A mis once años recibí el primer flechazo de los Mundiales. Con Inglaterra ’66 experimentó el deslumbramiento inicial. Volvía corriendo de la escuela y me preparaba para ver, con profunda expectativa, los partidos anunciados para esa tarde ¡pero que se habían jugado dos días antes…!
Se transmitían en diferido, era lo que había y se disfrutaba igual. En ese torneo preciosamente británico descubre mis tres primeros fenómenos de este juego: Bobby Charltonun zurdo elegante, moderno, veloz, de largo recorrido, con un deslizamiento por el campo como si corriera en patines, que desequilibraba y llegaba al gol merced a un excelente disparo de afuera… de derecha; Beckenbauercrack de todos los tiempos, que con sólo 20 años pasaba por al lado de los rivales casi ignorándolos, como si fueran hologramas. eusebiouna auténtica pantera africana, incontenible, con remates furibundos, mortíferos.
Beckenbauer levantó la Copa del Mundo con la República Federal de Alemania en 1974. Foto:Imágenes falsas
Ver los partidos 48 horas después de disputados y en blanco y negro no nos molestaba en absoluto, los veíamos con gran interés aun sabiendo el resultado. Así se vivía y éramos felices. Era lo más avanzado tecnológicamente. En Mexico ’70 Llegó la primera revolución: el satélite. Fue un vuelo en las comunicaciones, un antes y un después. Se televisaron todos los partidos en directo. Recuerdo haber visto todos los de Brasil, los de Perú, varios de Uruguay, algunos de Alemania e Italia. De ese torneo me quedó grabada la habilidad serena de tostaolos bombazos de Rivelinoel fútbol artístico de Perú. Y, por supuesto, el equipo de los sueños que fue Brasil con todos sus monstruos.
Los Mundiales de Fútbol siempre fueron una avant premiere de los adelantos técnicos, en todos los rubros: estadios, balones, botines, indumentaria, pero, sobre todo, en las comunicaciones. Y los periodistas, los encargados de inaugurar esas innovaciones.
Ubaldo Fillol, argentino, campeón del mundo. Figura en su país. Tenia 1,80. Foto:AFP
El 10 de junio de 1928 el mundo futbolístico -ya numeroso- palpitó la finalísima de las Olimpíadas de Amsterdam entre Uruguay y Argentina. Eran los dos colosos de la época. Una multitud los aclamó en vivo en Holanda. No había televisión ni celulares ni transmisiones radiales interoceánicas. es buenos airesvarias millas se aglomeraron frente al palacio edificio del diario La Prensa, expectantes frente a la vidriera esperando novedades del gran choque rioplatense por el oro olímpico. Un empleado colocó una pizarra con la primera noticia, escrita con tiza: “GOL URUGUAYO, 1 – 0”. Silencio, desazón. Pero, apenas iniciado el segundo tiempo, el dependiente del periódico retiró el cartel, escribió algo en él y volvió a ponerlo frente al vidrio. Decía “GOL ARGENTINO, 1 – 1”. La gente estalló en júbilo, se abrazaba…
La información había llegado al periódico mediante un escueto cablegrama. Así eran el mundo y las comunicaciones. Al comenzar los Mundiales, la pasión por el juego se fue universalizando y la creciente popularidad del fútbol obligó a los medios, aun con herramientas primarias, a agudizar el ingenio y esforzarse por dar cobertura y mayores espacios.
En Italia 1934 apareció la radio. Ya muchas estaciones transmitieron los partidos, incluso para Sudamérica. Argentina y Uruguay enviaron periodistas para cubrir las alternativas, aun cuando la Celeste no tomó parte del torneo y Argentina acudió con un equipo amateur.
Una foto muestra a un puñado de suizos, en el centro de Berna, parados frente a un comercio donde un televisor muestra imágenes del mundial 1954. Fue el primero televisado, pero sólo localmente, no para el extranjero, no había cómo. En ese torneo de Suiza apareció como utilero de Alemania un señor que confeccionaba él mismo los botines para los jugadores de su país: Adi Dassler. Luego fundaría un imperio del calzado y la indumentaria deportiva: Adidas.
