2002, cuando los hombres de Joaquín Caparrós eran unos novatos en el campeonato de Liga, tratando de acoplarse nuevamente a le élite del fútbol nacional. Aquellos goles de Casquero y Toedtli -por partida doble- aún siguen vigentes en el imaginario del sevillismo. Necesita cambiar algo, aunque vista la distancia entre unos y otros, no parece el momento más adecuado para romper con el maldito estadio de la historia del Sevilla.
Porque mirando los datos históricos y teniendo hasta tres sedes distintas el FC Barcelona -una temporal por las obras del Camp Nou- el número de victorias del Sevilla en el estadio del Barcelona arroja el peor porcentaje de todos los nacionales (7%), con sólo seis victorias ligueras, sólo una en este siglo. Y es que desde esa Navidad de 2002 han pasado más de 23 años. Un total de 22 partidos oficiales en Liga, con un total de 19 derrotas y tres empates. Son recordadas incluso las igualadas. La primera de ellas fue en el famoso partido del gazpacho y la medianoche, con gol de José Antonio Reyes de penalti y empate genial de Ronaldinho; el segundo de esos empates tuvo como protagonista a Javi Varas en 2011, también con penalti detenido incluido; por último, con las gradas vacías por la pandemia, empate a un gol en 2021, con Julen Lopetegui en el banquillo.
Luuk de Jong se enfada ante un error suyo ante el Barcelona en 2021.
(EFE)
Las derrotas han sido, como es lógico, numerosos y sonrojantes, habiendo recibido en estos partidos hasta 59 goles en contra, por sólo 11 a favor. Una dinámica desastrosa que ha durado demasiados años y que sólo se maquilló con aquella victoria en la Copa del Rey (2010) protagonizada por Diego Capel y Álvaro Negredo. Era la primera vez que alguien echaba al Barcelona de Guardiola de una competición, con exhibición de Andrés Palop en el partido de vuelta en el Sánchez-Pizjuán. Una pequeña alegría que terminó en historia al jugarse la propia final del torneo copero en el estadio del Barcelona, donde los sevillistas superaron al Atlético de Madrid, sumando su quinto entorchado en la competición, el último hasta la fecha, puesto que han caído en dos finales posteriores ante el mismísimo Barcelona, una bestia negra dentro y fuera de su estadio. Un conjunto, antes con Messi y ahora con la nueva generación, casi imposible de ganar.
La goleada en Nervión
Se dice imposible porque el Sevilla se llevó una de las grandes alegrías de la temporada en el partido de la primera vuelta ante el Barcelona en el Sánchez-Pizjuán. Llegaban los hombres de Flick con bajas relevantes en ataque: Raphinha y Lamine Yamal. Era el 5 de octubre y los hombres de Matías Almeyda volaron sobre la hierba ante un conjunto azulgrana totalmente expuesto con esa defensa metida en campo rival que destrozaron una y otra vez los pases a las espaldas de los laterales de los locales. El sevillismo disfrutó como no recordaba con ese 4-1. Pasó por encima de uno de esos rivales a los que se les espera con ganas por la capital andaluza, por ese daño que siempre infringen en cada derrota que se lleva el equipo más débil. Fue el momento de tomarse la justicia por su mano. De cantar victoria diez años después ante un equipo catalán al que apenas le hace cosquillas en los dos campos. Esperar que en una misma temporada ocurra dos veces esa especie de milagro de ganarle al Barcelona es excesiva, aunque Almeyda preparó el partido de la primera vuelta con un mimo especial e intentará incidir en esos mismos aspectos en el partido del Camp Nou.
Álvaro Negredo y Diego Capel celebraron un gol en la Copa de 2010.
(EFE)
«Aquí no le ganábamos desde hace diez años y se contaron muchas cosas negativas. Hubo lucha, amor propio, entrega…», describió un entrenador argentino que ha ido moderando o rebajando su discurso y al que le tocará nuevamente ver el encuentro desde un lugar que no es el banquillo. No podrá sentarse en los nuevos asientos destinados al primer equipo en el remozado estadio de Barcelona. Otra espina parecida a la del derbi, donde terminó en el autobús. Aunque si la imagen es parecida a la de las últimas semanas, el enfado del argentino quedará, como poco, apaciguado. «Estuvo bien estudiado y salió. Si dejábamos avanzar al Barcelona nos podía hacer daño. Teníamos que estar concentrados y después había que jugar, porque no sólo había que defender. Quedó claro lo que habíamos entrenado, lo bueno y lo malo», reflexionaba aquel día Almeyda, que dejó patente que con trabajo detrás se pueden encontrar este tipo de situaciones. Aquel día no tuvo que preocuparse de los extremos de Barcelona. Ahora no hay vuelta atrás.
«En Sevilla no le ganábamos desde hace diez años y se contaron muchas cosas negativas; estuvo bien estudiado y salió. Quedó claro lo que habíamos entrenado, lo bueno y lo malo»
Matías Almeyda
Entrenador del Sevilla FC
De todos modos, Flick y sus hombres deben preparar la vuelta de la Champions ante el Newcastle. El resultado del partido de ida (1-1) la deja en el aire y en Inglaterra se dio cuenta de que tendrán que poner todo el físico a disposición para superar un rival que les exigirá al máximo. Por tanto, el entrenador puede introducir algún tipo de rotación, siempre reservando hombres en el banquillo que puedan darle la vuelta a un encuentro que se ponga cuesta arriba. La Liga también importa y la distancia con el Real Madrid sigue sin ser relevante.
El vestuario del Sevilla, por su parte, está animado. Existe la sensación de que lo sucedido en el partido del Sánchez-Pizjuán puede alertar en algo al Barcelona, aunque seguro que si planifican el partido de un modo parecido, al menos tendrán sus opciones durante el encuentro. Uno de los que podría tener minutos y que ha cambiado la dinámica sevillista en las dos últimas salidas (Getafe y Betis) ha sido Januzaj. Expresó en sala de prensa el sentir de toda la plantilla: «Siempre hay que creer en la vida, si no nos quedamos aquí y no vamos. Vamos a intentar ganar, lo hicimos en casa y lo vamos a intentar allí también». El objetivo del Sevilla no puede ser otro que el de dar la cara. Sólo ha perdido un encuentro en las ocho últimas jornadas y ese síntoma provoca cierta tranquilidad e incluso entusiasmo antes de visitar el estadio maldito de Sevilla. Maldiciones que algún día deberá romper.
