Unai Emery es uno de los grandes. Lo demostró una vez más ante el tan elogiado Mikel Arteta. Con su Aston Villa, ese que había comenzado de forma desastrosa la temporada, jugó un partidazo y doblegó al inapelable líder de la Premier League, el Arsenal, para ponerse patas arriba la competición y darse licencia para soñar (2-1) gracias al tanto de ‘Emi’ Buendía en el 94′.
Si algo dejaba claro la previa del partido es que no iba a ser un partido sencillo para los de Mikel Arteta. Primero porque tenía una defensa de ‘circunstancias’ después de la lesión de Mosquera, que sumada a la de Saliba y Gabriel dejaba a sus tres mejores centrales fuera. Lo suplió el donostiarra con su excelente fondo de armario. Timber pasó a acompañar a Hincapié y los carriles para White y Calafiori, una línea que firmarían la gran mayoría de clubes de la Premier League.
Ante la falta de centímetros atrás de los ‘gunners’ y en vistas de la presión sobre la salida de balón, el Aston Villa no tuvo reparo en buscar con criterio balones para la descarga de Watkins ya partir de ahí generar peligro. Acertada decisión de Emery en un primer tiempo en el que los villanos tuvieron bajo control al Arsenal y fueron mejores, demostrando que eso de la tercera plaza no es fruto de la casualidad. Algo impensable en verano por las restricciones para fichar.
Sorprendió la incapacidad de sacar jugadas en ataque del Arsenal. Eze, de extremo izquierdo tras el regreso de Odegaard, y Mikel Merino quedaron extrañamente incómodos y no fueron capaces de estar al nivel exigido. El noruego y Saka llevaron el peligro en dos escasas llegadas, mientras que el protagonista fue David Raya con un paradón espectacular a Watkins, que también fue en líneas generales insuficientes.
Hubo dos goles en esos primeros 45 minutos. El primero no subió al marcador. Eze remató a placer un pase de la muerte de Saka, que había recibido en fuera de juego el pase del fino Odegaard. No mucho después, el que golpeó la Villa, y esta vez con validez. Se despistó el extremo inglés en defensa y no vio como Cash le cogió la espalda para rematar entre las piernas de Raya un centro de Maatsen desde el costado opuesto (36′).
No es Arteta de esos entrenadores que se quedan de brazos cruzados cuando la cosa no funciona y no fue la excepción frente a Emery. Movió ficha al descanso e introdujo acertadamente a Gyökeres y Trossard por Eze y Merino y el equipo cambió por completo en los primeros minutos. El belga, experto en salir del banquillo y tener impacto, avisó en la primera disparando cruzado para, minutos después, recoger un balón desviado y empatar (52′). Sufría el Villa en esos minutos, pero tuvo la paciencia para recomponerse y equilibrar fuerzas. También gracias al Dibu, con una parada milagrosa a Odegaard, y Kamara, providencial sacando un tiro de Saka que se colaba.
Carrusel de cambios en ambos equipos y la sensación de que podía caer el partido de cualquier lado. Malen, que aportó explosividad en lugar de Watkins, puso en advertencia a Raya. Emery apostó por el desequilibrio incluso con Sancho, que poco impacto tuvo más allá de un centro que desvió Timber y casi acaba en propia puerta. Pero la fe mueve montañas y la resiliencia del Villa es de envidiar. Entró tanto en el partido que acabó volcado en el descanso en el área del Arsenal, hasta que pescó en la última jugada de partido. Rebotes y pelea por un balón sin dueño que, incapaz de despejar la defensa ‘gunner’, acabó en botas de Emi Buendía, que disparó al fondo de la red para hacer enloquecer al Villa Park.
