Cuando el Barça ganó la Liga en el campo del Espanyol, un Joan Laporta pletórico declaró que el título le hacía muy feliz porque se había ganado “contra todo y contra todos”. Ayer, viendo cómo el presidente resistía el diluvio de granizo que, con la fuerza de una pirotecnia líquida, cayó sobre el estadio en obras, los culés pudimos imaginar un anuncio electoral que combinara la épica de esta imagen –blanco y negro, cámara lenta, banda sonora enfáticamente dramática– con el lema “Contra todo y contra todos”.
El detalle de no aceptar paraguas y resistir hasta el final del partido ya forma parte de una campaña que comenzó cuando se supone que las próximas elecciones serán, por recomendación del área deportiva del club, el 15 de marzo. Es el mismo día en el que, sin ninguna ironía, se celebran, además de Santa Luisa, los derechos mundiales del consumidor, amenazados por la expropiación del fútbol a manos de una oligarquía cada vez más oscura.
Olmo y Raphinha supieron aprovechar los dos regalos del Oviedo
La tarde había comenzado con sol y cuarenta minutos preocupantes, de fútbol de baja intensidad por parte del Barça y un planteamiento audaz del Oviedo. Los fabricantes de argumentos para la previa habían calentado el partido repitiendo aquello de que “el Barça está obligado a ganar”, o tiene que ganar “sí o sí” o “sería imperdonable que no ganara”. Quizás para llevarles la contraria, el equipo jugó más para empatar o perder que para ganar hasta que el Oviedo se compadeció de nuestra ineficacia y decidió regalarnos dos oportunidades de gol que, con buen criterio, Olmo y Raphinha supieron aprovechar.
En aquel momento el cielo empezó a nublarse sin que los sufridos espectadores pudieran prever que todavía podrían ver un gran gol de tijera lateral. con la gente de manilles de Lamine Yamal y asistir a una versión condensada del diluvio universal. Johan Cruyff ya decía que el secreto del fútbol radica en provocar errores en el juego del rival y aprovecharlos con el suficiente acierto para imponerse, y Napoleón recomendaba: “Nunca interrumpas a un enemigo cuando esté cometiendo un error”.
Olmo celebra junto a Koundé el gol que rompió el empate a cero
Es la diferencia entre los grandes equipos y los equipos más humildes: los primeros aprovechan los errores rivales y los más humildes suelen “perdonar”. Es una justicia poética descompensada que, para los culés, les permite mantener el liderato ante el Real Madrid y evitar que los ideólogos de la idea del “ganar sí o sí” impongan alguna otra consigna absurda.
Ayer había razones para no esperar un gran despliegue de intensidad por parte del Barça. El calendario obliga en forma de lesiones, aunque todo el mundo finja que lo tenemos que aceptar “sí o sí” y que debemos entender que, para salir adelante, tendremos que sobrevivir a más partidos como el de ayer, jugado a la carta, confiando que el rival nos hará regalo algún que ya nos encargaremos de aprovechar. Este recurso de la superación azarosa de obstáculos como parte de una estrategia de victoria también podría trasladarse al ámbito electoral. Las candidaturas que aspiran a ganar a Laporta tendrán pocas semanas para activar sus equipos de campaña y facilitar las reuniones en los diferentes reservados de los restaurantes de la ciudad. Laporta, en cambio, solo tendrá que seguir como hasta ahora y esperar los errores de sus adversarios.
