Si las finales suelen ser aburridas, el Portugal-España donde las selecciones ibéricas se jugaban el cetro europeo desmontó por completo ese cliché con 20 ocasiones y cuatro goles entre ambos conjuntos nacionales antes de llegar al ecuador de la primera parte. Al final, España se apoyó en un inspirador Antonio, que escribió un tres tantospara recuperar el lugar que le había pertenecido durante tanto tiempo.
Los dos combinados nacionales no especularon y salieron con todo desde el inicio. Jesús Velasco, seleccionador español, alineó en el quinteto inicial a tres jugadores de Jimbee Cartagena, campeón de las últimas dos Ligas en España, y dos del FC Barcelona en una combinación que no podía salir mal. Y es que los españoles abrieron la lata tan solo dos minutos después del pitido inicial gracias a la inteligencia de Pablo Ramírez para fijar a la defensa y al zarpazo de Antonio, que superó a Bernardo Paçó con un gran chut desde fuera del área. Antes, prácticamente en la primera acción de la final, Dídac Plana fue fundamental anulando a Panny Varela en un uno para uno donde el portero de Arenys de Mar le leyó perfectamente las intenciones.
Si la apuesta inicial de Velasco se antojaba inmejorable, fue superada por Rivillos, Raya, Cecilio y Adolfo, quienes nada más salir a la pista del Arena Stožice de Liubliana (Eslovenia) consiguieron ampliar la renta del combinado español gracias al tanto de Raya. Pero Portugal, que llegaba a la final europea tras proclamarse campeona en las dos últimas ediciones, no había dicho ni mucho menos su última palabra. En una acción rocambolesca donde Cecilio reclamó una falta previa por un empujón, los lusos estrenaron su casillero particular con un gol de Alfonso Jesús desde el segundo palo a pase de Diego Santos.
Envalentonados tras verso con una losa que para cualquier otra selección sería insorteable, Portugal se reveló y consiguió empatar la final con un gol de bella factura de Lúcio Jr, quien recibió por delante de David Novoa y consiguió girarse a las mil maravillas para clavar el balón en la escuadra con su pierna izquierda.
Sin embargo, España tomó oxígeno gracias a las cinco faltas cometidas por los portugueses cuando quedaban tres minutos para enfilar a vestuarios. Erick Mendonça, jugador del Barça, cometió una imprudencia y golpeó la cara de Pablo Ramírez con el codo para que la selección de Jesús Velasco gozase de un lanzamiento desde los 10 metros a falta de 42 segundos para el descanso. Antonio superó, no sin suspense, a Edu Sousa, portero de ElPozo Murcia y que había entrado por para detener el lanzamiento desde los 10 metros. El portero portugués tocó el balón, pero no consiguió frenar el lanzamiento del cierre jienense dirección a gol.
En la segunda parte la selección de Velasco ajustó la presión sobre el balón y Jorge Braz, seleccionador portugués, no encontró respuestas ante el dominio español. Un robo de Cortés, que combinó a velocidad de crucero con Antonio, no entró entre los tres palos por muy poco. España, con más ambición que los lusos, se hartó de recuperar balones en los primeros minutos que obligaron a intervenir a Bernardo Paço en varias acciones que le exigieron al máximo. Pero, cuando mejor se estaba encontrando España en la final, Cortés erró en la entrega y Portugal no perdonó gracias a la sangre fría de Pauleta.
Cuando más le podía temblar las piernas a España, Antonio emergió en busca de respuestas. El jienense, a falta de cinco minutos para el final, protagonizó una inmensa acción personal que finalizó él mismo tras combinar con Cecilio para anotar el tres tantos y acercar a la selección española al título.
Braz, desencajado, dio entrada a Tiago Brito con la camiseta de portero-jugador a falta de 2m26s para el pitido final en busca de una solución. Pero lo que se encontró con el seleccionador portugués es el 3-5, obra de Adolfo, que permitió al combinado español recuperar el trono europeo 10 años después.
