Fue el silbido. Fue el crédito agotado. La noche en la Bombonera tuvo un sonido inequívoco en el partido ante Racing: reprobación. Edinson Cavani dejó la cancha a los 34 minutos del segundo tiempo y la respuesta bajó desde las tribunas como una sentencia. Primero cuando la voz del anuncio estadio el cambio. Después, con más fuerza, cuando cruzó la línea lateral. La Bombonera habló en un duelo pesado, de esos que no admiten grises.
Para encontrar su último partido como titular hay que retroceder hasta la fecha 8 del Clausura 2025, ante Central en Arroyito, cuando Miguel Ángel Russo todavía era el técnico. Pasaron seis meses desde aquella noche. Seis meses largos, con lesiones, regresos intermitentes y rendimientos que nunca terminaron de despegar. Demasiado tiempo para un nombre de su calibre.
Su actuación frente a Racing volvió a ser floja. Irresoluto. Cuando debía patear, eligió el pase. Cuando el equipo necesitaba movilidad, quedaba estático. Sin peso en el área, sin esa voracidad que lo convirtió en uno de los grandes goleadores de su generación. Es una versión outlet de aquel delantero que Juan Román Riquelme agradece públicamente que haya elegido jugar en Boca. La distancia entre el mito y el presente se hizo audible en cada silbido.
Compartió el ataque con Miguel Merentiel, pero nunca se encontró. No hubo química, ni diagonales coordinadas, ni sociedades que lastimaron a una defensa que no sufrió demasiado. Una jugada resumió su noche: contragolpe cuatro contra cuatro defensores abiertos de la Academia, campo. El Matador frenó, tocó hacia atrás y el avance se desdibujó. Ahí cayó la primera silbatina fuerte, la que anticipó el desenlace.
El contexto tampoco ayuda. Venía de quedar en el foco por aquella particular entrada en calor con una heladerita ante Platense, un gesto que muchos interpretaron que no estaba en condiciones de jugar. Porque no realizó la entrada en calor y se quedó sentado mientras sus compañeros calentaban. Y en Boca, los gestos pesan. Mucho y la gente se lo recriminó.
La paciencia del hincha se agotó. El crédito también. Nadie discute su trayectoria, pero la gente de Boca con el mal rendimiento del equipo exige presente. La Bombonera no juzga el pasado: evalúa el ahora. Y hoy, Cavani está lejos de aquel goleador implacable que rompía redes en Europa. La pregunta ya no es lo que fue, sino lo que puede volver a ser.
