En la sala de prensa de la Ciudad Deportiva del Benfica, al sureste de Lisboa, cruzada ya el Puente 25 de Abril, esa mini fotocopia del Golden Gate de San Francisco, el aura de José Mourinho permanece intacta. A sus 63 años recién cumplidos, y … ya en el caso de su carrera, sigue siendo un imán a nivel mediático. Allí le esperaban más de una veintena de enviados especiales desde Madrid, ávidos de ver uno de sus shows delante del micrófono. Y no defraudó, aunque también es verdad que con un perfil algo más bajo de lo habitual: «Este partido es difícil de prever. Hay un componente de imprevisibilidad que es complicado de gestionar. Hemos analizado al adversario, tenemos nuestro plan de juego, pero el componente imprevisible del fútbol está ahí. Solo nos vale ganar y sabemos quién tenemos delante, pero también quiénes somos».
Puntual a su cita, a las 15.00 horas (14.00 en la capital lusa), apareció Mourinho, que contestó a cinco preguntas de periodistas españoles, una de ellas de ABC. Este periódico le consultó si su reflexión de la semana pasada, sobre la moda de contratar entrenadores jóvenes en los grandes clubes, le parecía correcto en el Madrid con Arbeloa, cuestión que aprovechó para dar un pequeño palo a la prensa y deshacerse en elogios hacia el nuevo técnico blanco: «Vosotros, los periodistas, tenéis una calidad que respeto mucho. Llevad las cosas donde queréis. La pregunta que me hicieron era sobre Spalletti y mi respuesta fue sobre él. Mira, te voy a contar una historia. En el año 2000, el Benfica llamó a un entrenador que no había entrenado a nadie. Ese entrenador no respondió porque pensaba que le querían de asistente. Sí, era yo. Eso me ha pasado a mí. Lo que dije la semana pasada os ha venido bien a los españoles para hablar de Arbeloa ya los italianos de Chivu. Ambos son mis niños y son especiales. Desde el punto de vista humano, Arbeloa es de mis jugadores humanos favoritos. No ha sido el mejor, pero quizás ha sido de los mejores hombres del Madrid. Espero que le vaya todo muy bien y tenga una carrera fantástica».
Piropos hacia Arbeloa que continuaron cuando se le insistió en la nueva aventura del salmantino: «Cuando me enteré de que iba a entrenar, lo primero que pensé es que le fuera todo bien. Arbeloa puede entrenar en cualquier club del mundo y yo quiero que al Madrid le vaya bien. Así que imagina si ahora le entrena Arbeloa si quiero que le vaya bien al Madrid. Es un club al que quiero mucho». En lo que no quiso ahondar Mou es en qué tipo de entrenador es Arbeloa, sincero cuando se le preguntó qué tipo de entrenador cree que puede ser: «No puedo analizar a Arbeloa como entrenador porque no le conozco. No he seguido con mis ojos su trayectoria con los jóvenes, solo los resultados. Pero no necesita ningún consejo mío. Para gente que empieza, como Álvaro, es importante que te guste, que te guste mucho ser entrenador. Eso es lo que me deja tranquilo, que le guste mucho. Ser entrenador es una misión muy difícil, porque hay mucha gente e ‘influencers’ del fútbol que saben más que tú, y que hablan de ti cada día y te critican cada día».
Con tanto elogio, lo normal sería pensar que en estas dos semanas han hablado, pero Mourinho confesó que todavía no ha habido conversación entre ambos: «No he hablado con él. Mi móvil es complejo. Tengo el teléfono del club y el de mi familia. Y mis otros móviles van cambiando de número y he perdido muchos contactos. Pero con Arbeloa no es necesaria una llamada para desearle mucha suerte. Él lo sabe y él piensa lo mismo de mí».
Tampoco se olvidó Mourinho de Alonso, a quien también calificó como otro de sus niños: «Es otro de mis chicos. Solo tengo recuerdos positivos de él y ya he tenido la emoción que tendré mañana de jugar contra Álvaro. Fue una alegría grande lo que hizo en el Leverkusen, también una alegría que entrenara al Madrid, pero lo que pasó y cómo terminó, honestamente, no me interesa. En el fútbol ya nada me sorprende. Estoy seguro de que su carrera irá en otras direcciones y mostrará el nivel que mostró en el Leverkusen».
