«Gonzalo no la doma» es un decir de Martínez, el Homero del Negreirato, para decir que Gonzalo, el Van Basten con el que Xabi nos arrebató a Endrick, no controla un balón, habilidad que para Cruyff contenía todos los secretos del fútbol: tres pases … en un toque.
Gonzalo no la doma en el césped y Arbeloa no la iba a domar en el banquillo, pero en dos eliminatorias de Champions les ha ganado los cuatro partidos a Mourinho y Guardiola con Valverde y Vinicius, el lote que había que vender para comprar a Rodrigo Cascante, Rodri, el Balón de Oro del City. Menuda domina de egos. ¡Gloria al Cono!
–Cono ayutorio de nuestro dueño Christo, dueño Salbatore, qual dueño ye tena honore e qual dueño tiene tela mandacione cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos siéculos…
He aquí el primer vagido de la lengua española, traducción de un monje que anotó un sermón de San Agustín en el monasterio de San Millán de la Cogolla. Dámaso Alonso reparó en que el primer balbuceo de la lengua española es una oración, en tanto que los primeros murmullos de la lengua francesa son militares, y los de la lengua italiana, una discusión por tierras.
El Cono endosándole una manita al Colonias no lo vieron venir nuestros ratones del Relato, más un penalti fallado en el Bernabéu y otro penalti birlado en modo Negreira por el francés Clément Turpin en grosero y continuó agarrón a Mbappé, su paisano, en el área. Martínez, el Homero del Negreirato, aclaró a la audiencia que Turpin no pitó el penalti porque la eliminatoria «ya está encarrilada». Son sus costumbres, y hay que respetarlas. Pero si Turpin cojea, ¿qué nos queda del arbitraje?
El MVP del Bernabéu fue Valverde, y Vinicius fue el MVP del Etihad, donde arrancó el partido con una asistencia de Vinicius que falló Valverde delante del portero. Fue la mejor asistencia de lo que llevamos visto de Champions, una asistencia de Sócrates (el doctor de Belém, no el filósofo de Alopece) más que de Kroos, pero el cotorreo de la TV estaba quemando incienso por Doku para tapar a Vinicius. Si los números no nos dan, tiraremos de versos. Como a los piperos los dieran a elegir, tomarían a Doku y tirarían a Vinicius, que no sabe celebrar. ¿Y qué saben ellos de cómo celebran Doku, si a la misma edad que Vinicius no ha tenido nada que celebrar? Doku («né» 2002) es incendiario, mezcla de Onésimo y Adama Traoré, sobre todo emparejado, como en el Etihad, con Thiago Pitarch, que es una especie de Gavi «agordilláo» (de Rafa Gordillo), que aguijonea con su energía a las vacas sagradas del centrocampismo madridista, aletargado por el «factor Mbappé». Vinicius («né» 2000) es el futbolista con mejores números de Champions en la última década, por delante de Lewandowski, Benzemá, Mbappé, De Bruyne, Haaland, Salah, Bernardo Silva, Cristiano, Sadio Mané, Dembélé, Firmino y Messi. Quien venga detrás, que arree.
–Me hubiera gustado vivirlo una vez contra una vez –dejó caer, varias veces, Guardiola, que, después de todo, viene de una tierra, en palabras de Pla, de desconfiados ancestrales, «de retorcidos», de personas convencidas de que aquí se puede hacer todo a base de adoptar el aire del campanero cuando pasa a cobrar las sillas de la iglesia.
Lo de jugar con once podría decirlo Motta en el Inter de 2010, Van Persie en el Arsenal de 2011, Pepe en el Real Madrid de 2011 o Terry en el Chelsea de 2012, pero nunca Bernardo Silva, que sacó un gol de zamorana, en el City de 2026 (Bernardo Silva ya regaló un penalti a Lunin en otra eliminatoria histórica). Mas ahí queda la insinuación del campanero de Sampedor, a quien la hinchada madridista en el Etihad cantó el «Guardiola, quédate». Lo pagó con Thiago Pitarch, haciéndole la cobra cuando el canterano intentó saludarlo, y con Rudiger, a quien una vez en la lejanía, entre lapito y lapito, tiró un beso: «Y el labio, al encresparse para el beso, / se partirá en cien pétalos sagrados» («Ascuas», de Vallejo). Y todos sabemos que de cerca, en vez de un beso, Guardiola le habría dado su bicicleta a Rudiger. Y ahora que todas las supersticiones se dan para la Dieciséis (hoy estalla la primavera), redúzcase el derbi madrileño a un trámite para canteranos.
