Carne de meme en las redes, futbolista abnegado y eterno empleado del mes, Álvaro Arbeloa se ganó anoche el respeto del mundo del fútbol gracias a la gestión de un grupo que al saltar al Bernabéu parecía la banda del Empastre y terminó apabullando por 3-0 al Manchester City de Pep Guardiola, buen conocedor de cómo las gasta el Real Madrid en la Liga de Campeones.
Arbeloa es una figura antigua en los banquillos, corta de glamour y sobrada en modestia. el hombre de la casa al que solo llaman para apagar incendios. Tiene, además, un aire de profesor de instituto de capital de provincias al que los alumnos gastan chuflas en cuanto les da la espalda y escribe en tiza blanca la conjugación de algún verbo irregular. Docentes con paciencia y su corazoncito, como demostraron al abrazar al sustituido Thiago Pitarch tras cometer el canterano una pifia monumental en su propia área, subsanada por el santo Courtois.
Eternos empleados del mes, Arbeloa y Valverde fueron los triunfadores de una noche sin broche por error de Vinícius
El Real Madrid fue, como en otras épocas, un equipo no de autor sino de los jugadores, mérito indirecto de Arbeloa por aquello de hacer lo justo para que luciesen ellos y no él y sus interferencias. La prolongación en el campo del espíritu de clase media de Arbeloa la ejerció Fede Valverde y no –como era previsible– Vinícius. El uruguayo, detalle relevante, se marcó tres goles –exquisito el tercero– sin dejar de trabajar con una intensidad que ningún goleador ha tenido jamás. La exhibición de Valverde fue rotunda, propia de un jugador al que todos querrían en su equipo.
Hizo bien Vinícius en pedir perdón a su afición tras fallar un penalti con el 3-0 en el marcador. Empleó la técnica Lewandowski y acomodó mal, muy mal, el disparo, con lo sencillo que es colocar un balón raso, seco y junto a un palo cuando se tiene la técnica del brasileño. La parada de Donnarumma, unos de sus pocos aciertos, evitó el 4-0. Un penalti desperdiciado que bien podría sobrevolar el próximo martes en Manchester si el City sale a marcar y marca en los primeros minutos. Anoche, la salida del equipo inglés silenció el Bernabéu, que temblaba con la fragilidad de sus laterales y esos balones perdidos en el área que presagiaban un 0-1. Pasados los primeros veinte minutos, el City se diluyó, previsible y ausente, como si no les fuese nada en el partido. Los aires de fin de ciclo en lo que a Guardiola se refiere fueron claros.
La eliminatoria no está sentenciada aunque anoche se confirma lo que todos sabemos: el Real Madrid se transforma en la Copa de Europa. Ayer saltó un equipo de retales y jugó con un compromiso, orden y empuje que no hizo añorar las ausencias. Lección del profe anónimo y noche de Valverde.

