03/02/2026 22:34hs.
Haberse formado y haber absorbido cada enseñanza de esta escuela hace que no le pese custodio, como solía definir el gran Amadeo Carrizo, el “arco más grande del mundo”. No le intimida el desafío: lo dejó claro cuando le tocó reemplazar a Armani por lesión y lo volvió a confirmar ante Independiente Rivadavia. En las Malvinas Argentinas, Santiago Beltran reafirmó sus condiciones con dos intervenciones decisivas frente a la Lepra mendocina.
En la acción del golazo de Ríos, Beltrán quedó a mitad de camino. Su reacción no fue inmediata, aunque el contexto lo condicionó: tenía la visión claramente obstruida por una maraña de jugadores y, para colmo, la pelota le picó a escasos metros de su cuerpo, cambiándole la altura y el tiempo de respuesta. Fue una jugada compleja, de esas en las que el arquero depende tanto de sus reflejos como de que el panorama se abra apenas un segundo antes del remate.
Muy distinta fue su respuesta en el mano a mano frente a Elordi. Allí sí mostró personalidad y técnica: achicó rápido, se mantuvo firme hasta el último instante y ganó el duelo con una tapada limpia, bien plantado sobre sus piernas, imponiendo presencia. Fue una intervención que sostuvo al equipo en un momento delicado y que transmitió seguridad.
Muestra una muy buena lectura de juego durante todo el partido, anticipando movimientos, interpretando rápido las segundas jugadas y achicando espacios antes de que el peligro se termine de gestar. Atento para cortar centros, decidido para salir cuando la acción lo exigía y criterioso para elegir cuándo quedarse bajo los tres palosuna combinación que transmite seguridad y ordena a toda la defensa.
La confirmación de su buen momento llegó con el frentazo de Florentín. El cabezazo parecía tener destino de rojo, pero Beltrán reaccionó con un manotazo salvador, estirándose con reflejos felinos para desviar la pelota. Fue una atajada de alto vuelo, al estilo del mejor Armani, de esas que levantan al estadio y refuerzan la sensación de que el arco está bien custodiado.
