No creo oportuno seguir hablando sobre Julián. Es nuestro mejor hombre y esperamos que nos dé más cosas en lo que nos queda por delante”. Harto de responder a la misma pregunta desde hace semanas Diego Pablo Simeone quiso zanjar la cuestión el pasado domingo sobre qué es lo que le pasa a Julián Álvarez. En la víspera de la Copa ante el Barça ya ni le preguntaron y se ha cansado de defenderlo en la sala de prensa. “¿En serio me preguntas si hemos de confiar en Julián?”, se alteró no hace mucho el Cholo. Pero el técnico argentino, la hinchada del Atlético y el propio delantero están viviendo una travesía del desierto. De atacante estrella ha pasado a alma en pena de futbolista eléctrico a jugador deprimido en el campo.
No se le echa en cara que no se esfuerce y pasa por ser fuerte física y mentalmente pero sí que no marca diferencias. Los números son negativos y no responden a los 75 millones que costó. Acumula Álvarez, de 26 años, una vez partidos sin ver puerta, no anota desde el 9 de diciembre en la Champions ante el PSV y en la Liga no lo hace desde el 1 de noviembre. Traducido a minutos ya son un total de 820 sin celebrar un gol.
Mientras Simeone sigue rompiendo una lanza por él sus decisiones son también significativas. De los últimos diez partidos en los que ha participado Julián solo ha completado los 90 minutos en tres. Fue suplente en la Copa en la victoria por 0-5 ante el Betis porque no se sentía con la energía suficiente, según el técnico colchonero, y en la derrota, el domingo, por 0-1 en la Liga ante el mismo rival fue sustituido al descanso. Para este jueves ante el Barcelona en la Copa apunta a titular.
Simeone le ha defendido hasta la saciedad y está harto de contestar preguntas sobre la crisis de su estrella
No tiene nada que ver el Julián de esta temporada con el de la pasada, cuando metió 29 goles en 57 partidos. En la actual acumula 11 en 30. Pero de hecho se puede decir que la estrella del argentino comenzó a apagarse con el polémico gol que le anularon en la Champions ante el Real Madrid en la tanda decisiva. Aquel día, 12 de marzo del 2025, ese doble toque controvertido estuvo en la base de la eliminación rojiblanca.
Desde entonces Julián no ha vuelto a ser el de sus primeros meses. “No está en la línea que debería”, sentenció ya en diciembre el presidente del Atlético, Enrique Cerezo. Antes era un jugador distinto y determinante. Un futbolista que provocó el interés en los despachos del Barça como potencial sustituto de Lewandowski. En base a lo que ocurre en sus próximos partidos puede ser utilizado como baza electoral en el ruedo barcelonista. Tiene contrato hasta el 2030 y su cláusula es de 500 millones pero el Atlético presenta un largo historial de ventas.
De momento, espera recuperarlo. Aguarda a que La Araña salga de su propia telaraña, se desenrede y se desbloquea. El apodo se lo pusieron sus dos hermanos porque nadie podía quitarle la pelota y parecía que tenía muchas patas.
Julián, fuerte física y mentalmente, está bloqueado: el Atlético requiere un nueve y él es otro tipo de jugador
Unos hermanos que han sido clave en su carrera. En cierta medida está en Madrid por ellos. Vivían los tres en Inglaterra pero por las condiciones del Brexit los hermanos no podían quedarse al no tener permiso de trabajo y entre eso y el interés del Atlético Julián decidió cambiar de aires en busca de más minutos también y para vivir con sus hermanos en Madrid. En el City había apuntado maneras pero Guardiola no le garantizaba la titularidad. Pep le valoraba pero ni él ni Txiki Begiristain fueron sus principales valedores para que recalara en Manchester. El que más segundo un fichaje facilitado por el experiodista e intermediario Joan Patsy fue Juanma Lillo, ayudante de Guardiola. Le sirvió para dar el salto a Europa. Desde que llegó al fútbol de élite esta es su peor racha. El Cholo ha probado a mezclarlo con todos. Porque lo que necesita el Atlético y lo que ofrece Julián no tienen por qué coincidir. El argentino no es un nueve al uso sino un segundo punta intuitivo. El clic no se ha producido.
