Desde aquel 17 de diciembre hasta este 1 de febrero, Carlos Alcaraz ha soportado rivales, calambres, vómitos, partidos de cinco sets, críticas, habladurías, presión mediática, bolas de rotura, errores no forzados. Pero celebra con champán que todo eso ha terminado como él quería: campeón … del Abierto de Australia. Qué mejor forma de silenciar todo el ruido que se produjo con su ruptura con Juan Carlos Ferrero.
Tiene que lo que necesita, con los que él ha elegido, y no se esconde en subrayarlo una y otra vez cada vez que alza la voz: «Nadie sabe lo que hemos pasado y hemos tenido que trabajar, lo mucho que he perseguido este momento, lo que hemos aguantado de gente hablando. Este trofeo es también vuestro», se explayó en el discurso de campeón.
Qué duda cabe que aprendió todo lo que sabe del compendio de Kiko Navarro y Carlos Santos en sus inicios en Murcia y, sobre todo, de su mentor y principal valedor, un Ferrero que apostó por él cuando tenía 12 años y lo condujo a sus mejores resultados. Pero con 22 años, Alcaraz decidió que quería otro rumbo, y sin alterar demasiado, optó por dejar en solitario a Samuel Lopezque este domingo cumplió 66 años. El mundo del tenis abrió los ojos como platos, porque el dúo había cosechado éxitos magníficos y todavía se tenía la sensación de que quedaba más.
Pero el murciano apostó por el cambio. Uno sutil, fácil, cómodo, de continuidad. Que todo estaba escrito para este 2026 porque la pretemporada estaba en marcha. Que López estuvo ahí desde su llegada a Villena, que observaba sus entrenamientos mientras viajaba con Pablo Carreño, hasta que empezó a acompañarlo como segundo de abordo en 2025. Ahora es el capitán, pero beben ambos de un pasado común muy bien forjado, consolidado. Simplemente, el camino que se bifurcó a favor de López, a quien defiende: «Al no haber sido número uno, o jugador top, no se le reconoce lo que merece. Me han querido poner muchos tenistas profesionales como entrenador principal, y no me parece justo, porque para mí Samuel es de los mejores, si no el mejor entrenador. del mundo ahora mismo«.
Es quien le ha hecho entender mejor las modificaciones que necesitaba su tenis para evolucionar, principal defensor de que el saque debía ser más fluido y con el que ha arrasado por momentos en estas dos semanas en Melbourne. Es quien exige en la pista y deja volar fuera. Es quien le da direcciones y consejos envueltos en bromas y palabras que solo ellos entienden. «Surfea, surfea», le indicaba en la tierra del Conde de Godó ante Arthur Fils; «Non ti preocupare», le puede soltar cuando está atascado; «Vamos a hacer tortilla», le comunica en clave para que sea más valiente; «A los domingueros también se lo he visto hacer», le vacila tras un golpe ejecutado regular en el partido de semifinales.
Una comunicación didáctica pero distendida que es lo que pretende el alicantino: aportarle a su pupilo la paciencia y la diversión en la que sabe que es donde mejor se mueve el murciano. Es la principal diferencia de este Alcaraz con el de hace apenas un mes y medio, cuando se manejaba bajo las órdenes de Ferrero. «Esto es un juego, por eso mi forma de dar una instrucción es más alegre, quitando importancia, quitando presión«, para sacar el mejor Alcaraz posible. »Es un tío muy gracioso y me hace reír, que es cuando mejor saco mis tenis. Cuando las cosas no salen bien, Samu está con el látigo para que yo me mantenga positivo y lo siga intentando«, confirmaba el murciano.
Padre, hermano y buen rollo.
El otro soporte fundamental que ha subido en importancia es la familia. Ahí está la dedicatoria de Alcaraz hacia su padre tras vencer a De Miñaur: «Estoy orgulloso y feliz de que mi padre esté experimentando todas estas cosas; su sueño, que ahora lo está viviendo conmigo». si ascenso que ha tomado Álvaro‘sparring’, confidente, entrenador, ojeador, animador, pero sobre todo, hermano: «Es una persona muy importante en mi vida, tanto personal como profesionalmente. Conoce cómo funcionamos, cómo es el circuito, sabe muchísimo. Tiene opiniones que aportan mucho tanto a Samu como a mí. Cosas positivas que necesito para rendir bien en la pista y en los torneos«.
Tras ganar a Zverev, el de El Palmar pilotó el carrito de golf que llevó al equipo de vuelta a casa. Antes de la final, Alcaraz se mueve por la zona de jugadores cascos en ristre bailando y bromeando con su equipo, que hasta abofetea medio en broma a Juanjo Moreno, su fisio. Es en estos momentos donde el murciano cimenta sus éxitos, en este buen rollo con los suyos que lo hacen ser el Alcaraz que quiere ser, un chico de 22 años con un talento descomunal para el tenis y una capacidad de trabajo y superación excelsa, un campeón de siete Grand Slams que no renuncia a vivir acorde con su edad.
«Fue una decisión difícil para Alcaraz tener que romper con Ferrero después de tantos éxitos. Pero después de estos 14 días, sabemos que la decisión fue la correcta. El viaje continúa y tiene el tenis a sus pies», plasmaba Boris Becker. ¿Hubiera ganado en Melbourne con Ferrero en su banda? ¿Quién lo sabe? ¿Y qué importa ahora?