Hasta 1938, las delegaciones viajaban en barco al campeonato. Para la Copa de Brasil 1950 ya las selecciones utilizaron el avión, excepto Italia, que, traumatizada por el accidente aéreo donde murió todo el equipo del Turín (1949) se trasladó a Brasil por vía marítima.
¿Cómo enviaban el material periodístico?le preguntamos a El Veco, coloso del periodismo en Uruguay, Argentina y Perú, quien arrancó su andadura mundialista en Chile 1962. “Fue un Mundial muy casero, no había centro de prensa, cada uno trabajaba en su habitación de hotel. No teníamos télex todavía, escribíamos en esas viejas Remington negras, juntábamos las notas y las enviábamos por avión en un sobre. Era lo más rápido”. La TV seguía estando en diferido para el exterior. “Recuerdo que un tal Frederici, de Argentina, filmaba los partidos. Por la noche ponía la cinta en una lata y se subía a un avioncito Cessna, cruzaba la cordillera y la llevaba hasta Mendoza. De allí la mandaba a Buenos Aires en un vuelo de Aerolíneas y al día siguiente se emitía por Canal 7. Una proeza”.
Diego Maradona en México 86. Foto:Archivo EL TIEMPO
En Mexico ’86 Aún pasábamos las notas por télex, ese ruidoso armatoste que nos desvelaba. Rogábamos que estuviera libre, que la operadora nos picara la cinta sin irse a almorzar oa hacer otro trámite. Que lo pasara a nuestra redacción y llegara bien… La tensión por transmitir el material era realmente angustiante.
En Italia ’90 un adelanto que simplificó nuestras vidas: el fax. ¡Qué maravilla! Ya lo habíamos visto por primera vez en México, pero sólo alguna colega japonesa tenía tal aparato en su redacción y podía transmitir por esa vía. es Estados Unidos ’94 se despidió el fax y aparecieron las computadoras, aligeradas y perfeccionadas en Francia ’98, en tanto en Corea y Japón 2002 ingresamos en la era de la comunicación inalámbrica, hoy impuesta definitivamente.
Brasil en Corea 2002. Foto:AFP
En 1930 casi no había enviados especiales. Se publicaban los escuetos informes que mandaban las agencias de noticias, sobre todo Associated Press y UPI. Cincuenta y dos años más tarde las cosas habían cambiado radicalmente y el fútbol reinaba sobre el planeta. Héctor Vega Onesime, director de la revista El Gráfico en los años 70 y principios de los 80, en su libro Memorias de un periodista, describe el operativo para el Mundial ’82, en el cual Argentina defendía el título. “Se dispuso una cobertura con 11 periodistas, 8 fotógrafos, se montaron dos laboratorios para revelar del material, con laboratoristas incluidos, alquilamos 10 autos cero kilómetro, un avión Lear Jet y dos apartamentos en Barcelona, elegidos como cuartel central de la redacción. A ello se sumaron varias líneas telefónicas, dos circuitos de télex y dos máquinas para transmitir telefotos a color”.
Diego Lucero Fue el legendario cronista uruguayo que cubrió los primeros quince Mundiales. Pluma de oro, charlista exquisito, durante las deliciosas tertulias en su casa de La Plata le consultamos cómo mandaba sus artículos en el Mundial de 1934, el primero en Europa. “Por barco -respondió-. Yo escribía a mano o en alguna máquina que conseguía, quince o veinte notas, armaba un paquete, me iba hasta el puerto de Génova o al de Nápoles y las mandaba en algún vapor, que llegaba a Montevideo dos semanas después. En el diario las recibían y las iban publicando de a una, de a dos”.
Era el mundo que había. Las notas tenían tanta frescura como las de hoy pues no se conocía otra cosa y el público las devoraba igual. Brasil 2014 ya fue el Mundial de la instantaneidad total, por la irrupción de las redes sociales. Podemos ir circulando por una calle de Tailandia o estar pescando en un lago del África y enterarnos de un gol y verlo al instante por Twitter, Tik Tok o por el mismo WhatsApp. Es fascinante, ¿qué vendrá después…?
último tango
JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
@JorgeBarrazaOK
