Si el fútbol tiene una capacidad innata de atracción es gracias a tipos como Hansi Flick oh Eder Sarabiachalados e irreverentes a su manera, y que, como Cruyffbasan su buenaventura en marcar más goles que el rival. Sarabia, que tira de valentía al frente de un recién ascendido Elche, se parece cada vez más a ese Alex Honold que trepa paredes y edificios sin cuerda a la que agarrarse. Si los dedos se escurren de la cornisa y te caes, pues ya estaríamos. Flick, en cambio, tiene que preocuparse por que su Barça aproveche de una vez por todos cuantos géneros. En el Martínez Valero bien pudo haber marcado una decena de tantos. En Anoeta ya le costó un asco.
El partido, en cualquier caso, amontonó tantos impactos que se adaptó de maravilla a lo que exigen los nuevos tiempos. Si pasan cosas cada pestañeo, todo está bien. Aunque quizás a eso tenga algo que decir Hansi Flick, que vio cómo su Barça, después de rematar 16 veces en el primer tiempo (seis de Ferran Torres) y 30 en el total del encuentro, se fue al descanso habiendo marcado sólo dos goles. Si. Con el Elche, caótico en su «defensa de varias alturas» –como la definió Sarabia–, aún en el partido gracias al tanto del larguirucho Álvaro Rodríguezun buen delantero de Palamós que ya le hizo la puñeta al Madrid.
En algo sí mejoró el Barça respecto a sus últimos triunfos continentales frente al Slavia o el Copenhague. Esta vez, los azulgrana salieron atentos y no encajaron al amanecer. Todo lo contrario. Olmo, que se está quedando con el puesto del lesionado Pedri en el interior, lanzó de fábula a Lamine para que éste volviera a dejar en evidencia a quienes discutían su incidencia en el remate. La línea defensiva del Elche fue un garabato y Lamine no tuvo más que burlar al portero Iñaki Peña, que se habían quedado sin saber qué hacer entre dos tierras que ni Bunbury hubiera imaginado.
Tres tiros a la madera
A partir de aquí, y pese a las facilidades que iba permitiendo el Elche, el Barça convirtió el Martínez Valero en una caseta de feria repleta de escopetas con estrabismo. En 32 minutos, el equipo de Flick ya había incluido tres tiros a la madera. Uno de Dani Olmo, y otros dos de Ferran Torres en la misma jugada. El delantero valenciano, que se está acostumbrando a dejar en el banco a Lewandowski, tuvo uno de aquellos días. Claro. Va siempre a la presión y encuentra los espacios, pero no son pocas las veces en que se nubla cuando lo tiene todo un favor. Algo parecido le ocurre a Marcus Rashford, que sustituyó al renqueante Raphinha en el entreactoy que después de errar de mala manera se desquitó sentenciando el encuentro a puerta vacía.
Aquella doble ocasión de Ferran, además, llegó justo después de que el Elche atrapara el momentáneo empate. Álvaro encontró la espalda de Erical que esta vez le tocó ejercer de central junto a Cubarsí. Y el delantero del Elche, al que le sobra calidad, estuvo ducho cruzando la pelota a Joan García. Mientras tanto, Fermín se apuntaba al carrusel de remates a la nada.
El Barça agradecía, eso sí, que De Jong impusiera cordura. Estuvo excelente el neerlandés en el 1-2, cuando aprovechó su escaso apego al golpeo en el área para que Ferran se desquitara por fin.
El Elche, durante un buen rato de la segunda parte, pataleó en el ataúd. De hecho vio cómo le anulaban un gol por fuera de juego y cómo a Adam se le torcía la bota cuando lo más sencillo era embocar. Hasta que Lamine Yamal, que nunca deja de ser protagonista, rescató una pelota del abismo En un episodio que, ya con Affengruber en el suelo, Rashford aprovechó sin mirar demasiado y propinando un zurriagazo al balón. A veces, con eso debería servir en un Barça que no se cansa de chutar.
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