Andreas Christensen es un tipo especial. Da la impresión de que ni siente ni padece, con los demonios bien encerrados en su corpachón. En una noche desagradable en Guadalajara, tuvo que ser el central danés quien evitó un sofoco para el Barça. Primero, evitó que el decimoséptimo clasificado del grupo 1 de la Primera RFEF marcara. Después, siendo él mismo quien cazara con la cabeza un centro de De Jong, que rebotó con cierta fortuna en Julio Martínez. Dos minutos antes, Flick, apurado, tuvo que echar mano de Pedri. Porque no había manera.
No fue el único tema a resolver por Flick. Tuve el técnico una buena oportunidad para dejar claro a Ter Stegen que su tiempo en el Barça no corresponde con el simbolismo de su capitanía.. Pero, en vez de dar carpetazo al asunto, le permitió pasar por delante de Szczesny y le concedió la portería el día en que Joan García descansaba. Ter Stegen, que es cabezota, hacía siete meses que no jugaba un partido con el Barça. Pero siempre tuvo en la cabeza recuperar su sitio, por mucho que Flick le haya grabado que él ya no es dueño de nada. Jugar en Guadalajara, claro, no cambiará las cosas. «Es sólo el número dos para este partido», dijo Flick. Pero sí puede ser un argumento válido para que el meta alemán, con dos años y medio todavía de contrato, rechace explorar el mercado y priorice su vida en Barcelona. Además, se dio el gusto de sacar un gol a Salifo.
Ter Stegen, pues, se vio con su traje amarillo en ese estadio Pedro Escartín que tuvo que abrir las puertas más tarde de lo debido porque antes había que dar el visto bueno a la seguridad de la grada supletoria. Son las cosas de la Copa, que obliga a clubes humildes a preparar el momento de su vida en apenas una semana, sin medios ni experiencia. Las entradas no estaban numeradas, y había que ir con cuidado porquee 8.500 espectadores en busca de un sitio aventuraba situaciones comprometidas. Por suerte, sólo hubo que lamentar un retraso de media hora, confiar en los andamios y pelillos a la mar.
El papel de De Jong
Destacable fue el empeño que puso Flick en que sus futbolistas se tomaran en serio el partido. Él mismo lo hizo porque, aunque dejara a la práctica totalidad de titulares en el banco –incluidos sus dos faros, Pedri y Raphinha–, hizo jugar a Lamine Yamal en el interior en la primera parte. Una faena ante la montonera castellana en los últimos 20 metros en un día en que Casadó ejerció de lateral derecho –nadie subió por su banda–, en que Bernal sólo jugó el primer acto –Flick temió que podía mostrarle una segunda amarilla–, y en que Frenkie de Jong, de vuelta a la titularidad, evidenció que prefiere mirar a los lados que al portero. Como si en el área habitara un monstruo de Lovecraft con ganas de tragárselo.
Al menos, De Jong aprovechó el pie para centrar bien. Su envío al segundo palo lo pudo aprovechar Christensen en una segunda parte en que Rashford, por dos veces, no supo cómo superar el pie izquierdo de Dani Vicente, un portero mucho más confiable con la bota que con la manopla. Pero el inglés, escarmentado, zanjó la faena quebrando al guardameta y marcando a puerta vacía. Tocaba despertar al Guadalajara de un sueño que duró mucho más de lo que esperaba.
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