“Fue un partido de locos, sin duda”, resumió Hansi Flick tras el 7-2 al Newcastle. Bendita la locura de su Barcelona, que empataba 2-2 en el minuto 44 del primer tiempo y, veinte minutos después, ya ganaba 6-2 y tenía el billete de cuartos en el bolsillo. Un frenesí que no es nuevo, al contrario. Una furia y una pegada que se han vuelto habituales. Esa exaltación es una señal de identidad del equipo desde que el técnico alemán se sienta en el banquillo.
Hasta el punto de que el Barça de Flick se ha convertido en costumbre lo excepcional. En un fútbol cada vez más igualado y uniforme se presenta en la élite como un equipo divertido y ofensivo, que no deja indiferente ya que mira más a la portería del rival que a la suya y no rehúye el intercambio de golpes pues está convencido de que él será quien acabe marcando más goles.
Los blaugrana están a siete goles de los 300 en las dos temporadas que lleva el técnico alemán en el banquillo
Si hay algo que ha sido una constante desde que el entrenador se hizo cargo del conjunto blaugrana han sido los marcadores abultados y las goleadas de impacto. En estas dos temporadas, ya son 33 partidos en los que el Barça ha podido celebrar cuatro o más goles.
El del Newcastle pasa a estar en el podio de la era Flick junto al 7-0 al Valladolid y el 7-1 al Valencia, ambos en Montjuïc, del curso pasado. Les siguen los sets al Valencia (6-0), esta vez en el Johan Cruyff, y al Olympiacos (6-1). En 11 encuentros ha conseguido la manita, resultado fetiche en Can Barça.
Los blaugrana juegan siempre a tumba abierta, sin tirar de calculadora ni especular lo más mínimo. Tienen, se diría, un punto de romanticismo casi amateur en su fútbol, esa pasión por querer más siempre sin importarle el resultado, porque disfruta en el campo y hace disfrutar en la grada.
Si Guardiola fue un cruyffista en el Bayern, el club de Beckenbauer, el gran rival de Johan, Flick es un cruyffista que viene precisamente del país de Beckenbauer, Alemania. “Johan se lo pasaría en grande con este Barça”, dijo Joan Laporta cuando aún era candidato en la entrevista con este diario.
Cuando contrató a Flick, Laporta le entregó una carta al técnico. “Me decía muchas cosas sobre el Barça. Recuerdo que destacaba el papel de Johan Cruyff porque es el hombre que creó el nuevo Barça, la filosofía de la que estamos orgullosos, que no se trata solo de ganar sino también importa el estilo de jugar”, relató el propio Flick alemán un día antes de recibir al Newcastle.
El germano ya lo llevaba interiorizado como discípulo de Ragnick y admirador de la filosofía del Barça, pero esas palabras aún le dieron más fuerzas para implantar su fútbol lleno de riesgo pero también de valentía, de querer presionar y ser dominante.
Los resultados están dando la razón a tanta osadía. Tras el triplete nacional y las semifinales de la temporada pasadas, el Barça es líder de la Liga, vuelve a estar en cuartos de la Champions (frente al Atlético que le dejó sin final de Copa) y ganó la Supercopa de España.
Uno de sus secretos es, seguramente, esa defensa innegociable de sus principios, que lleva hasta la última consecuencia. Gracias a eso, el Barça consigue expresarse sin cambiar un ápice en los escenarios más exigentes, como se vio en los clásicos de la temporada pasada (0-4 en el Bernabéu, 5-2 en Yida y 4-3 en Montjuïc), o en otras goleadas a domicilio este curso como el 2-4 en Balaídos, el 3-5 en el campo del Betis (La Cartuja) o el 2-4 en Praga.
Suele pasar que el rival, desbordado, no sabe cómo actuar. A Howe, el entrenador del Newcastle, con 6-2 en el marcador y faltando casi media hora se le ocurrió metro un tercer central para protegerse y evitar un escarnio mayor, algo que probó el Copenhague sin éxito desde el inicio (4-1). El Sevilla optó por desdoblar los dos laterales (5-2).
Es el Barça de Flick el equipo más intimidante de la Liga, con 77 dianas, y el segundo más realizador de la Champions, con dos menos que el Bayern. El torrente ofensivo es tal que está a siete goles de celebrar los 300 desde que llegó el estratega alemán, que puede presumir que en más de la mitad de sus 105 encuentros su equipo ha anotado como mínimo tres tantos y solo en cuatro duelos se ha quedado a cero.
