“Xose es ‘uno di noi'”. “¿Álvaro? Son mis niños”. Merengue puro el que destilaron Mourinho y Arbeloa en las ruedas de prensa previas al Benfica-Real Madrid. Florentino Pérez se relamía con gusto. Su cabeza ya trabaja en el futuro más inmediato, con el interino como posible adjunto del portugués. Pero la digestión se cortó de golpe. Ni fútbol, ni soluciones técnicas, ni resultado que te coloque entre los más grandes. La poesía la escribió el portero del Benfica y la reprodujo el entrenador luso celebrando la épica ante el banquillo blanco. Todo eran risas hasta que la Champions les ha colocado en el lugar que merecen. Míster y niños de teta y alguna estrella a la que ya no le da ni el físico ni las ganas pusieron en su sitio a este Real Madrid hinchado que ya no engaña a nadie.
Criaturas son las que ya trabajó xavi y, desde hace dos temporadas, un Película al que me gustaría ver por el agujero de la cerradura en los descansos de los partidos. Una noche más tuvo que remontar el Barça pero esta vez el que se echó el equipo a la espalda fue Lamine Yamal. Ojo con los números que ya presenta este chaval de 18 años, al que las críticas y las sospechas que despierta a 600 kilómetros se la traen al pairo. Bien que hace. Contento con su MVP, lo que más agradeció fue librarse de dos partidos en esta campaña que incluye Mundial. Sabe que su pubalgia y su cabeza lo necesitan.
Junto a él, Hansi alineó de salida a nueve jugadores catalanes por primera vez en un partido de Champions. Podemos debatir, opinar y explicar todo y más pero la realidad es que La Masia del FC Barcelona es la joya de la corona culer. Dani Olmo, además de su enorme y contrastada calidad, ya sacó a pasear el miércoles su orgullo de pertenencia y lo que éste empuja en situaciones comprometidas. En el césped y en la caja, los niños suman y ahorran.
Y cuando escribo este artículo y les veo en el campo, inevitablemente pienso en Tito Vilanova y ese ‘once’ que alineó en 2012 con pleno de jugadores formados en la cantera. El mismo que recibió una agresión de Mourinho cuando le metió el dedo en el ojo. Pasan los años y la vida y el estilo, para unos y para otros, siguen igual.
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